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1543 Words
18 Nathalie no conocía el resultado final de la competencia; solo sabía que se encontraba tendida en el suelo, apoyada su cabeza en el muslo de Steve y con el cuerpo entres sus brazos, justo a un costado del camino por el que el resto de las participantes continuaba llegando. Había dejado de llover y su respiración había regresado a la normalidad. El esfuerzo había sido sobrehumano, como aquellos que solo salen a relucir en los momentos de crisis, de verdadera urgencia o que comprometen la vida de una persona. No había sido para menos, dado que ella sentía que era víctima del suceso más terrible que le podría pasar a alguien: quedar huérfana y sin dinero, entregada a un hombre mucho mayor en busca de apoyo y algo de amor, a sabiendas de que un empleo en un restaurante de comidas rápidas, una lavandería, una tienda cualquiera o limpiando casas no le daría el suficiente dinero para costear los gastos de su universidad, vivienda y comida. La vida no era fácil estando sola en el mundo, y mucho menos cuando se quería acceder a una carrera profesional y no quedar relegada a tratar de sobrevivir en los niveles inferiores de la existencia. Pero el sentirse entre los brazos de aquel hombre, de quien había supuesto que no se presentaría a observar la competencia, logro que empezara a ver las cosas de otra manera: no quería hacerse ninguna clase de ilusión, pero era claro que en realidad le importaba a este hombre, que no era solo sexo, promesas y diversión lo que de él venía. Podría darle más crédito a su proceder y darle la posibilidad a la idea de que aquel hombre, a quien el dinero no le faltaba, en realidad podría estar deseando llegar a tener una relación con ella que tuviera algo de significado. –Pequeña, estuviste fenomenal –lo escuchó decir en medio de una inmensa sonrisa. –Pensé que no vendrías –dijo ella, una inmensa sonrisa en su rostro. –Pero ¿cómo iba a perderme de la competencia de la niña más divina de este mundo? Pero dime que te encuentras bien, que solo estás un poco agitada. –No te preocupes, estoy bien, solo fue un enorme esfuerzo. ¿Pero tu trabajo? ¿No tenías varias reuniones hoy? –dijo ella mientras se incorporaba. –Tú eres más importante que cualquier reunión, que cualquier negocio, que todo el dinero, que todos los lujos… Para Nathalie las palabras del hombre parecieron sinceras, su mirada así parecía demostrarlo y solo sintió ganas de besarlo, ahora con un sentimiento que cada vez se hacía más fuerte y que dejaba atrás aquella idea del Sugar Daddy y se metía en lo que podría llegar a ser un verdadero y sincero interés por el hombre que ahora empezaba a besarla, beso que fue interrumpido por las palabras de uno de los jueces de carrera, las cuales se escucharon a través de un alto parlante. –Buenas tardes, primero que todo queremos felicitar a todas las participantes de la vigésima tercera carrera anual de ciclo-montañismo de la Universidad de British Columbia. Sabemos que todas hicieron un gran esfuerzo, se prepararon con la debida anticipación para esta difícil competencia y que dieron todo de sí. Desafortunadamente, no sabemos quién ganó… Exclamaciones y silbidos se escucharon alrededor de la tarima desde la que el hombre se estaba dirigiendo al grupo de participantes, espectadores y curiosos. –Las dos primeras participantes pasaron la línea de meta al mismo tiempo, y lamentablemente –continuó el hombre– no tenemos aquí las cámaras necesarias para hacer un foto-finish, como sí las tienen en el Tour de Francia o en las competencias de la Nascar. –¿Entonces qué pasará con el premio gordo? ¿Quién se lo llevará? –preguntó una de las participantes. –Está entre Maureen Leveque y Nathalie Walker, pero alguna de las dos, suponemos, tuvo que haber ganado la competencia y merece llevarse el premio mayor, lo cual será definido el día de mañana en la oficina del decano. Después de abucheos, más silbidos y comentarios, el m*****o del panel de jueces bajó de la tarima y se acercó a Nathalie, quien ya había recobrado las fuerzas suficientes para ponerse de pie. El hombre saludó a Steve y luego se dirigió a ella: –Nathalie, siento que no podamos entregar una decisión en este momento, pero te felicito por la gran carrera que hiciste, especialmente