Capítulo 3: La realidad de un beso

1426 Words
Samira sabe que debería empujarlo, alejarlo de ella, de su cuerpo, volver a sentir ese frío que la estaba invadiendo, pero no puede. Eso no está bien, no debería sentirse así… y, sin embargo, todo el calor que Anthony emana la atrae como una chimenea un día de invierno. Termina cediendo y le da acceso a su boca sólo para ella explorar de Anthony, sus manos van al cabello del hombre y este no duda en pegarla más a él, como si eso fuese posible. Sus manos se posan en las caderas de Samira con delicadeza, hasta que a ella se le sale un gemido involuntario y el hombre pierde la razón. La levanta como si fuera una pluma obligándola a que lo rodee con sus piernas, la sienta en un mueble al que le quita todo lo que tiene encima y allí es donde rompe la magia, porque Emily se despierta confundida. —¿Samira? —dice Emily somnolienta, sentándose en el sofá, Samira empuja a Anthony y se acerca a ella aún agitada—. ¿Dónde estamos? —En la casa de un amigo, cariño —se arregla el cabello mientras se acerca a la niña para ver cómo está. —Estás en la casa de tu… —intenta decir Anthony, pero Samira lo interrumpe. —Sí, de mi amigo —le dice ella y Emily sonríe. —Me alegra que al fin tengas un amigo, siempre estás sola… ¿Qué fue ese ruido que me despertó? —Oh, lo siento nena, pero mi amigo es un poco idiota y tiró unas cosas al suelo, se le olvidó que estabas dormidita aquí. —¿Crees que pueda dormir en una cama? —Samira mira a Anthony y él asiente. —Sí, cariño, ya nos iremos a un cuarto, vamos a dormir juntas, para que no te sientas solita —dice ella con naturalidad, mientras que Anthony se siente frustrado, porque esa mujer lo ha alborotado por completo y sólo con un beso. —Vengan por aquí —dice Anthony pasando por el lado de ellas y le pregunta a Emily—. ¿Te parece mejor si te llevo yo? Es que Samira está un poco cansada. —Sí, por favor —le dice la niña con inocencia. Anthony la carga y cierra los ojos un momento. Emily con más inocencia, le dice cariñosamente—. Hueles bien, como mi papá… me agradas. Él abre mucho los ojos y Samira lo ve cómo se sigue derrumbando. No quiere juzgarlo en ese momento por lo que hizo, solamente porque tiene sentimientos encontrados, pero sí debe ser cierto eso de que el pasado cuando regresa, no lo hace de la mejor manera si fuiste un infeliz como él. Samira le pregunta a la pequeña si tiene hambre y la niña no duda en decirle que sí, además de lo que se le antoja, por lo que ella toma el mando de nuevo y le dice a Anthony. —Ya la oíste, llévame a la cocina —le dice empujándolo y sacándolo de allí, porque ni de chiste la dejará sola con él. —Pero… —Samira lo empuja hacia afuera y cierra la puerta, para luego acorralarlo contra la pared. —Nada, idiota. Ni creas que te dejaré aquí con ella, porque hasta donde sabe, su padre está muerto —Anthony frunce el ceño y ella se ríe con sarcasmo—. ¿Te ofende? ¿Te sientes herido porque su madre prefirió decirle que su padre estaba muerto antes de que supiera la verdad? ¿Que la mandó a matar porque le dañaba los planes? —Samira, yo me equivoqué… —Sí, pero no lo enmendaste. Te diste cuenta de tu error demasiado tarde, gracias a Dios que mi padre fue quien la rescató, porque si no… —ella se separa de él y lo toma del brazo—. Emily tiene hambre, así que llévame a la cocina de una vez. Anthony se siente aturdido por todo lo que le está golpeando, en especial porque si pensaba conquistar a la mocosa, la tiene más difícil por todo lo que sabe y la percepción que tiene de él. «Pero ella respondió a tu beso, no le eres indiferente», le dice su consciencia y se atiene a eso por ahora. Cuando llegan abajo le informan que no hay nada para comer, ya que no les dio tiempo de preparar la casa con todas las comodidades. Anthony se siente frustrado, pero de inmediato ordena que vayan de compras. —Que la señorita haga una lista de lo que requiere —le dice a uno de los hombres—, yo iré a hacer un par de llamadas… ¡Ojo con ella, porque es peligrosa! Samira se queda con la boca abierta y ve cómo Anthony se pierde tras una puerta. Smith, la mano derecha de Anthony, se queda mirando a su jefe perderse por el pasillo, luego vuelve la mirada hacia Samira y le dice. —Es un buen hombre… sólo tuvo malas oportunidades y tomó malas decisiones. —No lo justifique conmigo —le advierte ella con seriedad—, porque a mí no me interesa y tampoco es que esté haciendo algo para que cambie la opinión que tengo de él. Mejor deme algo dónde anotar lo que necesito. El hombre le entrega su teléfono y ella anota todo lo que necesita para Emily, pasando por alto sus propias necesidades. El hombre mira que hay cosas bastante específicas y ella le aclara. —Tal vez deba mandar dos equipos, porque las cosas de aseo las encontrará sólo en una farmacia, no en un supermercado convencional, Emily sólo usa productos naturales porque los otros le producen alergia. —Bien, haré como dice, señorita… —¿Haré como dice? —pregunta Anthony incrédulo—. ¿Es una broma? ¡Yo soy el jefe! —¡Bájate de la nube que se te cayó el ego, baboso! —le dice Samira—. Tú dijiste que le hiciera una lista y hay cosas que sólo las puede encontrar en lugares específicos… ¿Sabes qué? Mejor me voy con la mariposita a esperar a que traigan todas esas cosas, porque si sigo viéndote, te robo el arma y te meto un tiro en la jeta para que te calles de una vez. Samira pasa por el lado de él y sube la escalera, Anthony se queda en silencio hasta que la ver perderse y le pide la lista a Smith. —Así que tiene gustos particulares… —No son para ella, señor. Me dijo que su hija sufre de alergia con algunos productos, por eso me recomendó que envíe dos equipos, porque estos productos sólo los encontraré en una farmacia. —Y por eso vas ahí diciéndole que se hará como ella diga… ¡Es mi rehén, Smith! Ella no tiene ni un poder aquí, sólo está para que me ayude a mantener en calma a mi hija, nada más. Esa mocosa no es nada y más te vale que a la próxima «recomendación» no le digas que así se hará, sino que me la digas a mí y yo veré si se hace así… —le dice caminando a la salida. —Entonces, señor, ¿mando a un solo equipo? —¡Claro que no! Manda a dos —Anthony se queda mirando el cielo y frunce el ceño, mientras que Smith trata de contener la risa porque terminó haciendo lo que dijo Samira—. Huele a que se acerca una tormenta… a ella le daban miedo los truenos. Smith se queda mirándolo sólo unos segundos y luego sale de allí para hacer lo que Anthony le ha mandado, Anthony se regresa al despacho a esperar a que traigan las cosas que necesita Samira, hasta que cae en cuenta de que para ella no pidió nada, saca su teléfono y le pide a Smith. —Que le traigan a ella también artículos de aseo, es obvio que los va a necesitar. “Sí, señor. Se queda allí, mirando a la nada por la ventana, pasando sus dedos por sus labios, allí en donde esa mocosa le ha dejado una sensación única, una que ni siquiera Kate logró alguna vez y ahora se cuestiona de si en verdad se sintió mal todos esos años porque la amaba o por los remordimientos de su alma. —Pero eso no importa ahora… la tengo para mí y voy a demostrarle de alguna manera que ella es muy diferente.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD