se irguió ante las puertas y habló desde lo alto de las blancas escaleras que conducían a ellas.
—Bienvenido, Hombre de la Tierra del bosque prohibido En nuestros libros sabios se habla de tu llegada y está escrito que muchas cosas prodigiosas han de suceder en Tribunus cuando llegues
aquí.
A continuación, habló Tacus, y Ulmo dio fuerzas a su corazón y majestuosidad a su voz:
—Escuchad, oh padre de la Ciudad de Piedra, aquel que crea melodías de tonos profundos en los abismos y que sabe lo que piensan los Elfos y los Hombres me ha ordenado deciros que se acerca el día de la Liberación. Han llegado a oídos de Tacus sobre vuestra morada y vuestra colina de alerta contra las maldades de Milenios y eso lo alegra.
pero hay ira en su corazón, y los corazones de los Valar que están en las montañas de Mista observan el mundo desde la cima del Tanquetilla se sienten airados ante el dolor del cautiverio de los Tacus y el deambular de los Hombres; porque Milenios los tiene cercados en la Tierra de las Sombras, allende las Colinas de Hierro. Por tanto, me han traído hasta aquí por senderos secretos para deciros que contéis vuestras huestes y os preparéis para la batalla, porque ha llegado el momento de luchar.
Entonces dijo Tacus:
—No lo haré, aunque me lo ordenen Ulmo y todos los Valar. No haré que mi pueblo se aventure contra el terror de los Orcos ni expondré mi ciudad al fuego de Milenios
Entonces dijo Kathla:
—Si no os mostráis temerario los Orcos vivirán eternamente y terminarán conquistando la mayoría de las montañas de la Tierra, y no dejarán de hostigar a los enanos y a los Hombres, aunque los Valar procuren liberar por otro medio así que tenemos que luchar