Me asusté demasiado al verla así, no sabía qué hacer y varias personas se reunieron en torno a nosotros. Ellos decidieron llamar a una ambulancia y le pusieron varias cosas para inmovilizarla.
— ¿Viene con ella? — Uno de los paramédicos me miró —. ¿Es familiar?
— Por favor, ven conmigo — ella habló con dificultad —, no quiero estar sola en el hospital.
No pude negarme a una petición tan llena de desesperación, me fui en la ambulancia y veía cómo los paramédicos le administraban medicina para poder controlar sus dolores.
— ¿Cómo te llamas? — Ella me miró mientras tenía una sonda de oxígeno en su nariz — ¿Por qué hiciste lo que hiciste?
— Soy Sariah, creo que no es momento de hablar sobre eso. Deberías llamar a algún familiar para que venga al hospital, es casi seguro que necesiten firmas y no te puedo dar esto porque no soy nada tuyo.
— Señor — ella miró al paramédico — en caso de que me encuentre imposibilitada de tomar decisiones, quiero que Sariah las tomé por mí. La autorizo totalmente.
El paramédico aceptó lo que esta señorita le decía, no entendía su actitud. ¿Acaso será que no tiene familia? Quizás había sido imprudente al decir esto, en serio, que conmigo es todo un caso.
— Ya hemos llegado, señorita — el paramédico me habló a mí — es necesario que baje para que acompañe a la paciente.
Llegamos a un hospital muy lujoso, me sorprendí al ver semejante edificio. Este sitio bien podía ser más grande que el pueblo entero.
— Por aquí — el paramédico movió su mano — no se quede quieta, hay que moverse porque es una zona transitada.
Llegamos a la sala de emergencias y los doctores salieron corriendo al lado de esta mujer, me sorprendía con la velocidad que le decían los estudios que debía hacer enfermería. Me hicieron esperar en una sala que era igual de elegante que el resto de este sitio, desconsonaba por completo y muchos me quedaban viendo.
— Familiar de la señorita De La Vega — un doctor salió y habló fuerte — es la paciente que vino accidentada de la columna y el accidente se dio en un puente.
— Esa soy yo — me levanté y caminé donde el doctor — ¿Qué es lo que le sucede a la señorita De La Vega?
— Ella tiene daños muy serios en su columna, tuvimos que anestesiarla debido al dolor y en estos momentos está inconsciente. El paramédico dijo que usted era la responsable de los asuntos legales por petición de la señorita De La Vega, necesito que firme unos documentos para así poder operar.
— Está bien, firmo lo que me digan. ¿Esa operación es arriesgada? ¿Ella va a estar bien?
— No le puedo prometer nada, pero le aseguro que haremos lo mejor por la paciente. Ahora venga conmigo que necesito que firme los papeles, también debe de pagar la cirugía.
— Pero yo no tengo dinero — me quedé estática — ni siquiera sé si ella tiene familia, apenas estoy viniendo de un pueblo que queda por donde Judas fue a dejar sus botas.
— No se preocupe, ella dejó su cartera con nosotros y todas sus cosas. Debería buscar ahí para poder pagar, hablaré con el director en caso de que tenga problemas.
Accedí a hacerlo, el doctor me entregó las cosas de la señorita De La Vega. En el bolso se encontraba su cartera con varias tarjetas y una cantidad considerable de dinero, al parecer me había topado con una mujer que no tenía preocupaciones económicas.
— Santa virgen de la papaya, en la vida había visto tanto dinero reunido.
Miré que todos me quedaban mirando, vi a la cajera que trataba de aguantar la risa.
— ¿Acaso lo he dicho en voz alta? — Ella respondió afirmativamente a mi pregunta — soy todo un caso, ay madre. El día que Diosito repartió la cordura, yo no llegué a tiempo.
— No se preocupe, es necesario que pague. Hay personas en fila y se miran poco contentos.
Miré la fila de personas y juré que si fueran perros, estarían sacando espuma por la boca.
— Muy bien, he venido a pagar la cirugía de la señorita De La Vega. Aquí tiene una de las tarjetas, creo que con eso será suficiente para poder cubrir los gastos.
Pensé por un momento que la tarjeta no iba a pasar, por suerte fue así y el recibo me lo dieron en pocos minutos. Fui al pasillo que conducía al quirófano y ahí me quedé mientras sostenía las cosas de la señorita.
