bc

Recuperando a mi ex esposa.

book_age18+
37.7K
FOLLOW
306.2K
READ
contract marriage
HE
kickass heroine
kicking
city
like
intro-logo
Blurb

Una hermosa relación de jóvenes se convierte en un matrimonio efectuado por venganza, tras los juegos ambiciosos de un hombre que solo piensa en su bienestar arroja a su hija a la más sucia jugada que la hace perder todo lo que ama, Meredith creía que lo tenía todo, una familia, una carrera y un novio maravilloso con el que deseaba pasar el resto de su vida, deseaba casarse con Rodrigo Smith, hijo único de la adinerada familia Smith, un hombre poderoso, carismático, muy guapo y nada fácil de dominar, tan atrayente en todos los sentidos que se convirtió en el suelo de todas las damas, Meredith, quien proviene de una familia cómoda y de grandes éxitos, ve su fin bajo una propuesta y un contrato que la llevaría a cumplir su sueño de casarse con él hombre que ama, pero no en las consecuencias que ella desea. Tras cinco años de una relación vacía, sumisa en la monotonía, se cumple su más grande acuerdo, cinco años y toda esta pesadilla terminaría, sin embargo una noche fuera de control desequilibra sus planes ante una noticia que pondrá sus vidas en la balanza y cambiará todo lo que pensaban llevando a Rodrigo a buscar entre los pedazos una oportunidad que lo ayude a recuperar a su ex esposa.

