Con el remordimiento agudizan los sueños tormentosos.

419 Words
Logro llegar a mi cuarto sin levantar ni la más mínima sospecha, pero la sensación que experimento no es la misma, no me siento nada bien, tal como me llegue a sentir después de matar a ese par de cobardes de los Villanueva, incluso me siento igual de asqueroso como aquellas lacras, creo que es necesario determinar bien mis objetivos. En qué me debo centrar, y proyectarme a eso, otro error así no debe volver a suceder. Trato de conciliar el sueño y de verdad no puedo, creo que sí, que esos medicamentos me están haciendo falta, quizás deba usar un poco del dinero que me dio la niña Mary y comprarlos, tal como lo pensé hace rato, por lo menos para tener un poco de autocontrol, pero ya hoy no será. Luego de varios intentos por fin creo que podré conciliar el sueño, ya me siento que no puedo del agotamiento. Siento que tocan la puerta, me parece extraño que llegue alguien a esta hora, abro, y es el bastardo de mi padrastro comienza a burlarse de mí, me escupe en la cara, pero no soy capaz de defenderme, algo me gobierna, empieza a maltratarme como lo hacía de pequeño, comienza a tocar fuertemente y golpear fuertemente mis partes intimas, no puedo defenderme. Me despierto bastante alterado, las lagrimas caen de mi rostro, no quiero hacerme daño como las veces anteriores, grito entonces: —No carajo, puede ser que vuelva  a soñar con esa escoria, es un malnacido, maldito sea—. Después de algunos minutos logro tranquilizarme, no había comentado nada, pero mi padrastro, se encuentra muy enfermo en un hospital, ¡Por mí que se muera!, podría adelantar su hora, pero según me comento mi tía María Elena: —Está pidiendo que le hagan a eutanasia, la enfermedad que tiene le esta carcomiendo día a día sus huesos, se que la relación con él no fue la mejor pero quizás deberías ir a verlo, y hablar con él, llegar a perdonarlo—. En ese momento no contesto de forma grosera, ni mal educada, pues, mi tía no sabe con precisión todas las aberraciones que me hizo el bastardo y pedófilo de porquería ese, y lo peor es que mi mamá sabía lo que me hacía, y se hacia la desentendida. Solo por lo viciosa que era. ¡Qué putrefacta ha sido mi vida! No sé cuánto tiempo podre vivir bajo esta asquerosa realidad. Luego de la crisis en la que caigo, llego a quedarme dormido. 
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