La temperatura en la habitación era muy alta. Deberían bajar la calefacción o enfriar el calor corporal de las mujeres que había ahí. Me incluyo en la segunda teoría, mis hormonas me dominaban por completo. Cuando salió el representante masculino a la escena la multitud comenzó a enloquecerse, sedientas y esperando por más. — ¿Lo puedes creer? - dice Sara sorprendida y completamente colorada. — Me miro, se desnudó para mí. — Sara, se desnudó para todas. — Sí, pero no las miraba a ellas, me miraba a mí. Dios es tan caliente. – se abanica con una mano y con la otra se toca el pecho, tratando de relajarse de la excitación que tenía. — Dios contrólate, amiga. – le digo sirviéndole una copa de champagne. Se la toma de un trago. Creo que esta noche deberé ser yo la conductora designada o