chap-preview
Free preview
Capítulo 1. El peso del pasado.
Capítulo 1. El Peso del Pasado. Hace tres años, en el majestuoso silencio de la biblioteca de la Universidad de Columbia en Nueva York, los destinos de Meredith Lanz y Rodrigo Smith se cruzaron por primera vez. Lo que comenzó como una sólida y respetuosa amistad se gestó mientras Rodrigo aún mantenía una relación de más de un año con su novia de la secundaria. Con el paso del tiempo, el vínculo entre Meredith y Rodrigo se fortaleció de manera inevitable. Ella estuvo a su lado en cada momento crucial, y él se convirtió en un pilar indispensable en su vida. Aquella gran complicidad evolucionó, de manera muy reservada, hacia una relación formal después de que Rodrigo terminara con su anterior pareja y permaneciera soltero por más de un año. Juntos culminaron sus estudios universitarios y comenzaron a construir un proyecto de vida en común, caracterizado por una intimidad profunda. Rodrigo fue su primera vez, el único hombre capaz de comprenderla y descifrarla sin necesidad de palabras. Sin embargo, tras dos años de un noviazgo aparentemente idílico, las circunstancias comenzaron a transformarse. Rodrigo, como heredero de uno de los imperios empresariales y comerciales más importantes del país, debió asumir las riendas de los negocios familiares. En paralelo, Meredith continuaba su formación académica bajo la atenta tutela de su padre, mientras colaboraba activamente en la empresa como asesora financiera. Su desempeño en la bolsa de valores la acercaba cada vez más a los círculos de poder, hasta el día en que su progenitor le encomendó una misión específica: conseguir un contrato estratégico con la corporación de Rodrigo. El argumento paterno apelaba a la unión definitiva de ambos futuros, proyectando una imagen de fusión empresarial perfecta. La realidad, no obstante, distaba mucho de esa fachada luminosa. Dorian, el padre de Meredith, se encontraba ahogado por deudas colosales y buscaba una salida desesperada a cualquier precio. Con una fría y calculada astucia, ideó un plan infalible. Le entregó a su hija el que sería el documento más decisivo de su existencia, mientras, de manera paralela, preparaba el terreno para el desastre. Alianzas ocultas con el rival más poderoso de las Industrias Smith formaban parte de un engranaje siniestro: si la maniobra fallaba, todo terminaría bajo la tutela legal de Meredith, condicionado a una cláusula sucesoria que se activaría tras cumplir un lustro de matrimonio, lapso en el cual él esperaba sanear sus finanzas gracias a su influencia mediática, para luego obligarla a firmar la devolución de cada activo. El plan no contemplaba fallas, y el primer paso requería un peón ciego. Manipulando los afectos y la absoluta confianza de Meredith, su padre la convenció para que llevara a manos de Rodrigo un contrato que abriría las puertas del emporio Smith a los intereses adversos. La ejecución fue impecable. La confianza mutua operó como un velo que impidió cualquier atisbo de duda; Meredith creía ciegamente en la integridad de su padre y en la legitimidad del documento que, por la rutina de su trabajo diario, no consideró necesario releer con detenimiento. Con absoluta naturalidad, Meredith le entregó el pliego a Rodrigo. Él, guiado por la certeza de su amor y el profundo respeto que sentía por el entusiasmo profesional de su pareja, firmó sin examinar los términos técnicos. Para Rodrigo, los movimientos bursátiles carecían de relevancia frente al deseo de respaldar y compartir el éxito con la mujer que amaba. Con la misma ligereza de quien confía ciegamente, Rodrigo presentó el documento a su propio padre durante una cena familiar que prometía ser de celebración, sellando un acuerdo que alteraría para siempre los cimientos de su mundo. En medio de la velada, entre brindis y la emoción de una hermosa propuesta de matrimonio que Rodrigo acababa de formalizar, la pareja celebraba su futuro sin sospechar la catástrofe que se cernía sobre ellos. A la mañana siguiente, Meredith acudió radiante al encuentro de su padre, convencida de haber consolidado un puente de apoyo mutuo, ignorando por completo que aquel papel representaba la sentencia de muerte de su relación. El Desplome Puntual a las doce del mediodía, un contingente de ejecutivos y abogados irrumpió en las oficinas centrales de Industrias Smith con la orden de ejecutar un vaciamiento financiero masivo, facilitado por la orden de transferencia que el propio Rodrigo había autorizado esa misma mañana. Abrumado por la magnitud del desfalco y el golpe emocional, su padre sufrió un fulminante infarto al miocardio que le costó la vida. Rodrigo quedó completamente devastado. El dolor de la pérdida se transformó rápidamente en un odio visceral hacia Meredith, la persona en quien había depositado la totalidad de su confianza y su existencia. La familia Smith la señaló como la máxima responsable, mientras que la propia familia de Meredith quedó desconcertada ante la magnitud del escándalo. De la noche a la mañana, ella lo había perdido absolutamente todo: el amor de su vida y la seguridad de su entorno. Durante el juicio posterior, la acusación cerró el cerco sobre ella. A pesar de los esfuerzos de su padre por defenderla y demostrar la ausencia de dolo directo, las evidencias circunstanciales apuntaban a su complicidad. El veredicto final condenó a Dorian a ocho años de prisión por delitos de fraude financiero, convirtiéndolo, al mismo tiempo, en el blanco del rencor profundo de su propia hija. Un mes después del juicio, la madre de Meredith enfermó gravemente, consumida por la depresión y la culpa ante el giro trastornado que había tomado su destino. Aunque el juez determinó que las firmas contenidas en los contratos eran legalmente válidas y que no había existido coacción física, disolviendo