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Clandestino

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Blurb

¿Qué pasaría si toda tu vida se centrara en estar arriba del ring para huir de la realidad? Esa es la vida de Sharon, una chica ruda pero sensible debido a una vida difícil, desde pequeña tuvo que convivir con una madre alcohólica y un padre golpeador. La única libertad que tenía y la única forma de desatar su ira eran durante las noches en peleas clandestinas.

¿Y qué pasaría si tu vida se centrara en un escenario bailando para poder ayudar a tu madre y a tu hermana? Esa es la vida de Luca un increíble y sexy strippers, quien logra provocar un increíble deseo con el solo hecho de mirarte con sus espectaculares ojos azules.

Lo que no tienen en mente ninguno de los dos es que la noche clandestina que los une, se convertirá en una maldita pelea constante para tratar de no enamorarse entre ellos…

 

… Intentar no arrastrar al otro a su vida miserable.

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Capítulo 1: Sharon. ¿Cómo comenzó?
La vida es una mierd@, lo sé de antemano. Créanme lo sé. Cuando eres pequeña estas permanentemente jugando con tus muñecas, yendo a fiestas de pijamas, coqueteando con los chicos y juntándote con tus amigas. Eres una verdadera niñata en esa época. Esa es la vida que tenían mis compañeras de colegio, la vida de salir y disfrutar hasta el último momento de la adolescencia, sin embargo, mi vida fue distinta. ...Seis años atrás… Desde que nací, pero en realidad desde los doce años hasta mis dieciocho, sobreviví a todas las malditas piedras que me ponía la vida para tropezarme. Nunca fui a una fiesta en el colegio, no jugaba con muñecas porque no tenía tiempo. Mi vida siempre fue sobrevivir, sobrevivir a mis padres. Estos últimos, que eran mi núcleo familiar, hasta los doce años de mi vida, eran por así decirlo felices. No teníamos muy buena economía, pero seguíamos adelante. Mi madre era feliz, mi padre también. Hasta que lo echaron de la fábrica donde trabajaba dejándolo sin nada por delante, cayó en depresión, sintiéndose un fracaso y dejando a un lado la responsabilidad que tenía con su mujer y su hija, ósea yo. Teniendo mi madre que trabajar para nosotras dos, ya que con él no podía contar. Fui testigo de todas las noches en las que los escuchaba pelear, gritándose fuertemente entre ellos y hasta arrojándose objetos el uno al otro que terminaban rompiéndose al tocar la pared o el suelo, pero sin observarlos solo oírlos. Fueron noches en las que me asustaba mucho ya que las peleas se producían por la irresponsabilidad de mi padre, llegando tarde a casa, gastando la poca plata que teníamos en el juego, bebida y sexo barato. Mi madre cansada y asqueada con el mismo tema opto por el camino del alcohol y los cigarrillos, estos eran su desayuno, almuerzo y cena. Nunca comía solo bebía y fumaba. Así que aprendí sola todo lo que se hasta ahora, nunca dejé la escuela. Dado que quería tener un futuro y era el único lugar donde podía despejar mi mente de los terribles problemas familiares. Me sentía segura de mi misma, sabía lo que tenía pensado ser y lo que no. Una de las cosas que prometí es nunca enamorarme de ningún perdedor como mi padre o mejor dicho ningún hombre. Vivía alejando a las personas que sentían algo por mí. Una tarde al llegar a casa del instituto, cuando tenia dieciocho años, mi madre se encontraba sola, sin mi padre, durmiendo en el sillón del comedor con la tele encendida. Estaba completamente borracha y roncaba. Esa es otra cosa de las que no sería jamás, es vergonzoso y da pena. Fui directo a mi habitación a colocar mis cosas e ir directo a la cocina para empezar a cocinarme algo como todas las noches, prácticamente lo hacía siempre para mí. Algo extraño sentía, tenía un mal presentimiento desde que me levante para ir al colegio y desde luego esa misma noche fue cuando se desato la tragedia… Mi padre había vuelto a casa borracho, enojado por haber perdido la plata que le sacaba a mi madre en más apuestas. Dio un tremendo golpe en la puerta al ingresar, haciendo temblar los vidrios de los muebles