Capítulo 2

2208 Words
Durante demasiado tiempo pensé que no tendría un futuro, ni motivos por los que vivir, pero después encontré un hombre que me quiere y alguien que me trata como una hija. Tengo tantos motivos para vivir en este momento y sin embargo todavía siento que en cualquier momento todo podría terminar, que los hombres malos vendrán por mí y me encerraran en una jaula el resto de mi vida hasta que decida acabar con todo, cortando mis venas o colgándome de una soga. Esos pensamientos están en mi mente todo el tiempo excepto cuando Adriano viene a visitarme y con su abrazo me transmite todo el amor que siente por mí. - Te extrañé. - Yo también te extrañé, Adaeze. Nos separamos para poder mirarnos a los ojos y la sonrisa en sus labios provoca que también sonría. - ¿Cómo te sientes? Tu Doctora me dijo que has hecho grandes progresos esta semana. La Doctora Christine siempre respeta la privacidad médico-paciente, pero es gran amiga de Adriano así que de vez en cuando hablan sobre mí y la Doctora le dice que he tenido progresos, solo que no especifica cuáles. - Adán chocó conmigo hace unos días. Por un momento sentí ganas de correr, pero recordé las palabras de la Doctora Christine y me relajé, pero de igual manera Adán se disculpó muchas veces. Adriano se muestra orgulloso de mí y la mirada que me dirige, provoca que tengas ganas de trabajar aún más duro para curarme por completo. - ¿Cómo estuvo tu terapia en el agua anteayer? - No es terapía en el agua, solo me dejan estar toda la tarde en la piscina y hay una instructora que me enseña a nadar. - ¿Y ya sabes nada? Con una sonrisa de autosuficiencia asiento con la cabeza y Adriano rio sonoramente por mi acción. - Entonces cuando salgas de aquí debemos ir a un parque acuático para que nades como una sirena. Ahora es mi turno de reír ante su broma. - Cuando salga de aquí, lo primero que quiero hacer es ir a comer esos panqueques de los que tanto habla Adán. - Haremos todo lo que quieras, Adaeze. La imagen de Husein aparece en mi mente y la sonrisa en mi rostro de desvanecer por completo. Adriano parece notarlo y comienza a preocuparse. - ¿Sabes algo de Husein? Mi pregunta incomoda a Adriano y parece pensar su respuesta antes de hablar. - He llamado a su celular todos los días, solo contesta para decirme que está bien y que está ocupado por eso no puede hablar conmigo en ese momento. - Adaeze, por favor. Las manos de Husein cubren las mías y cierro los ojos para evitar ver el rostro descompuesto de Husein. Dejo que mi corazón tome el control por solo un segundo y sin abrir los ojos extiendo mi cuerpo para colocarme a la altura de sus labios. - Prometo volver. Digo y seguido acerco mis labios a los suyos para juntarlos por dos segundos. Alejo mis manos de su rostro y abro los ojos para encontrarme con el rostro de Husein empapado en lágrimas. El recuerdo de ese beso lo tengo presente todos los días desde nuestra despedida. - Ayer fui al hotel, quería verlo, pero Katty me dijo que no lo había visto en días. Al parecer tuvo que viajar por trabajo y solo le dejó un mensaje a Katty avisándole del viaje, ni siquiera se despidió, solo se fue. - No debí abandonarlo. - Adaeze, tú no lo abandonaste, solo querías recuperar tu salud mental y Husein debe entender eso. - Si, pero no debí haberme ido tan rápido. Si tan solo no hubiera prendido la televisión ese día… - Adaeze, tienes que entender, ese noticiero jamás mostró tu rostro, solo lo imaginaste. El ataque de pánico que tuviste fue el peor de todos, no podías controlarte y no fue intensional que hayas querido lastimar a Husein. - Adriano lo hagas eso por favor, no justifiques mis acciones. Traté de apuñalar a tu hijo, deberías odiarme y no poder verme a la cara. - Jamás podría odiarte, Adaeze, lo que hiciste no fue intensional y eso lo sabemos Husein y yo. “Me gustaría correr tan lejos que ni siquiera la luz del sol podría encontrarme nunca.” “Como siempre tratando huir.” - Husein solo necesita tiempo para recuperarse y cuando lo haga vendrá a visitarte. - Adriano… quiero verlo. Esas palabras salieron del interior de mi corazón sin pensarlas, pero es la verdad, quiero ver a Husein. - Adaeze, no puedes truncar tu tratamiento de un día para el otro, debes recuperarte y cuando estés lista te llevaré con Husein. - Adriano, ambos sabemos que él nunca vendrá, por favor te lo ruego, quiero verlo, solo un día y prometo que volveré. “No mientas, bien sabes que no es solo porque quieras verlo.” “Cállate.” “Quieres saber si ese beso significó algo para él o si solo tú lo recuerdas cada segundo del día.” - Adaeze, no me mires así, por favor. Siento las lágrimas sin derramar en mis ojos, pero algo en mi interior me grita que debo ver a Husein, solo un día, solo eso necesito y continuaré con mi terapia. Adriano toma mis manos y las aprieta con fuerza hasta que finalmente exhala el aire que tenía contenido y me mira derrotado. - Hablaré con Christine y le pediré que te deje salir por un día, pero tienes que prometerme que después de ver a mi hijo volverás y trabajaras arduamente para recuperarte. Solo si prometes eso, conseguiré ese permiso. - Lo prometo. Abrazo a Adriano para demostrarle mi agradecimiento, pero el abrazo se vuelve una despedida, ya que a los pocos minutos Adriano debe irse y yo debo regresar a mi habitación a dormir. Mientras subo las escaleras cuento cada escalón como siempre lo hago desde