así los cargos penales directos contra Meredith, el daño emocional y patrimonial ya era irreparable. Todos los años de esfuerzo de la familia Smith habían desaparecido a través de las manos de la mujer que Rodrigo amaba. Mediante averiguaciones e indagaciones de carácter implacable, Rodrigo descubrió la existencia del contrato original y la participación indirecta de Meredith en la maniobra. Su mundo interior colapsó; la sed de venganza se convirtió en su motor exclusivo. Deseaba que ella experimentara el mismo sufrimiento, que perdiera hasta el último vestigio de esperanza. No solo heredó la inmensa fortuna familiar tras el fallecimiento de su padre, sino que reorganizó los fondos restantes bajo una estructura legal que simulaba una herencia estricta de su abuelo, condicionada a un propósito muy específico. Viendo en la situación una oportunidad única para consumar su revancha y dejarlos en la indigencia absoluta, Rodrigo la condujo al altar bajo un único objetivo punitivo. Meredith, consumida por un amor devoto y el deseo ferviente de redimirse, aceptó casarse en una ceremonia privada, dispuesta a sacrificarlo todo si con ello lograba el perdón de su esposo. Para Dorian, confinado en su celda, esta decisión representaba la locura absoluta de una hija quebrada por la culpa. No obstante, la ilusión de reconciliación que albergaba Meredith se desvaneció la misma noche de bodas, cuando Rodrigo la condujo a la fría inmensidad de su mansión y la abandonó en la soledad de una habitación vacía. Desde entonces, durante más de cuatro largos años, la convivencia se redujo a un simulacro doloroso. Rodrigo mutó en un hombre distante y hostil, mientras Meredith intentaba en vano rescatar los jirones de lo que alguna vez fueron. El desgaste emocional, la indiferencia sistemática y los reproches constantes sobre el pasado y las consecuencias fatales de las acciones de su difunto padre —quien, tras tres años en prisión, se había quitado la vida al no soportar la presión psicológica— terminaron por erosionar sus últimas reservas de optimismo. Faltaban apenas dos meses para cumplir el lustro estipulado en las cláusulas de su unión. El Espejismo de la Rutina En la imponente y silenciosa arquitectura de la mansión Smith, Meredith yacía en su habitación tras una agotadora jornada laboral. Mañana se cumpliría un aniversario más del inicio de su calvario personal. Había cumplido cada exigencia de Rodrigo, firmando cuanta disposición legal le fuera requerida, asumiendo el riesgo constante de quedar en la calle si él decidía abandonarla definitivamente. Sin embargo, ningún sacrificio había surtido efecto. Los mínimos depósitos asignados a su cuenta corporativa familiar eran estrictamente monitoreados para impedir cualquier uso personal; desde hacía tres años, ella se había despojado de toda dependencia económica directa para evitar servir de pretexto a los juicios sumarios de su esposo. Para cubrir los crecientes costos médicos de los tratamientos de su madre, los cuales superaban con creces los límites impuestos por Rodrigo, Meredith se habíavisto obligada a buscar empleo en secreto. Desde hacía tres años se desempeñaba con sobresaliente rendimiento como secretaria en un prestigioso bufete de abogados. De allí provenían sus únicos ingresos autónomos, los cuales administraba con precisión milimétrica mientras continuaba residiendo en la mansión por estricto rigor contractual. Cada paso que daba estaba jurídicamente medido, pero la enfermedad degenerativa de su madre avanzaba sin tregua, incrementando la sensación de asfixia. Además, arrastraba una deuda financiera con su mejor amigo, John Fiché, quien se había consolidado como su soporte emocional incondicional durante los últimos dos años. John, recientemente divorciado, conocía cada recoveco de la compleja realidad de Meredith, respetando sus silencios y ofreciéndole un espacio seguro de desahogo. Aunque albergaba sentimientos románticos hacia ella, John comprendía con dolorosa claridad que el corazón de Meredith seguía anclado en la trágica ilusión de recuperar a Rodrigo. —Hoy es el gran día, ¿no es así? —inquirió John con suavidad. Ambos compartían el almuerzo en el restaurante predilecto de Meredith, ajenos por completo a la presencia de Rodrigo, quien, desde la tercera planta del establecimiento, los observaba con una mezcla de desprecio y frialdad mientras intentaba finiquitar asuntos corporativos con su representante legal. —Sí... ¿terminaste con los pendientes? —preguntó Meredith, con la voz teñida de una incomodidad inocultable, agobiada por el pensamiento recurrente que le había robado el sueño la noche anterior. —Lo siento, no era mi intención remover el pasado —se disculpó John al notar la tensión en sus facciones. —No, no eres tú, soy yo... Sencillamente no he podido conciliar el sueño en días —respondió Meredith, frotándose las sienes con evidente agotamiento físico y mental. —¿Crees que aparezca esta noche? Lleva días sin pisar la residencia. ¿Te has detenido a pensar qué hace cuando no está contigo? Cariño, han pasado cuatro años en esta montaña rusa emocional; ¿de verdad sigue quedando espacio para la esperanza? Las palabras de John actuaron como un dardo preciso. Meredith desvió la vista, sintiendo un ardor punzante en el pecho. Se había formulado ese mismo interrogante innumerables veces en la oscuridad de su alcoba, incapaz de procesar el terror latente de imaginar a Rodrigo en brazos de otra mujer. —No lo sé... Quizás ya tenga a alguien más. Yo... —murmuró, bajando la mirada hacia la taza de café para ocultar las lágrimas que amenazaban con desbordarse, mientras respiraba hondo en un intento vano por estabilizar su pulso. —Perdóname, debí callar. Pensé que exteriorizarlo te ayudaría. Están a dos meses de cerrar este ciclo de tormento y todavía te percibo intentando tender