que teníamos en el comedor, estaba furioso, lo conocía. — Sharon ¿Dónde demonios estás? — sabía que tenía que huir, otra vez volvería a tener mi cuerpo marcado por sus golpes, cada vez que venía a casa se la desquitaba conmigo, desde que era niña lo hacia. Lo odiaba. Yo no tenía la culpa de lo que le pasara en la vida, él era grande y sabia las decisiones que tomaba. Sin embargo, se las desquitaba conmigo, una adolescente de dieciocho años. Dude cada paso que daba hasta el comedor. Tenía miedo, estaba horriblemente aterrada. No quería más esto, estaba cansada. Me pare a unos cuantos metros de distancia de mi padre. — Ahí estas imbécil, hoy volví a perder, y todo por tu culpa. Desde que naciste, todo cambio en mi vida. Eres la maldita mala suerte. Su cara estaba compuesta de rabia, tenía su ceño fruncido, sus ojos no tenían una clara orientación de lo que veían y sus pupilas estaban dilatadas. Me odiaba, lo sabía, me lo recordaba cada noche desde que lo sacaron de la fábrica. Me recordaba que era la culpable de su miseria y de toda su mala suerte. Pero yo no me lo creía, él era el maldito idiota perdedor que se forjo su destino. — Déjala en paz Rony. - dice mi madre desde el lugar donde la encontré hace un rato cuando llegué a la casa, se había despertado por el golpe en la puerta o por la voz alta de mi padre. — tú eres el único perdedor que provoco todo. Y allí comenzaban las discusiones rutinarias, las peleas de quien era el culpable de nuestra gran vida miserable, y yo siendo testigo como siempre. Mi padre se abalanzó ante mi madre dándole un buen golpe en su cara haciéndola caer hacia atrás. Me quede paralizada, fue demasiado rápido el movimiento e inesperado, es cierto que estaba acostumbrada a escuchar sus peleas o verlas. Pero nunca, juro que nunca vi que mi padre le levantara la mano. — ¡¡mama!! – corrí hacia ella. Mi madre era una víctima más de mi padre, si no fuera por él, ella no se hubiera convertido en una maldita alcohólica, ella no soporto la ignorancia e irresponsabilidad de mi padre con su familia, y mucho menos que él le fuera infiel. Es un imbécil. — Estoy bien, estoy bien Sharon. – me dijo mientras se limpiaba la sangre que le salía de la nariz, su perfecta cara pálida de ojos azules estaba sorprendida, tenia los ojos amplios y comenzaban a asomarse en ellos una línea de lagrima contenidas, no imaginaba al igual que yo que mi padre la lastimaría. – eres un maldito Cabron, como te atreves a levantarme la mano, infeliz. — Tu no me vas a decir como tengo que tratarte... — le dijo agarrándola del pelo y tirándome a un lado, mi padre un hombre mas fuerte que nosotras que media alrededor de 1.80 y que pesaba mas de 100 kilogramos, además de corpulento con los brazos bien ejercitados debido a sus años de levantar hierros en la fabrica, la estaba maltratando. Mi madre estaba gritando, diciéndole que la suelte, pero él no lo hacía, la arrastraba por todo el comedor, golpeándola y arrojándola por todas partes, su cuerpo sonaba en las paredes y se escuchaba un ruido seco cuando cae al suelo. No podía soportar eso. — ¡¡suéltala, suéltala!! — le digo golpeándole la espalda, estaba enojada, no quería que le haga daño. La estaba lastimando. Me tiro de un manotazo hacia atrás otra vez y corrió hacia mí, golpeándome con la mano y después sacándose su cinturón, provocando fuertes dolores en mi cuerpo. — Tu eres la culpable, tu. Saliste igual de put@ que tu madre, son mi mala suerte. Te matare. — su mirada contenía rabia estaba completamente ido. Trate de alejarlo de mi pero mi cuerpo, aunque era grande, no era el mismo que el de una persona de treinta y cinco años. Lo rasguñe, lo patee, lo mordí. Hice todo el maldito intento para sacármelo de encima, pero era en vano. Él era más fuerte. De pronto los golpes se detienen y siento el cuerpo de mi padre sobre mí. Miro hacia arriba, aterrada encontrando los ojos de mi madre con lágrimas y asustada, bajo más la vista para ver que tenía un palo de amasar en la mano con un poco de sangre, lo había golpeado. Mi madre me había ayudado. —Oh hija mía, lo siento tanto. — me dice sacándome de debajo de mi padre y abrazándome. No