— ¡Tú!
Miré que un hombre embravecido venía a mí; en el momento que miré su reacción fue que por inercia intenté huir, sin embargo, todo fue inútil porque con tres pasos largos ya me había agarrado por ambos brazos.
— ¡¿Qué le has hecho a mi hermana?! ¡Todos me han dicho como una mujer la tomó bruscamente y la arrojó al suelo! ¡Incluso hay vídeos tuyos circulando por las redes!
Me asusté al pensar que habían filmado que ella se quería suicidar, ¿Qué es lo que tienen en la cabeza las personas hoy en día? Preferían grabar a ayudar a alguien que evidentemente necesitaba socorro.
— ¡Todo por robar su dinero y venir aquí a pagar quién sabe qué de una persona! ¡Pero te tengo, ladrona sinvergüenza! No esperabas que tuviera acceso a la tarjeta de crédito de mi hermana, el banco me notificó del uso de la tarjeta que le di a Delilah por una suma exagerada.
— ¡¿De qué estás hablando?! — Lo empujé y no pude moverlo ni un ápice — ¡Quiero que me sueltes! ¡Me lastimas! Sí, he ocupado la tarjeta de tu hermana, es porque ella se encuentra en el quirófano. No le he pagado a nadie más nada en absoluto. ¡Ahora quiero que me sueltes! ¡Gran cobarde!
En el momento en que lo empuje, nos fuimos al suelo. Para mi mala suerte, terminé por darle un beso en sus labios. Ambos nos vimos con los ojos bien abiertos y duramos unos cuantos minutos de esta forma.
— ¡Qué asco! — Saqué mi lengua y comencé a limpiarla con mis manos — no puedo creer que besé a un tipo tan idiota, genial, al parecer soy un maldito faro de estúpidos. Primero Oliver y ahora este tarado que, al parecer, su madre no tomó ácido fólico cuando estaba embarazada de él.
— ¡Eres una degenerada! Fuiste tú la que me ha besado y no soy ningún idiota. No creo que mi hermana se encuentre aquí, ella me hubiera llamado.
— Le dije que llamará a su familia, pero no quiso hacerlo y ahora entiendo el motivo. La señorita De La Vega prefiere confiar en una extraña que acaba de conocer que en su propio hermano.
— ¡No me quieras ver la cara de idiota! Mi hermana me adora y no creo que prefiriera quedarse al lado de una desconocida en vez de llamarme a mí.
— Es imposible no verte la cara de idiota, puesto que la tienes, solo volviendo a nacer es que serías un poco inteligente y esto es lo que me encuentro siendo generosa.
— ¿Qué has dicho? Delante de ti tienes a un hombre muy inteligente.
— Tu inteligencia es como un unicornio, todos hablan de ella, pero pocos la han visto realmente.
— Eres… ¡Insoportable!
— ¿Qué crees? ¡Tú también! Qué asco haberte besado, es preferible besar un sapo antes que a ti.
Miré a una señora que venía con su carrito y fui directo donde ella. Encontré un frasco que me podía servir y lo tomé.
— ¡Señorita, eso es lejía!
Pensé en todo lo que me había sucedido, ni siquiera pude suicidarme e irónicamente salvé a alguien que pensaba hacer lo mismo que yo iba a hacer.
— ¡No importa! Ya quiero acabar con este sufrimiento eterno.
En el momento en que iba a beber lejía, unas manos fuertes me arrebataron el frasco. El hermano de la señorita De La Vega lo sostenía con firmeza y en alto, lejos de mi alcance.
— ¿Acaso te has vuelto loca? No puedes hacer tal cosa, valora un poco tu vida, porque si tú no lo haces, pues nadie va a venir a hacerlo por ti.
— Tú no sabes lo que yo he pasado, solo quiero reunirme con mi…
— ¡No me interesa con quién te quieras reunir o no! Nadie vale la vida de nadie y si tanto quieres a esas personas que ya partieron de este mundo, lo mejor que puedes hacer es seguir viviendo con normalidad. Si ellos te quisieron tanto, ten por seguro que no quieren que te mueras de esta manera; honra su memoria de esta manera y cuando llegué el momento de su reunión, diles que viviste como ellos hubieran querido que vivieras…