Capítulo 7: Sharon Lo Odio… Eso creo (parte I)

2650 Words
Este chico es un idiota. Un increíble y sexy idiota. No sabía que responderle a la insistencia de salir con él, no es que no quiera, es que no sé, no sé si debería salir con él, no tengo una excusa concreta, por ahí tengo miedo de sentir algo más fuerte que un simple gusto. Si me gusta, pero no quiero que pase a más. Prometí no enamorarme, no de un idiota. Ya conozco demasiados en mi vida, y en primer lugar está el idiota de mi padre. Pero la cuestión es ¿Qué hacia él ahí?, cuando subí al ring pude ver su expresión en la cual no sabía si definirla como sorprendido o espantado de darse cuenta que la camarera que conoció era una luchadora. Cuando derrumbe a la cobra y mire a su dirección estaba inexpresivo, tenía sus increíbles ojos tranquilos, su frente fruncida y su boca en una perfecta línea horizontal. No se reía, no gritaba ni aplaudía, estaba quieto demasiado tranquilo. Luego, cuando un tío bloqueo nuestra mirada, baje del ring rápido metiéndome en los vestuarios. Dijo que peleaba “bien” pero puedo notar en su voz que quería decir más que eso. — La tierra a Sharon, la tierra a Sharon. Wilson tenemos problemas. – dice Bob interrumpiendo mis pensamientos. Desde que subí al auto no les preste atención ni a él ni a mi amiga. Simplemente me acomode en el asiento de atrás y mire todo el tiempo en la ventana pensando en Luca. Lo miro detenidamente a través del espejo del auto, encontrando su mirada. — ¿Qué? — Nada. simplemente estuviste callada todo el viaje. Ya llegamos. — Ah. — Así que si no te importa. – dice mi amiga interrumpiendo a mi tío. — Saca tu maldito trasero boxeador del auto, debemos arreglarnos para salir. — Sara… - empecé, pero ella salió rápido del coche y en el siguiente movimiento abrió mi puerta. — Nada de Sara, guapa sal de ahí y vamos directo a prepararnos ¿entendiste? – Estaba irritada con la misma actitud de una niña de quince años. Frunció el ceño, y sus labios estaban convirtiéndose en una increíble línea horizontal. Suspire y baje del auto. — Vamos a prepararnos. Subimos a mi apartamento abrazadas, ahora mi amiga tenía una gran sonrisa en su estúpida cara, era increíble como cambiaba el ánimo en menos de un minuto. Igual la quiero, es mi mejor amiga, como si fuera una hermana. Sara se metió directo en mi habitación, seguro para revisar mi mueble de ropa. Mucho no encontraría ya que no tengo variedad de indumentaria para salir. Mi ropero se basaba en calzas, remeras y jeans. Aparte de solo tener un par de zapatos rojos que utilice una sola vez, y muchas zapatillas. Me fui directo al baño para darme una ducha, estaba cansada, y a decir verdad preferiría estar abrazada en mi cama y ver la tele. Cerré la puerta del baño y saque una toalla del mueble. Dios, no podía creer la imagen que estaba enfrente de mí, definitivamente el espejo estaba sucio, ese reflejo no era mi cara, y sobre todo ese moretón en el lado izquierdo de mi mandíbula. Toque con la yema de mi dedo índice la herida, dolía, así que si era lo que reflejaba el estúpido espejo. Mañana estaría peor si no me coloco una bolsa de hielo ahora mismo. Me desvestí rápido y me metí en la ducha. Sara ya había puesto música para el momento en el que termine. Esta chica era increíble sabía que es lo que me gustaba y me relajaba. — Bien, ya tengo tu ropa arriba de la cama, entra y póntelo. Oh dios, voy a traerte una bolsa con hielo, ese moretón ya se ve horrible, que gancho te pego esa cobra. – dice Sara. — De seguro ella estará peor mañana. – me rio maliciosamente, acordándome de los golpes que le había dado. — Oh sí, pero tú necesitas pararlo en este