Quisiera que mis sentidos volvieran a ser normales, pero no. Después de ver a este chico no volvería a ser normal. Él es hermoso, su sexy voz masculina todavía estaba en mi cabeza. Sus ojos azules estaban en mi mente, no podía olvidarme de ellos. Me gustaba, me encantaba su ridícula insistencia por salir conmigo, su comportamiento, me gustaba que sea tan sexy. Aunque odiaba el hecho que me hizo enojar un par de veces, hizo sentirme de otra manera. Ya no había problemas en mi cabeza, no había peleas que debía concentrarme, estaba el. Solo él. Y eso me preocupaba, no he estado así desde mi última relación, con un idiota al que le entregue mi virginidad como una infeliz y luego me dejo, era todo lo que el buscaba meterse en mis bragas, pero este chico llamado Luca, no me importaría tenerlo por una noche.
Mi cuerpo ardía como el infierno. El tenerlo esos cinco minutos cerca hizo despertar cada parte de mi cuerpo dormido. En cuanto llegue a casa me daré una buena ducha fría, para bajar la temperatura y concentrarme en la pelea de hoy.
Luego del gimnasio y del trabajo, estoy de vuelta en casa. Temprano y a tiempo para hacer mi bolso. Mi madre había llegado del trabajo y estaba en la cocina preparando algo para comer. Mi tío estaba en el sillón de mi madre viendo la tele. ¿No se había comprado nada para su departamento todavía?
—¿Sharon, hija eres tú? – pregunta mi madre. Obvio soy yo quien más entraría a tu casa sin llamar, pensé.
— Si mama, soy yo. Solo vine a ver si estabas bien antes de subir a mi departamento.
—Oh hija, estoy bien, estoy preparando algo para comer, ¿ya comiste algo?
— No mama, recién llego del gimnasio.
— Oh porque no te quedas a comer algo… ¿Cómo estuvo tu día?
— Bien ma. Te agradezco, pero quiero ir a ducharme y preparar las cosas para la pelea de hoy.
— Oh bueno Sharon, pero tu sin comer no vas a ningún lado. – se da la vuelta y se cruza de brazos. Oh dios, como odio cuando se pone protectora.
— Mama ya no soy una niña y estoy bien.
— No me importa eres mi hija, y no quiero que te desmayes por no tener las proteínas adecuadas, sube a ducharte y baja a cenar algo.
— Mama…
— Nada, ve ahora Sharon.
— Hermanita, porque no…- interrumpe mi tío para calmar las cosas.
— Oh no Bob, tu no interrumpas. Si yo acepto que ella sea luchadora, ella debe aceptar que yo cuide su salud, un deportista necesita muchas vitaminas y proteínas, tú lo sabes. – señala a mi tío con una cuchara de madera.
— Tiene razón tu mama, Sharon. hazle caso.
Ahora los dos parecíamos niños de cinco años regañados por algo malo que habíamos hecho.
— Bueno, bueno, iré me bañare y bajare para comer – digo levantando los brazos y dirigiéndome a la puerta de salida. —… ¿contenta?
— Sí. te quiero. No tardes bebe. – dice mi madre con una sonrisa, puede que sea hermosa y bastante buena, pero a veces es detestable...
Subí las escaleras hasta el último piso, donde se encontraba mi departamento. Abrí la puerta y entre al lugar. Mi departamento se basaba en paredes colores lilas en el comedor, en la cocina era verde y en mi dormitorio las paredes eran color blanco. Los muebles eran todo de madera color clara. Tenía un sillón amplio y blanco, del cual no dejaba que Bob se sentara en él. Preferiría que mi perro de r**a labrador lo haga, ya que era más limpio. Y aunque era imposible de creer nunca se acostaba en el sillón, tenía su propio colchón donde se la pasaba durmiendo. Adoraba y amaba mi casa, ya que fueron años de sacrificio para tenerla. Y las cosas que tengo fueron también un gusto para darme a mí, ya que con las peleas podía comprarme de a poco las cosas. Ahora estaba completa, así que no tenía que preocuparme de comprar nada, tenía dos televisiones, un aparato de música, heladera, cocina, mesa sillas, cama, todo lo que quería.