podía creer lo que sucedió. Estaba en estado de shock. Después de media hora una patrulla policial y una ambulancia estaban en mi casa. Mi madre no logro matar a mi padre, a este lo curaron los paramédicos y estando aun inconsciente y desvariando se lo llevo la policía. Mi madre levanto cargos por agresiones físicas hacia ella y hacia mí. Una mujer policía le tomaba las declaraciones, a cada momento mi madre paraba su relato y comenzaba a llorar. Un médico se acercó a mí para curarme algunas heridas cortantes que tenía, eran mínimas. — ¿Qué edad tienes? – me pregunta con una voz tranquila y gruesa, mientras me limpiaba la sangre que tenía en el costado izquierdo de mi labio. Era una persona mayor, canoso y de anteojos. — Dieciocho. — Eres una adolescente. No puedo creer lo que paso. ¿Cómo te llamas? — Sharon. — Bueno Sharon, yo soy el doctor Lincol. ¿Cómo te sientes? ¿Te golpeaste la cabeza? — No – suspiro. - Estoy bien. — Bueno. Le daré a tu madre algunos analgésicos y antiinflamatorios por si te duele algo o por si se inflaman algunas partes de las lesiones que tienes, pero no debes dormir por lo menos por tres horas, y si te sientes mareada o con sueño vayan directo al hospital. ¿Sí? Asentí. No quería hablar más, solo quería estar acostada en mi cama olvidándome de lo que ocurrió. Quisiera que todo fuera una pesadilla y no la realidad, no sé en qué momento de nuestras vidas todo se fue de nuestras manos. La policía se fue y los paramédicos también. El doctor Lincol le dio a mi mama las pastillas y le dijo lo mismo que a mí, que si tenía sueño o estaba mareada que me lleve al hospital. Y que ella haga lo mismo si se sentía de igual modo. A la mañana siguiente llego mi tío, el hermano menor de mi madre de veintidós años. Le prometió quedarse con nosotras para que estemos seguras. Luego de dos semanas de esa noche horrible, mi mama le decía a mi tío Bob que mi padre tenía que cumplir una condena de tres años en la cárcel por lesión y agresión corporal, física y mental. Pudiendo salir antes si pagaba una fianza. Sin embargo, no tenía como hacerlo, así que estaría encerrado por un par de años. Pero no me quedaba tranquila, a pesar de que el abogado le había dicho a mi madre que tenía una restricción de no acercarse a nosotras esto no hacía nada, era solo un papel con estupidas palabras, no una barrera. — No te preocupes hermana. Yo las cuidare. – dice mi tío. Acariciando el hombro de mi madre, la cual estaba tensa, tapándose la boca con el puño y pensativa. — Lo sé. Pero todo esto no hubiera pasado si lo hubiera detenido antes. — No es tu culpa. El mismo se lo busco. – mi tío apretaba sus manos en un puño. Estaba enojado con mi padre. — Si yo hubiese estado aquí, nada les hubiera pasado… — Ya está hermano... Sharon ¿quieres que preparemos algo rico a la noche? – pregunta mi madre desviando el tema. — Si mama. – levanto la mirada de mi libro para contestarle. – pero antes tengo que prometerte algo. — ¿Qué cosa? Mi madre me miraba directo a los ojos. Esperando la respuesta a lo que le iba a prometer. Me la pase estas dos semanas entrenando con mi tío Bob sobre artes marciales, defensa personal y King boxing. Este último me gustaba más, porque a través de las patadas y los puños podía liberar toda mi bronca y mi irritación. Pero él me dijo que también tenía que utilizar mi mente, no solo mi fuerza así que agrego las primeras dos. Estaba decidida a no dejar que nadie más me lastimara ni lastimaran a los que quería. Tenía que aprender a defenderme y a golpear. Tenía que proteger a mi madre. Tenía que pensar en que en solo tres años volvería a ver al idiota de mi padre, volvería a querer agredirme. Y quería estar preparada. Esta vez no sería una niña tonta, estaría completamente preparada para cuidarme. Respire profundo y me acerque a mi mama. La miré directo a los ojos y puse una expresión seria con el ceño fruncido. Ella era todo lo que me quedaba, ella me salvo de mi padre cuando quería matarme, me salvo de su propio marido… — Te prometo que mientras estemos juntas y este viva nunca más te van a hacer daño, jamás.

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