momento. Se da la vuelta y se dirige a la cocina. Cuando entro a mi habitación, mentalmente digo NO a lo que se encontraba arriba de mi cama. No me iba a poner ese estúpido top rojo, y obvio que mi respuesta iba a ser negativa a esa pollera negra, más que pollera parecía un pequeño trapo n***o para el pelo. Me pongo automáticamente colorada cuando veo un conjunto de encaje n***o diminuto al lado de ello. Una tanga. Nunca use eso en mi vida, era nuevo con etiqueta y todo. — Toma la bolsa. – me dice Sara tirándome la bolsa con hielo. — Vístete rápido quiero tapar ese moretón con maquillaje. — Definitivamente no me pondré eso Sara. –le digo señalando la ropa seleccionada por mi amiga. Especialmente el conjunto n***o. — Oh sí que te lo vas a poner. Primero porque es un regalo mío hacia ti por el triunfo, y segundo porque no te lo pido, te estoy obligando a que te lo pongas. – dice, cruzándose de brazos y parándose firme. — Sara nunca use algo así, y hoy no va a ser una excepción. — Pero no te pondrás jeans ni calzas, es un lugar muy exclusivo y elegante, no vas a ir vestida como una pordiosera. — ¿y tú que te pondrás? – le digo frunciendo el ceño. — Ese vestido morada que ves ahí, con los zapatos negros de plataforma altos. Y tú llevaras eso, con tus zapatos rojos, que es lo único que encontré para que quedaran bien. — Sara, por favor. — No, nada de por favor, te suplico yo Sharon, vives escondiendo tu cuerpo, y es hermoso, solo por esta vez hazlo por mí. – me suplica juntando sus manos, y poniéndose triste. Maldición odio eso, odio que me supliquen me hace ver como una maldita perra. — Solo por hoy y por ti. — Gracias. –dice saltando a mi lado, abrazándome y sonriendo completamente feliz. Su bipolaridad volvió. Nos cambiamos las dos juntas, hemos compartido vestuarios durante años, así que no nos daba vergüenza desnudarnos la una de la otra. El vestido morado le quedaba hermosísimo, pegado al cuerpo, resaltando su linda figura parecida a una guitarra. Se soltó su pelo oscuro y se lo aliso mientras terminaba de cambiarme. El top era realmente ajustado, dejando al borde mis pechos, un mal movimiento y saldrían disparadas. Ni hablar de la pollera, apenas llegaba a cubrirme el trasero, era demasiado corta, no quiero ir así, pero se lo prometí. — ¿feliz? – le digo. Estaba de espaldas hacia mí, pintándose frente al espejo que tenía sobre el mueble de madera. Se da la vuelta y se queda con la boca abierta sin terminar de colocarse el lápiz labial de color bordo, me mira de arriba abajo con los ojos bien abiertos, regresando de una buena ves a mi cara. — ¿y? – pregunto impaciente con los brazos levantados a la altura de los hombros. Estaba horrible lo sabía, y además de eso vestida como una prostituta. — Estas… bellísima Sha… estas malditamente sexy. – no me esperaba eso, baje los brazos y me puse colorada, podía sentir el calor en mis mejillas. — Gracias, pero no me gusta vestir así. — Basta, estas de put@ madre mujer, esta noche todas las miradas estarán puestas en ti. –dice entusiasmada. — Genial, justo lo que necesito. Estoy contentísima. – le digo sarcásticamente. — No me importa tu sarcasmo. Ven aquí que tengo que arreglarte el pelo…. Emmm y esa mancha en tu mandíbula. – dice frunciendo el ceño preocupada por mi moretón. Suspiro y me acerco hacia ella, para tener mi sesión de maquillaje y dolor capilar. Luego de casi veinte minutos de habernos cambiado y dos horas más de maquillaje y peinados, subimos al auto de Sara para ir directo al club donde me invitaba esta noche. Me entrego dos entradas que saco de la guantera del auto y los puse en mi bolso de mano color rojo. Viajamos casi una