Puse música de fondo mientras me preparaba para darme una ducha rápida. Bon jovi era mi cantante favorito, al igual que Aero Smith, entre otros. Me puse una calza negra, una musculosa deportiva roja y mis zapatillas deportivas blancas. Agarre mi bolso del mueble de mi habitación y coloque las vendas, el protector bucal que pocas veces lo usaba, el short y una remera para después del encuentro, desodorante, peine, una toalla, jabón y champo. Agarré la campera negra deportiva y Salí para bajar a lo de mi madre.
Mi madre y Bob ya estaban comiendo. Había hecho espagueti con salsa, pero para mí los hizo con manteca y queso. Sabía que tenía que pelear así que no le puso su salsa pesada. Comí un plato y luego la ayudé a limpiar la cocina. Sonó el timbre y conteste por el interruptor que tenía mi madre en la casa.
— Diga.
— Soy yo Sharon, Sara.
— Sube. – le abrí tocando el botón del interruptor y ella subió las escaleras. Fui directo a la puerta a recibirla. — demonios amiga, vas a una pelea, no a bailar. Acuérdate que saldríamos después.
— Lo sé, en mi coche esta la ropa que usare para salir, esta es para los luchadores que estarán ahí.
Sara tenía puesto una falda negra demasiado corta, dejando ver sus increíbles piernas largas. Llevaba tacones rojos que hacían conjunto con su top rojo. El pelo n***o alisado y suelto junto a unos aretes rojos.
— lo que tú digas, aparte sabes defenderte.
— Obvio que sí. – golpea con el puño en mi hombro, haciendo que grite del dolor me agarro desprevenida.
— Bruja… - murmuro.
— Te oí. – dice cuando pasa a la sala donde está mi madre y mi representante y tío Bob. — buenas noches, señora Thompson.
— Sara. Siempre te dije que me llames Lili. – dice mi madre disgustada por el apellido que había dicho mi amiga. Yo también lo estaría, no me gusta portar ese apellido, pero es lo que me toco.
— ok, Lili. Buenas noches, Bob.
— Sara puedes llamarme cariño. – dice mi tío mirando a Sara de arriba abajo. Degenerado.
— Sí. solo en tus sueños Bob.
Mi madre empezó a reírse y yo lo hice al mismo tiempo. Mi tío le dedico una sonrisa a mi amiga y ella le saco la lengua. Siempre Bob trataba de coquetear con Sara, pero ella no quería saber nada.
— Bien chicas, es hora de que vayamos. – dice Bob levantándose del sillón. Mi tío era atractivo media 1.92, era rubio y además tenía ojos verdes. No sé qué es lo que no le agradaba a Sara, puede ser su fachada, jeans gastados, remera blanca y campera de cuero. Puede ser, porque a ella le gustaba los que aparentaban ser ricachones y sobre todo alineados. En simple palabras perdedoras que te usan un rato.
— Si vamos yendo, ya quiero verte Sharon. – dice Sara entusiasmada.
— Ve con cuidado hija, te quiero. – mi mama me da un fuerte abrazo como en todas mis peleas, me pide que me cuide y que no me haga daño, no le gustaba cuando venía con algunas heridas
— Lo hare mama, yo también te quiero. –le devuelvo el abrazo y me retiro hacia la calle donde estaban Bob y Sara.
Desde que tuvimos el accidente esa noche no me gustaba dejarla sola. Pero sabía que iba a estar protegida con mi perro, siempre se lo llevaba a su casa cuando me iba. Era un perro guardián, y además tenía mi número para llamarme de inmediato si pasaba algo.
Subimos al auto de Sara, y nos pusimos en camino al lugar de pelea. No le preste atención a la dirección donde le había indicado Bob a Sara, simplemente me coloque mis auriculares escuchando música para concentrarme, siempre lo hacía antes de las peleas, y ellos nunca me interrumpían, me dejaban en mis pensamientos. Esta noche no estaba completamente concentrada en mi rival ni en mi cuerpo, estaba concentrada en Luca, en sus músculos, sus bíceps, su pecho, sus increíbles ojos, a través de la ventana podía verlo. La canción de mi querido Bon Jovi – Bed of roses, no ayudo mucho. No podía sacarme a Luca de mi cabeza, imaginarlo en mi cama o en la de él, sentir como serían sus besos, sus caricias… Dios debo concentrarme, debo pensar en la cobra. Coloco mi cabeza hacia atrás y cierro mis ojos, tratando de concentrarme, tratando de no pensar en el chico de los ojos azules…