en un trono de maravilla en el más alto pináculo de Taniquetil, que se
levanta como una torre a orillas del mundo. Los halcones vuelan siempre de
un lado a otro alrededor de esa morada, y son capaces de ver las
profundidades del mar, o penetrar en las más ocultas cavernas y en la más
profunda oscuridad del mundo.
Le llevaban noticias de todas partes acerca de todo, y era muy poco lo que se le escapaba; algunas cosas, sin embargo, permanecían escondidas, aun para el Señor de los Dioses.
Con él estaba Varda, la Bella, que se convirtió en su esposa y es Reina de las Estrellas, y
sus hijos fuero Tacus y Erinti, de grande hermosura. Alrededor de ellos vivía todo un ejército de hermosos espíritus, y su felicidad es mucha; y los hombres aman a Manwë aún más que al poderoso Ulmo, porque nunca intencionalmente les hizo mal ni tampoco está tan satisfecho de su honor, ni es tan celoso de su poder como el viejo de Vai. Los Teleri, a quienes INEA gobernaba, eran especialmente amados por él, y de él recibieron la poesía y el canto; porque si Ulmo tiene el poder de la música y de las voces de los
instrumentos, Manes tiene el esplendor de la poesía y el canto más allá de
toda posible comparación.
He aquí que Mane Salino, vestido de zafiros, regidor de los aires y los
vientos, es el señor de los Dioses, los Elfos y los Hombres, y el más grande
baluarte contra la maldad de Milenios.
De nuevo habló Rúmil:
—Y así fue que después de la partida de los Ainur y de sé vasallaje, todo
permaneció tranquilo durante una larga era mientras Ilúvatar miraba.
Entonces, de pronto dijo:
-He aquí que amo al mundo, y es éste un recinto de juegos para los Eldar y los Hombres, que son mis bienamados.
Pero cuando lleguen los Eldar serán con mucho las más hermosas y las más
amables de todas las criaturas; irán más hondo en el conocimiento de la
belleza y serán más dichosos que los Hombres.
Pero a los Hombres les otorgaré un nuevo don, más grande todavía Por tanto dispuso que los Hombres tuvieran una libre virtud por la que dentro de los límites de los
poderes y las sustancias y las oportunidades del mundo pudieran modelar y
proyectar su vida, aun más allá de la original Música de los Ainur.
que para toda otra cosa es destino. Hizo, pues, que por sus acciones todo quedara
acabado en forma y hecho, y que el mundo se cumpliera hasta en el último
y más menudo de los detalles.
He aquí que aun nosotros los Eldar hemos comprobado con dolor que los Hombres tienen un extraño poder para bien o para mal y para torcer el curso de las cosas aun a despecho de los Dioses y las Hadas según su libre albedrío; de modo que decimos: El destino no puede dominar a los Hijos de los Hombres, pero son de una extraña
ceguera, aunque conozcan una gran felicidad.
Ahora bien, Ilúvatar sabía que los Hombres, en medio de los remolinos
de los Ainur. nunca se pondrían de acuerdo para utilizar ese don de acuerdo
con la intención original, pero dijo: "También éstos averiguarán.