hora hacia el boliche. Durante el viaje le había preguntado que se basaba el club ya que muchos de los que hay en la ciudad tienen distintas pistas de baile. Me dijo que se llamaba Exclusive Woman, en las primeras dos horas había show solo para mujeres, donde ese show era de strippers. El hecho de ver a unos cuantos muchachos bailando sin ropa me ponía ansiosa. No es que no haya visto a un chico desnudo nunca, ya que no soy virgen, pero esto era diferente, no sería íntimo. Seria público y posiblemente placentero. Nos estacionamos en una de las entradas del Club, la temperatura era extremadamente alta. No sé si porque hacía calor o porque las luces de neón del club hacían volar mis hormonas. El lugar ocupaba una manzana de lo grande que era. Tenía dos entradas, ambas tenían dos títulos distintos, en la primera donde estábamos ya haciendo la fila con Sara decía Exclusive Woman en letras de color rosa encendiéndose y apagándose una a una hasta quedar todas las palabras prendidas llamando la atención. La otra entrada titulaba Club Nigth, con una estrella y una luna al finalizar la última palabra, en luces de neón color azul. Esa sería el acceso para el público mixto, ósea para disfrutar de la discoteca. Ingresamos a la gran sala, estaba a oscuras algunas luces blancas iluminaban el escenario que poseía un piso de color n***o y un telón de color rojo pasión. Delante de este había muchas mesas, que ya estaban ocupadas, Sara no estaba contenta porque quería estar a primera vista, así que nos sentamos en la tercera fila, que de todas formas quedamos frente a él. Música movida golpeaban las paredes del lugar dando al ambiente más lujuria de la que había. Los meseros eran todos hombres, morenos, rubios, morochos en pantalón n***o y sin remera, con unos increíbles abdominales y la mayoría con tatuajes llamativos. Cada vez que pasaban Sara les tocaba sus extremadamente sexys abdominales. Y estos le devolvían una sonrisa de gusto. — ¿Estás loca? – le digo cuando toca a su cuarto mesero. — No. Simplemente liberada – dice tocando a un quinto. Esta chica es increíble. Increíblemente loca. Las luces se hicieron más intensas los cuales provocaron gritos y aplausos, estaban con las hormonas al cielo estas mujeres. — Señoritas ¿les puedo traer algo para beber? – pregunta un morocho de ojos verdes, sus rasgos eran muy masculinos, desde su frente, nariz, hasta su mandíbula cuadrada perfectamente afeitada. Desplego una gran sonrisa mostrando sus dientes blancos, tan blancos que dolía con verlos. — Oh sí. ¿estas tu a la venta? – dijo Sara mientras lo mira de arriba abajo mordiéndose su labio inferior. — ¡Sara! – le grito. – disculpe, yo si deseo tomar algo. Un daiquiri de durazno por favor. El morocho me mira despegando la mirada de mi amiga, sus ojos verdes eran intimidantes, me mira de arriba abajo y sonríe, guiñándome un ojo asiente con la cabeza, y por último clavando la mirada en mis pechos. Les juro que si no me quita la mirada le pateare las bolas, ya daba miedo la forma en que lo hacía. Parecía desnudarme. Punto negativo para Sara por obligarme a vestir así. — Yo deseo un wiski con cola. Gracias. — Ya se los traigo bonitas. – se da la vuelta y se dirige a la barra. En menos de cinco minutos nos trajo los tragos en una bandeja, y dejo aparte un champagne con dos copas y un tubo con un líquido rojo. — Solo pedimos los tragos - le dije sorprendida. — Si señorita, pero esta botella es un regalo de la casa que os da el dueño de la barra. – señala al lugar donde había un muchacho tan joven como el, con un cabello rubio dorado y muy atractivo vestido de traje. — Gracias. – decimos las dos al mismo tiempo