puentes que él se encarga de demoler sistemáticamente. —Porque ya no le quedo yo, John. Ni siquiera se digna a probar la comida que le preparo; su secretaria me confirmó que termina en la basura. ¿Con qué propósito sigo haciéndolo? No lo sé. Era uno de nuestros rituales cuando éramos felices. Es desconcertante: aparece de la nada y, cuando lo hace, solo busca el enfrentamiento. Por más que intento suplicarle que me escuche o que, al menos, considere perdonarme... Un suspiro profundo, cargado de un dolor visceral, cortó su frase. Lo amaba con una intensidad que rayaba en la autodestrucción; la culpa por el pasado la perseguía como una sombra perpetua. John extendió la mano con delicadeza sobre la mesa, rozando sus nudillos en un gesto de empatía pura. Sabía la clase de mujer excepcional que tenía en frente: atenta, abnegada y dispuesta a soportar la ignominia con tal de mantener vivo un vestigio de afecto. Sin embargo, en los últimos tres meses, el desgaste había hecho mella. Meredith había dejado de enviarle alimentos, de llamarlo y de escribirle mensajes de texto; incluso había renunciado a esperarlo despierta en el salón para sostener discusiones infructuosas. Aunque el instinto de persistir seguía latiendo, la prolongada ausencia de Rodrigo abría un abismo insondable. Cada noche se acostaba intentando arrancar de su memoria los fragmentos de lo que alguna vez fueron. —Tranquila, cariño. Todo terminará por acomodarse. Siempre he defendido que las circunstancias ocurren por una razón superior. Quizás ha llegado el momento de decretar tu propia rendición, de mirarte al espejo y apostar por ti misma. Sé que el desprendimiento duele, pero es la única salida saludable. Meredith se secó con disimulo una lágrima rebelde que surcaba su mejilla y dio el último sorbo a su taza. —Vámonos. Es hora de incorporarnos a la oficina —expresó, con el eco de una opresión constante atenazando su caja torácica. John la acompañó hasta la salida del local, guiándola con una galantería sutil que logró arrancarle una sonrisa genuina en medio de la tormenta. Esa escena, captada desde las alturas por los ojos de Rodrigo, terminó por confirmar en su mente prejuiciosa todas las sospechas de infidelidad. El empresario contempló la complicidad entre ambos con una mueca de ironía amarga, convencido de que las lágrimas y los pedidos de perdón de su esposa no eran más que una farsa calculada para manipularlo. Dominado por la ira y el desequilibrio emocional, regresó a su mesa de negociaciones con el cliente potencial. —Señor Smith, he examinado minuciosamente cada cláusula y considero que su propuesta es excelente. Si su esposa da el visto bueno final, procederemos a la firma sin objeción —afirmó el ejecutivo invitado. —Perfecto. Me comunicaré con usted en cuanto concretemos los detalles formales —respondió Rodrigo con fría elegancia. —Muy bien. Que tenga una excelente tarde. El Retorno a las Sombras Tras una jornada extenuante, Rodrigo buscó refugio en el ambiente denso y oscuro de un bar exclusivo. La imagen de Meredith sonriendo junto a su compañero de trabajo había permanecido grabada a fuego en su mente durante todo el día, avivando el rencor acumulado por la muerte de su padre y los años de desolación. Faltaban solo sesenta días para disolver formalmente la farsa de su matrimonio; sin embargo, una corriente subterránea de obsesión y resentimiento le impedía pasar la página con absoluta indiferencia. Ebrio y taciturno, abandonó el establecimiento pasadas la medianoche. Su chófer particular lo condujo directamente a la imponente mansión, aquella misma propiedad que él mismo había adquirido e iluminado con ilusiones cuando eran novios y soñaban con un futuro compartido. En aquellos días, habría entregado el universo entero con tal de complacer aquellos ojos color café y esa cascada de cabello n***o que lo despojaban de la razón. Estaba perdidamente enamorado de una mujer que, a sus ojos, había resultado ser la artífice de su mayor ruina. No lograba perdonar el engaño, ni la pérdida irreparable que este conllevó. En lo más profundo de su conciencia, reconocía que, si ella se lo hubiera pedido con honestidad en el pasado, le habría otorgado todo; sin embargo, la traición había destruido los cimientos de su confianza, convirtiendo el afecto en una pesada carga que arrastraba desde hacía demasiado tiempo. Al cruzar el umbral de la residencia, tras semanas de prolongada ausencia, la encontró sentada en el salón principal. Tenía una copa de whisky en la mano y portaba esa misma expresión distante y vacía que caracterizaba sus escasos encuentros. Meredith había deseado fervientemente que él decidiera no aparecer esta noche; conocía muy bien el patrón: Rodrigo solo regresaba cuando necesitaba canalizar su frustración o exigir firmas en documentos corporativos y órdenes de gestión que le permitían recuperar el control absoluto de sus empresas bajo la fachada legal de la tutela conyugal. Cada trámite era una ejecución simbólica destinada a recordarle su inferioridad en el tablero. Al notar la ausencia de carpetas o papeles sobre la mesa de centro, comprendió de inmediato que esta vez el motivo de su visita no obedecía a cuestiones administrativas, sino al habitual ajuste de cuentas emocional. —Mírala... Ahí está mi ejemplar de esposa perfecta. ¿Cómo ha transcurrido tu día, cariño? —inquirió Rodrigo, con un veneno sutil destilando en cada sílaba.

editor-pick
Dreame-Editor's pick

bc

Una niñera para los hijos del mafioso

read
62.1K
bc

Domando al Amor

read
7.0K
bc

La esposa rechazada del ceo

read
225.1K
bc

el amor lo cura todo

read
2.5K
bc

MI POBRE ESPOSO MILLONARIO

read
17.0K
bc

Tras Mi Divorcio

read
578.9K
bc

DIVORCIADA: MI EX-MARIDO ME QUIERE DE VUELTA

read
6.9K

Scan code to download app

download_iosApp Store
google icon
Google Play
Facebook