en los últimos metros. Nathalie, sintiéndose derrotada, pero con su mente aun puesta en el beso que había recibido minutos antes, logró soltar una pequeña sonrisa y dijo: –Gracias, Dennis, creo que lo dejé todo en el último kilómetro, pero ¿cómo van a tomar esa decisión? –No lo sé, de pronto se divida el premio entre las dos, sería el total del monto de la suma del primero y el segundo lugar divido en pates iguales. –Entiendo –Nathalie arrugó los labios–, ¿y lo del crucero en velero por el Caribe? –Ese es el otro problema, solo disponemos de un cupo, pues los otros fueron otorgados a los ganadores de otros concursos de la universidad. De manera sutil, Nathalie meneó la cabeza antes de mirar hacia el piso. El juez se retiró prometiendo que le avisaría apenas se supiera algo y se dirigió en busca de Maureen. –Creo que me voy a quedar sin el crucero –dijo Nathalie, su mirada puesta en los ojos de Steve, sus labios arrugados. –No digas eso, pequeña, conozco al decano Schmidt, y te digo que recibirá mi visita esta misma tarde. –¿Vas a influir para que me otorguen el premio? –Si eso es lo que quieres… –Steve mostró su sutil sonrisa. A Nathalie nunca le habían gustado las influencias de los ricos y poderosos para lograr sus objetivos, muchas veces oscuros, pero bien sabía que se merecía aquel premio; había trabajado arduamente en su preparación para lograr vencer en la carrera, y si el premio en dinero se reduciría un poco, justa sería una compensación. –Steve, yo me merezco ese premio, sé que Maureen también, pero ella tiene a sus padres y hermanos, en cambio yo no tengo a nadie. –Me tienes a mí, no quiero que lo dudes ni por un solo segundo –dijo Steve antes de darle un pico en los labios. –¿En serio puedo contar contigo? –¿Acaso no te lo he demostrado? –Lo sé, pero… –Mira, nena, si crees que solo te quiero para irnos a la cama, estás muy equivocada. La verdad es que… bueno, no es el sitio más romántico para decirte esto –dijo Steve mirando a la cantidad de muchachas ciclistas, espectadores y organizadores que se encontraban en los alrededores–, pero desde que te vi por primera vez… creo que caí redondo, y pues siento que me estoy enamorando. –Steve… ¿no crees que es demasiado pronto? Solo nos conocemos hace muy pocos días. –¿Nunca has oído aquella frase que dice: amor a primera vista? –Sí, pero es que… te repito que soy bastante joven para ti… –Nathalie se mordió el labio inferior al tiempo que se arrepentía de haber pronunciado esa frase. Si empezaba a sentir algo especial por él, quien ahora se estaba ofreciendo a ayudarla, ¿por qué razón tendría que pronunciar frases que solo terminarían alejándolo?– Pero bueno, supongo que eso no importa, pero es que me sorprende que un hombre en tu posición se fije en una chica como yo. –Eso ya lo hemos hablado, además ¿preferirías que me fijara en una bien fea y antipática cuando puedo fijarme en la más dulce, tierna y bonita de todo Vancouver y todo el mundo? –Si al menos yo fuera la más bonita de la universidad, y eso para no hablar de toda la ciudad, no habría ganado esta carrera sino el concurso de belleza que hicieron anoche. –No siempre las más hermosas están en esa clase de concursos. Además, es mucho más meritorio ganar una competencia tan dura como esta a simplemente desfilar en vestido de baño para que unos jurados te critiquen y califiquen qué tan ejercitado está tu cuerpo. –Bueno, entiendo lo que dices, y solo puedo decir que me pones a mil cuando dices que te estás enamorando, porque la verdad es que yo también estoy empezando a sentir algo especial… –Pequeña, yo sé que podemos hacer una linda pareja, sin importar las diferencias de nada; solo quiero que nos comprometamos el uno con el otro, que tomemos esto en serio, que avancemos y crezcamos en nuestra relación y que nos convirtamos en la pareja más feliz del mundo, pero sobre todo quiero que confíes en mí y que cuentes conmigo para lo que sea. Un beso de corta duración fue lo que vino después, el cual fue interrumpido por el regreso de las gotas de lluvia que empezaron a caer sobre el bosque de pinos. Minutos más tarde, llevando la bicicleta de Nathalie en la parte posterior de la camioneta sub-urbana de Steve, salieron rumbo a su apartamento.
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