y levantamos la mano saludando al rubio, y este hace lo mismo combinado con una sonrisa. Una música de apertura como se escuchan en los cines me sorprendió, luego que finalizo un hombre vestido de traje salió detrás del telón rojo. Lo recibieron con aplausos, gritos e incluso silbidos. — Buenas noches Mujeres de la noche, ¿están preparadas para otra noche ardiente? - todas gritan si con toda la fuerza de sus pulmones. — Bien, hoy tendrán a cuatro ardiente, sexys y hambrientos hombres de lujuria para ustedes. – otra vez gritos. — Como todas las noches os recuerdo que está prohibido filmar y sacar fotos, no queremos que ninguna se quede fuera por hacer eso, así que están advertidas. Apaguen sus celulares y disfruten del increíble Espectáculo de Exclusive Woman. – gritan, aplauden y saltan en sus lugares completamente locas. El hombre continúa. — Para la primera presentación déjenme decirles que este hombre está buscando a su acompañante de viaje para llevarla a el más placentero lugar jamás visto… denle un fuerte aplauso con gritos y ajusten sus bragas porque comienza el show de Nick “el piloto” Mark. El hombre desaparece por un costado y se abren las cortinas del telón. Comienza un sonido del ascenso de un avión. Realizaron un perfecto fondo con una imagen de una playa con un avión de costado, de ahi descendía el grandote Nick, debería medir aproximadamente dos metros, eran dos metros de puro musculo, tenía un gorro de piloto y unos anteojos negros oscuros acompañados con una hermosa sonrisa de perversión, su camisa blanca con asignaciones de aviador le quedaba muy ajustada, al igual que su pantalón, que para mi sorpresa ya tenía una enorme forma abultada y apretada en la entrepierna. Cuando el hombre se pone en el centro del escenario el sonido se acaba y comienza una música lenta, muy lenta y sexy. Comienza a bailar y a quitarse la ropa lentamente, hasta quedarse sin ella, se baja del escenario, agarrando a una de las mujeres que estaban en la primera fila. Esta grita y aplaude, hasta le toca su parte íntima caliente, este comienza a reír, le da un beso en la mejilla y la deja sentarse devuelta. Vuelve a subirse al escenario y se coloca de espaldas, se saca su gorra dejando caer su cabello rubio, se quita los lentes y se da la vuelta. Automáticamente miro a mi amiga que ella hizo lo mismo boquiabierta. — No puede ser. – dice con sorpresa en sus ojos y volviendo la mirada al escenario. Sí. Si puede ser. Era el rubio con el que ella hablo dos veces, el rubio que entro hoy a la cafetería y estaba en el estacionamiento después de la pelea. El amigo rubio de Luca. Era stripper es increíble, su cuerpo estaba bien tallado, y bien repartido. Su baile estaba llegando al final por lo cual ya se había sacado el pantalón. Solo quedo en un bóxer n***o. Levanto su vista que estaba puesta en la primera fila y miro a mi amiga y luego a mí, comenzó a sonreír aún más ampliamente. Se dio la vuelta sin quitar la vista de Sara y luego se sacó el bóxer mostrando su increíble trasero. Mi amiga tomo mi mano y la apretó con fuerza con la boca abierta perdida en el chico. Por último se dio la vuelta, tapándose su m*****o y le guiño un ojo a Sara y bajo la vista, el movimiento que hizo fue muy lento, con una mano sostenía su hombría y con la otra la destapo al llegar al final de la música. Mostrando su increíble erección. Aplausos inundaron la sala, chicas levantándose de sus lugares gritando completamente excitadas. El muchacho saludo a la sala y se fue del escenario sin despegar la mirada de Sara observándola con una gran sonrisa de satisfacción...
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