El problema principal de que Linda fuera una perfeccionista tenaz y tan lista era que se encerraba en un cascarón tan duro de penetrar cuando decidía no ser involucrada en o siquiera saber de algo negativo, que en esas instancias era prácticamente imposible contar con ella; como si no existiera. Por ejemplo, si había noticias a la hora de cenar de que Medusa cobró otra víctima, fuera un asno, un pescador o un niño; todo mundo comentaba algo menos ella. Nada. Ni siquiera un ‘sí’ o una frase como “en lo que va del año ya van cuatro” o lo que fuera. Hasta Brody participaba, “Por eso no me gusta ir al río” o “esa es buena razón de no mandarme a bañar” o siquiera una broma de papá o Jaime o los sentimientos ocasionales, por-eso-me-preocupo, de mamá, pero nada de Linda. Hacía como si la plática

