Siempre que estoy arriba del escenario no le prestó atención a la mayoría de las mujeres que se encuentran allí. Pero ahora no estoy bailando, no estoy trabajando, estoy sentado con mi mejor amigo y compañero de la vida en una cafetería esperando a ser atendido. En ese momento se acerca ella, una increíble chica, increíblemente guapa.
Tiene el cabello color miel dorado recogido en una coleta, me quede aturdido ante sus ojos grandes, hermosos, expresivos, lucientes de un extraño color, se podría decir que es una mezcla de verde con azul. Eran llamativos, malditamente llamaban la atención. Había una pizca de lujuria en ellos, lo sé. Los rasgos de su cara eran bien definidos, nariz pequeña, cejas depiladas con cuidado, pestañas negras perfectamente arqueadas. Su boca era la mayor de las tentaciones, era hermosa, los labios eran gruesos, esos labios eran perfectos para pasarte todo el día besándolos. Maldita sea hasta su cuerpo era de una perfecta modelo, como las que me gustan a mí, no era demasiada flaca ni demasiada rellena, era un cuerpo normal, perfecto trabajado seguro con años de entrenamiento y dietas. Esta chica hacía que reaccionara en menos de un segundo al verla caminar hacia nosotros, moviendo sus increíbles caderas en un short n***o, que se los arrancaría con los dientes. Oh si, ya mi cerebro estaba encendido en depredador s****l. Debía tratar de apagarlo, debería…
— Buenos Días caballeros, ¿Qué desean desayunar? – pregunta la más sexy de las camareras una vez que estaba en nuestra mesa, hasta su voz dulce y calmada hacía que mi entrepierna doliera de la erección que se estaba produciendo, joder debo calmarme.
— Yo quisiera un cappuccino con una porción de tarta. – dice Nick, mirando a la chica de arriba abajo. Este chaval era más pervertido que yo. Estaría pensando la forma de sacarle su número, de eso estoy más que seguro.
— ¿Qué tipo de tarta señor?
— Oh solo llámame, Nick, preciosa. ¿Cuál es la mejor?
— La tarta de almendras es deliciosa, señor Nick. - dice irónicamente, colocando una mano en su cadera y levantando una ceja apenas cabreada.
Me reí por dentro al escucharla a la chica decirle de forma irónica y sarcásticamente esas últimas palabras. Además de bonita, tenía un temperamento del infierno.
— Comeré esa… tengo el presentimiento de haberte visto en algún lado. - dijo Nick pensativo.
La chica se puso completamente nerviosa, se le tensaron los músculos del cuello, y apretaba la lapicera con fuerza entre las manos. ¿Por qué se habría puesto así?
— Disculpe, pero yo no tengo el mismo presentimiento. – trata de relajarse.
La joven anota en su libreta el pedido de mi amigo y luego se gira para mirarme. Sus ojos eran verde azulado resaltaban por sus extensas pestaña negras y largas, me puse bastante nervioso con esa mirada. Se mordió su labio inferior, provocando que mi mirada quedara clavada ahí, deseaba en este momento morder también ese labio. Tenía el presentimiento de haber puesto los ojos en blanco y abierto apenas mi boca, de la perfecta imagen que tenía adelante.
— Oye ¿vas a ordenar algo? – dice Nick. Dejo de mirar a la increíble boca de la chica por un momento para fulminar con la mirada a mi amigo.
— Sí. Solo quiero un café con leche.
— Bien señor, ¿lo quiere acompañar con algo?
Oh sí, claro que si con tus labios quería decir. Pero no, simplemente negué con la cabeza. Anoto en su libreta el pedido y se dio la vuelta dándonos una increíble sonrisa. No podía despegar mis ojos del trasero de esa muchacha era bien tallado. Dios debo mirar a otro lado o me volvería loco en poco tiempo. Nunca, pero nunca me había llamado tanto la atención una mujer. Solo tenía sexo y me iba, sin dejar ninguna insinuación para volver a estar con esa misma persona. Pero esta chica provoco en cada parte de mi cuerpo una explosión y un sentimiento que no podía definir. Me intrigaba saber quién era, que hacía y todo lo relacionado con ella, aparte de tenerla entre mis sabanas. Con el hecho de pensar si tenía novio ya me ponía loco, sin ningún motivo. Es obvio que debe tener uno, una chica tan hermosa no podría estar sola…
— En que estás pensando idiota. – la desagradable voz de mi amigo hizo que dejara de pensar en ella. Lo mire y él tenía una extensa sonrisa en sus labios. Ya sabe en lo que pienso.
— En nada.
— Luca, a mí me parece extremadamente sexy la chica también, pero tienes que quitar esa cara de sorprendido y deja de comportarte como un idiota.
— No me comporto como un idiota.
— Oh sí. si lo haces. Cuando se venía acercando la observabas y la desnudabas con la mirada. – dice mi amigo. — Te intriga.
Me mira y arquea una ceja. Maldito idiota, me conoce desde que éramos niños y sabe todos mis pensamientos, movimientos, todo de mí, es como mi hermano.
— Me intriga.
— Sabes hermano. Tengo el presentimiento de haberla visto en algún lado. – dice Nick frunciendo el ceño, pensativo mirando en su dirección.
— Conoces a la mitad de las chicas de la ciudad, así que podrías conocerla.
— No idiota. No la conozco a través de la cama.
— ¿entonces?
— De otro lugar. No se puede que sea del club que la haya visto. Pero no me acuerdo.
— No tiene pinta de ser la alocada mujer de las noches del club.
