Tomo mi ropa interior, me pongo el abrigo y tomo el saco, debo admitir que todo el licor parece haber sido drenado de mi cuerpo por tener sexo.
Salgo despacio haciendo el menor ruido, y solo en cuanto salgo noto que se mueve el piso bajo mis pies, pero esta vez además escucho ¿olas?, me pongo el saco encima y salgo a cubierta, cuando veo que estoy en medio del mar y que la orilla está más que lejos del lugar.
¡Oh por Dios!
Escucho que se abre una puerta y me escondo. Es él, ha salido de la ducha. ¿Ahora que voy a hacer?
Escondida detrás de lo que parece ser un bote salvavidas, veo salir al dueño del saco que he robado.
—Renata, creí que entrarías a la ducha conmigo —dice mientras sube mirando a todos lados, a su vez mira su móvil —no han parado de llamar desde que nos escapamos. —ríe.
Está claro que él, ha supuesto que soy su esposa. ¿Qué hice?
Acabo de arruinar un matrimonio como han arruinado mi relación, no puedo juzgar lo que hice.
Él camina por el sitio y no ve a nadie, ya que estoy bien escondida, pero estoy en este maldito lugar y en medio del mar, ¿cómo se supone que salgo de aquí? Mira su móvil y toda su expresión cambia, es una especie de confusión, frustración, y rareza.
Casi podría jurar que está sufriendo un infarto.
—Pero… —mira al camarote enarcando su ceja.
Lo poco que puedo ver con la luz de la luna es… ¡Estoy en graves problemas, hasta me podrian arrestar!. No me van a engañar y arrestar en el mismo día.
El tipo camina a paso firme al camarote, es ahora o nunca.
Sin pensarlo tanto o tal vez sin pensarlo en realidad, al entrar en pánico corre por el yate silencioso, él está saliendo del camarote y ella por un impulso se lanza al agua.
Él corre a ver quien se lanzó, pero no logra ver nada, es muy noche y hay media luna, corre a la cámara de control y enciende todas las luces, y entonces escucha un grito casi de ahogo.
La idea de lanzarme al agua para no ser descubierta parecía muy buena, hasta que estuve en el aire cayendo, y luego toqué el agua helada, colarse hasta lo más íntimo de mí, entumeciendo todo a su paso, y además acabo de recordar que no sé nadar ¡maldita sea!. Este fue un plan suicida desde que salí del departamento del idiota de mi novio.
Hubiese pasado desapercibida de no ser porque mi cuerpo decidió pedir auxilio, aunque yo me niego, prefiero ser arrestada que morir ahogada en el mar.
Todo está oscuro, todo está invadido de oscuridad y sombras, pero como una especie de luz del más allá, en cuanto salgo a tomar un sorbo de aire, todo está iluminado y él está allí arriba.
Mi cuerpo está tan entumecido por el frío que apenas y me puedo mover para mantenerme a flote, pero el frío me gana y no importa lo que haga, voy hacia abajo y lo veo al tipo ahí de pie, sin siquiera inmutarse.
El agua helada que pasa por mi garganta congela todo dentro de mí, y la que entra por mi nariz la hace arder de manera tortuosa y una vez dentro, mi frente, es doloroso.
Siento un tirón fuerte de mi mano, y brazos me rodean.
El frío es tanto que pierdo el conocimiento mientras floto en el agua en dirección al yate.
Él, al verla en el agua y distinguir que es una mujer, se lanza al agua para sacarla, ella lo ve un par de veces y luego se desmaya durante su rescate.
Verla, totalmente pálida, e indefensa, aún estado confundido, le causa curiosidad, ya que no es tan difícil asumir que los únicos dos en el yate es él y ella, por lo tanto, él estuvo con ella.
Se queda en silencio hasta que aquella chiquilla que se ha lanzado del yate despierte, mientras él quita un mechón de su cabello de su rostro, una pequeña cicatriz al costado de su ceja y un lunar a mitad de su mejilla, es diminuto y aun así se puede distinguir la forma de un corazón en él.
Lentamente, ella empieza a recobrar el sentido, tan pronto empieza a regular su vista, se da cuenta de que está en brazos del mismo hombre del que antes huía, y tenerlo tan cerca, él se ve aún más imponente.
Apenas recobra sus fuerzas, se levanta a toda prisa, retrocediendo, alejándose lo más posible de él.
Él no dice nada, solo observa su comportamiento y se mantiene lo más alejado de ella, más aún notándose realmente asustada.
—Quién eres? —pregunta frunciendo el ceño y cruzándose de brazos.
—no te lo diré —dice mirando a la puerta del camarote.
—si te vuelves a lanzar morirás, no iré tras de ti. —dice molesto.
—No he pedido que me salves en primer lugar, además quiero irme —suelta, asustada, aun con algo de frío.
—Primero hay varias preguntas que tengo para ti. Si eres sincera y te creo… regresaré a tierra. —Toma una manta de la cama y se la entrega. —¡cúbrete¡
—No tengo nada que decir —dice mientras toma la manta con recelo.
—Es contigo con quien acabo de tener sexo. ¿verdad?
El rubor invadió su rostro, ya sea por vergüenza o por recordar todo lo que ha pasado.
Ella no puede ser honesta y no solo por vergüenza, sino porque no sabe cómo explicar que ha tenido sexo con un desconocido por no saber qué hacer y dejarse llevar.
—Cómo te llamas? —insiste aún más molesto ante su silencio —me dirás algo? —gruñe, imponente.
—Solo quiero irme, por favor —suplica mirando al suelo.
—¿Eres bailarina exótica?, ¿Cuanto te pagaron?, Espero te hayan pagado por adelantado, porque yo no pienso pagar un centavo —dice a tono de burla, acercándose a la puerta.
—Dime, ¿quién te contrató? —se gira a ella, quien se mantiene inmóvil, mientras él trata de intimidar —Fue Dorian, Jack, Samuel, o Leo? —enarca una ceja.
—Así es —miente para salir rápido del lugar —fue Dorian, él me… contrató y el servicio terminó.
—¿y porque demonios te lanzaste al agua? —pregunta aún escéptico de su respuesta.
—no lo hice —se levanta, quería hacer algo divertido y me lancé al agua, pero estaba demasiado fría y no pude nadar —miente con tal convencimiento que es imposible no creerla, pero ella no contaba con un pequeño detalle.
Al levantarse envuelta en la manta que él le ha dado, deja al descubierto una mancha de sangre en ella.