–Creo que nunca había estado con una mujer tan deliciosa como tú – dijo Steve mientras rodaba su cuerpo hacia el otro extremo de la cama.
La muchacha de cabellos naranja se encontraba desnuda, debajo de las sábanas, y pensando en cómo se había divertido con aquel hombre, a pesar de sus nervios por haber sido su primera vez. Steve la había tratado con la ternura y delicadeza suficientes para hacerla sentir cómoda y confidente. El haberle confesado su total falta de experiencia no había sido un error, todo parecía indicarlo. Además, la había hecho sentir como una chica que estaba siendo sincera con aquel que la estaba convirtiendo en una verdadera mujer. Pero aquel goce, solo era una parte de todo, siendo la otra, y la más importante, su lucha por sobrevivir.
–Nunca creí que esto fuera así, Steve.
–¿Pero te gustó?
–Dicen que la primera vez es algo doloroso, que no lo disfrutas.
–¿Y no lo disfrutaste?
–Mucho, creo que los tres vinos que me tomé antes ayudaron bastante, me hicieron olvidar del dolor –dijo Nathalie antes de darle un pico en la mejilla.
Aunque era una romántica empedernida, cualidad que le había servido para demorarse en perder su virginidad, junto con su miedo a sentir dolor y recientemente el temor que le producía la posibilidad de que Steve la dejara, era consciente de que sus sentimientos crecían con el paso de los minutos y era esto lo esencial para haberse atrevido a acostarse con Steve.
Recordó que Steve era veinticuatro años mayor que ella, pero poseía la figura y la energía de un hombre de veinticinco años, lo cual no había dejado de sorprenderla y de lograr que se sintiera como si estuviese con alguien de su edad.
Nathalie, después de sus dos primeras citas, tenía algo muy claro en su mente: no quería convertirlo en su Sugar Daddy, a pesar de haber sido este su propósito inicial. Lo empezaba a ver como su novio, como su hombre, como aquel con quien, a pesar de la edad, desearía tener una familia.
–Pequeña, no te quiero ofender, pero tú también lo hiciste como toda una experta –dijo Steve mientras disfrutaba de su cigarrillo electrónico.
–No es la experiencia, ya te lo dije –dijo ella entre sonrisas–, es que el estar con alguien como tú provoca que me desinhiba por completo y solo piense en todo lo espectacular que es todo esto.
–Puedo decir lo mismo, nena. Creo que eres la mejor jovencita con quien he estado en mucho tiempo.
–Pensé que sería la mejor de todas, no solo de las jovencitas –dijo Nathalie antes de reír.
–Solo te puedo decir que estás en el podio.
–Y supongo que ese podio será suficiente para que mañana me acompañes a inscribirme en la universidad, a pasar por el supermercado, porque todo lo que voy a comprar no lo puedo llevar en mi bicicleta –dijo ella incorporándose en su codo y dejando expuesta la redondez de sus senos mientras le sonreía a los ojos.
–Es suficiente para todo lo que quieras, nena divina –el prolongado beso y la respuesta de Steve le sirvieron a Nathalie para llegar a la conclusión de que el riesgo que había tomado no había sido en vano; se había arriesgado por su vivienda, su alimentación y su estudio, y en recompensa había encontrado el amor; todo parecía indicar que su corazón estaba a salvo.
–Pero creo que no me puedo levantar de esta cama sin haberte probado una vez más –dijo ella antes de exhibir una enorme sonrisa, sabiendo que sus palabras eran el producto de aquel beso, el cual la había vuelto a acelerar.
–¡Wow! Ya no tengo veinte años, pero bueno, nunca me le podría negar a una preciosura como tú.
–No te estreses, deja que yo lo haga todo, tú solo relájate.
Nathalie no tuvo problema en llenar el pecho de Steve de besos antes de llevar sus labios y su lengua a pasearse por la parte baja de su abdomen y terminar introduciendo en su boca aquello que, hasta hace unos minutos, le había causado gran placer y que ahora parecía haber renunciado a cumplir con sus funciones. La manera como se desempeñaba no tardó en hacerlo revivir y en ponerlo tan duro como si de una barra de acero se tratase.
–Pensándolo bien, creo que estás en el lugar más alto del podio.
Steve empezaba a jadear y se le hacía difícil mantener un tono de voz algo equilibrado. Nathalie se limitó a levantar la mirada por un par de segundos, mirarlo mientras le sonreía con sus ojos verdes, y luego continuó con su labor.
–Hubiera sido frustrante no llegar a ese lugar del podio antes de terminar esta velada –dijo Nathalie deslizándose hacia arriba y juntando sus labios con los de Steve, sabiendo que lo había dejado al borde del éxtasis.
–Nena, pídeme todo lo que desees, pero júrame que nunca me vas a dejar –dijo Steve apenas sus labios se vieron alejado de los de ella.
–¿Por qué habría de dejarte?
–¿Porque soy muy viejo para ti?, ¿o porque no soy lo suficientemente guapo?
–No digas bobadas, la edad es algo mental, no es algo físico, además, eres de los hombres mejor plantados que he conocido en mi vida, además de tener un cuerpo espectacular.
–Me alegra escuchar eso, pero quiero que me lo jures.
–¿Y tu me lo jurarías?
–No tendría ningún problema –dijo él antes de que sus palabras fueran acalladas por los besos de ella.
–Pero espero que mi resistencia física esté a la altura de la tuya y pueda complacerte siempre que lo desees –dijo Steve.
Fue el momento en el que Nathalie, como respuesta, se posicionó a horcajadas y de cuclillas sobre él y, sabiendo que estaba lista para recibirlo en su interior, no tardó en acomodar su entrepierna alrededor de la parte más dura y llamativa de su cuerpo. Aquello bastó para que empezara un cadencioso movimiento ascendente y descendente mientras mantenía su espalda recta y en posición vertical, se tomaba el largo cabello con ambas manos y permitiera que el hombre jugara y se engolosinara con sus senos. Todo dio para que se olvidara de pagos, de arriendos, de mercados, de universidades, de diferencias de edad, de promesas, de juramentos. Ahora solo era ella montando a un hombre que le estaba brindando el placer que nunca había sentido. Era ella disfrutando de lo que cualquiera podría calificar como una experiencia pura y placentera, y que dejaba atrás cualquier otro tipo de consideración.