Capítulo 5

687 Words
La luz del sol atravesaba las cortinas, despertándome lentamente. Mi cabeza daba vueltas, como si hubiera dormido mal, pero no era eso lo que me incomodaba. Algo más estaba mal. Fue entonces cuando noté el espacio vacío junto a mí. Dafne no estaba. El recuerdo de la noche anterior me golpeó como una ola. Estaba completamente destrozada. Su rostro cubierto de lágrimas, su voz temblorosa... Aunque intenté calmarla, el dolor que cargaba era mucho más profundo de lo que podía imaginar. Pensar que aquella noche, cuando su madre la echó de casa, pasamos horas hablando y ahora ella simplemente salía escabulléndose... Me hacía sentir que debí haber hecho más. Pero, en realidad, la mayor parte del tiempo solo la sostuve en silencio. Quería ser su refugio, aunque sabía que mis sentimientos por ella complicaban todo. Finalmente, se quedó dormida a mi lado. Verla descansar me dio algo de alivio, pero ahora, el hecho de que no estuviera me llenaba de inquietud. Me levanté rápidamente, buscando señales de ella. La cama estaba fría, el baño vacío. Caminé hasta la ventana y vi su figura a lo lejos, moviéndose por las calles con su habitual determinación. Un alivio temporal se apoderó de mí, pero pronto el peso de mis pensamientos regresó. No podía evitar preguntarme si lo que había pasado la noche anterior había cambiado algo entre nosotros. No hicimos nada que pudiera malinterpretarse, pero incluso el silencio compartido parecía más íntimo de lo que debería ser. ¿Lo notaría ella también? Me preparé para el día, aunque no lograba quitarme la sensación de incomodidad. Intenté actuar normal, pero el hecho de que Dafne me estuviera evitando durante los últimos días me estaba costando más de lo que quería admitir. Era como si cada rincón del departamento me recordara a ella, como si su ausencia gritara su nombre. El sábado llegó antes de lo que esperaba. Cuando la vi parada en la entrada del edificio, con su teléfono en mano y una expresión de frustración en el rostro, me acerqué. Sabía que no me dejaría hablar de lo que pasó, así que decidí no darle opción. —Vamos —dije, extendiendo mi mano. —Mm... —murmuró distraída, sin levantar la mirada. —No te lo estoy pidiendo, Dafne. Súbete al maldito auto —solté, con un tono más firme del que pretendía usar. El camino al notario fue incómodamente silencioso. No había necesidad de palabras; conocía cada uno de sus gestos. Su mirada perdida, su postura tensa... Todo en ella gritaba que estaba al borde de romperse, pero no quería admitirlo. La lectura del testamento estaba por comenzar, y aunque sabía que este sería otro golpe para Dafne, lo único que podía hacer era estar a su lado. Como siempre. Minutos después, la tensión alcanzó su punto máximo. Los hijos de Cecilia salieron apresurados de la oficina, sus rostros desencajados. Poco después, ella apareció detrás de ellos, dando un portazo que resonó en todo el lugar. El enojo en sus ojos era evidente, casi palpable, como si el aire mismo se cargara con su furia. Mi mirada se dirigió de inmediato a Dafne, preocupado por cómo esto la afectaría. Su postura rígida y el brillo en sus ojos eran señales de que estaba haciendo un esfuerzo titánico por mantener la compostura. Algo me decía que esto no era más que el principio de lo que estaba por venir. Minutos después, Dafne salió de la oficina con pasos rápidos, su rostro mostrando una mezcla de felicidad y tensión. Aunque su expresión parecía más ligera, como si el peso de la situación se hubiera aligerado de alguna forma, no podía evitar notar la tensión en sus ojos. Había algo en su actitud que me decía que no todo estaba bien, aunque no entendía del todo lo que pasaba por su mente. La puerta se cerró detrás de ella con un suave clic, contrastando con el portazo de Cecilia. Sin detenerse, pasó a mi lado como si no me hubiera visto, y aunque no sabía exactamente qué sentía en ese momento, su actitud me hizo pensar que algo más estaba ocurriendo.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD