25. Todo es culpa del Smirnof. Estoy parado al pie de la cama. Simone Thompson al fin duerme en mi cama. La beso en la boca. Lástima que haya perdido el conocimiento. No estaba preparada para el sabor fuerte del Smirnof. Debí saberlo. Desde mi posición me resulta difícil dejar de admirarla. Aunque nuestro primer encuentro no ha resultado como lo deseaba: en mi mente estaba la idea de una cita romántica y una charla agradable, ella y yo envueltos en un aire cálido e íntimo, conociéndonos, amándonos bajo la luz de la luna llena. Pero no. Me lo ha puesto difícil, me lo ha puesto casi imposible, pero a mí me gusta lo imposible, me fascina hacerlo posible, una realidad para mí. Como venía con unos incómodos calzados que a simple vista me doy cuenta que no son de su talla, me he dado el traba