— Apuesto a que muchas de las mujeres que asisten al lugar no son iguales en su casa, eso no cambia las cosas.
— Es verdad.
Miramos a donde estaba la morocha y la rubia. Las chicas estaban entre ellas sonriendo y hablando. Tenía una risa dulce y unos dientes muy blancos. Es poco decir que era la perfección en persona. Luego agarro la bandeja con nuestro pedido y se dirigió a nosotros.
— Bien aquí tienen señores. – dijo mientras colocaba las tazas y la tarta frente a nosotros.
— Gracias bombón – dijo Nick tomándole el trasero.
— Yo si fuera tú no haría eso. –dijo la chica con un tono de amenaza en sus ojos. apartando la mano de mi amigo.
— no te enojes cariño.
Se dio la vuelta fulminando con la mirada a mi amigo y se fue. Es un idiota. Y me gusto el temperamento firme de la muchacha, tenía carácter, eso provoco más excitación, mierda.
Hablamos con Nick sobre el trabajo de esta noche, cuál sería la temática y que es lo que deberíamos hacer.
— Oye Luca, antes de ir a trabajar, tengo un par de entradas para unas luchas libres esta noche. Las consiguió mi primo por medio de un conocido. Y dice que hay una pelea que nos va a dejar con todas las pilas para el trabajo y mucha imaginación.
— ¿Dónde es? Y de que se trata.
— Son luchas masculinas y femeninas libres. La dirección no la sé todavía porque eso me lo va a pasar mi primo en cuanto se lo confirmen, pero es hoy a la noche. Podríamos ir y despejarnos de la rutina.
— Está bien. - dije. Necesitaba cambiar mi agenda diaria de entrenar, trabajar y volver a casa.
— Perfecto. Veremos a un par de chicas dándose arriba del ring. Va a ser excitante. – Nick tenía mucho entusiasmo por ir esta noche. Y, a decir verdad, yo también… — voy al baño, paga el desayuno amigo, yo tengo las entradas. - me guiña el ojo
— ok – hago señas a la camarera para que me traiga la cuenta y saco mi billetera.
— Son 30 pesos, señor.
— No te cansas de decir señor todo el tiempo. – me molestaba el hecho que me digan señor, pareciera como si fuera una persona grande o importante, lo odiaba siempre.
— Solo es parte de la educación y comportamiento del lugar, señor.
— Bueno a mí me desagrada esa palabra. Llámame muchacho, chico, pibe o por mi nombre Luca. – dije dejándole un billete de 50.
— Bueno señor muchacho Luca.
— Me encanta tu sarcasmo. – le digo dándole una sonrisa pícara mirándola de arriba abajo.
— Veo que no solo su amigo es todo un encanto.
— Mi encanto es mayor que mi amigo. De eso puedes estar segura. – me inclino hacia atrás para verla mejor. Me encanta como su cara se estaba poniendo colorada de la rabia.
— Si, claro.
— ¿Qué te parece el sábado por la noche?
— ¿Qué cosa? – me dice sorprendida.
— Para que conozcas mi encanto, te invito a salir el sábado por la noche. - le guiño y le sonrió al mismo tiempo.
— Oh, lo lamento. No salgo con clientes. Y menos con niñatos.
— La invitación está en pie. Así que no vendré a desayunar por un tiempo así dejo de ser cliente.
Cuando la muchacha iba a responder escuche una risa profunda. Los dos dirigimos nuestra mirada a la barra y ahí estaba mi amigo con la morocha hablando. Diciéndole algo al oído y ella tapándose la boca para evitar reír fuerte. Ya me imagino que le estaría diciendo.
— ¿Y bien? – le digo haciendo que volviera a mirarme. Sus ojos verdeazulados eran lo único que podría querer mirar todas las mañanas cuando me levantara. Esta chica era hermosa. E increíblemente cabrona.
Se acerca a mí. Oh dios está más cerca de lo que creía, se inclinó poniendo su cara a solo centímetros de la mía, su camisa blanca tenia los primeros botones desabrochados dejando ver sus magníficos pecho y su corpiño blanco. OH DIOS mi cabeza estaba a mil revoluciones. Con un solo movimiento podría poner mi boca junto a la suya y probar su sabor.
— Ya se lo repetí Luca. No salgo con clientes y no salgo con engreídos. Tome su cambio.
— Quédatelo, es tu propina guapa. –me levanto y ella es casi tan alta como yo, su mirada iba de mis brazos tatuados a mi pecho, eso hizo sentirme más cómodo conmigo mismo. Su mirada termina en la mía y se desvía con un color rosado en las mejillas, estaba avergonzada de que haya sido testigo de su observación. Me rio por dentro. Le silbo a mi amigo que estaba con la morocha y levanta su mano para que vaya yendo afuera.
— Es mucho.
— No importa. Emmm… no sé cómo llamarte camarera. Me dices tu nombre.
— Emmm…- me mira de arriba abajo con una sonrisa maliciosa. — Solo camarera, gracias. – se dio la vuelta con la bandeja llena con nuestras tazas vacías.
Su mirada era increíblemente sexy. Me volvía loco. Si de algo tienen que estar seguros es de que soy una persona que busca lo que quiere, no dejo de pelear por lo que quiero. Y en este preciso momento quiero a la camarera quien no me ha dado su nombre, pero iba a averiguarlo. Hay algo de ella que me intriga, eso me molesta porque estaba en la duda. No sé si quiero tenerla conmigo por una noche o levantarme todas las mañanas con su cara angelical y demoníaca al mismo tiempo.