que llegué a este lugar. Se volvió una obsesión que siempre termina en el mismo resultado, catorce escalones hasta el segundo piso y doce pasos a la derecha hasta la puerta de mi habitación. La pequeña cama con sábanas blancas me da la bienvenida y el armario con cuatro cajones frente a ella, me recuerda que debo ducharme antes de acostarme a dormir, por lo que camino hacia uno de los cajones para poder tomar ropa y una toalla y caminar hasta el pequeño cuarto de diez metros cuadrados que llamo baño. Siempre he pensado que este lugar es un paraíso, pero las habitaciones no son de un hotel, son bastante simples y poco amuebladas, pero mil por ciento mejores que una celda en un edificio cayéndose a pedazos. Sacudo mi cabeza para evitar que aparezcan más pensamientos sobre ese lugar e inmediatamente entro en el baño y mientras cierro la puerta con el pie comienzo a desvestirme. El agua tibia en mi cuerpo ayuda a relajar mis músculos y por un momento puedo olvidarme del leve dolor que causa la ropa al rozar con mi piel todavía con marcas y cicatrices que trato de ocultar. Cada vez son menos visibles, pero las quemaduras siguen doliendo cuando uso ropa hecha de ciertas telas. Sé que no debería acostumbrarme al dolor, eso es lo que me dijo la Doctora, pero durante años aprendí a controlar el dolor que sentía hasta que finalmente conseguí desconectarme de mi propio cuerpo en las situaciones que era brutalmente golpeada o torturada. Al terminar de ducharme, seco mi cuerpo delicadamente para no tocar ninguna herida, me visto y salgo del baño para ir directo a la cama y meterme entre las cobijas, dispuesta a dormir. La luz artificial de la lámpara en la mesita de noche junto a mi cama me distrae por un momento. “¿Dónde estoy?” Mi cuerpo se siente pesado y al tratar de moverme me percato de algo… no tengo puesta las esposas en las muñecas. Trato de mover mis pies para revisar si las tengo en los tobillos, pero tampoco las siento. Abro los ojos tratando de encontrar respuestas, pero una luz tan cegadora que llega a ser dolorosa se encuentra justo frente a mis ojos. Los cierro al instante y mis ojos comienzan a lagrimear por el repentino cambio. Arde tanto que llevo mis manos a mi rostro para poder ocultar mis ojos tras ellas. - Tranquila, todo está bien. Una voz repentina me asusta tanto que intuitivamente trato de alejarme. “¿Hay alguien en mi jaula?” Más y más preguntas inundan mi cabeza hasta que vuelvo a escuchar la voz. - Ahora estás bien, no debes temer. Sigo alejándome, pero el suelo se termina y caigo. En ese momento me percato que no me encontraba en el suelo, sino en una especie de cama y acabo caer al suelo real. Cierro los ojos con fuerza y utilizo mis manos para poder arrastrarme lejos de la voz. - Espera, todavía estás débil. Deja que te ayude. La voz se escucha cada vez más cerca y al sentir que se me acerca, recuerdo cada amenaza que había recibido estos años y todos los castigos que podrían hacerme por haber desobedecido. “No hice nada, no merezco ningún castigo.” “Recuerda cuando ese hombre barbudo y con muchos tatuajes quiso colgarte de los pies desde el techo.” “Eso fue hace semanas, no pueden castigarme por algo que me negué a hacer hace semanas.” “Quizá ese hombre te acaba de delatar.” El recuerdo de esa asquerosa escena llega a mi mente y todavía puedo verme suplicando para que no lo hiciera. Quería tenerme de cabeza y que le hiciera una felación, pero me asusté y rogué para que no lo hiciera. Trato de ponerme de pie y correr, pero siento un mareo que provoca que caiga al piso. Me arrastro con ayuda de mis brazos y sé que en algún momento llegaré a la pared donde se encuentran ancladas las cadenas. Cuando siento una mano tocando mi brazo todos mis sentidos se alertan y sé que ha llegado mi momento de morir. Pateo con todas mis fuerzas a la persona que vino por mí a asesinarme. Lucharé los últimos minutos de mi vida y al menos de esa forma no le haré el trabajo más fácil. Nunca supe a qué enfermero o médico ataqué, pero cuando estuve sedada escuché como los enfermeros hablaban de que había atacado a hombre que venía a cambiarme las vendas. Ese había sido mi primer día en el hospital y los siguientes no habían mejorado. Mi cerebro se desconectaba como si apagaran un interruptor y todo a mi alrededor se distorsionaba. Pensaba que los enfermeros venían a atacarme cuando en realidad solo querían cuidar de mí. Cuando descubrí que los sedantes que me administraban me causaban más pesadillas, luché con todas mis fuerzas para que no puedan inyectarme, pero el resultado siempre era el mismo, me inyectaban, me dormía, tenía pesadillas, despertaba gritando y tenían que volver a inyectarme y el ciclo seguía y seguía. - Si no me dices como te llamas, tu familia no podrá encontrarte. “No tengo familia.” - De seguro hay alguien que te extraña. Tu mamá, papá, hermanos o amigos. “¿Amigos? Solo tenía un amigo.” - Si me dices tu nombre, podré buscar a tu familia. “Nadie me está buscando, cualquiera que alguna vez me conoció jamás me buscaría.” - Si no quieres hablar lo entiendo, pero podrías escribir tu nombre en un papel. “Hace tantos años que no escribo que quizá no recuerde como hacerlo.” La Doctora Candace se levanta de su asiento lo que provoca que me sobresalte por un segundo al pensar que venía hacía mí. - Tranquila, solo iré a mi escritorio. Pasa a mi lado asegurándose de no tocar el sofá en el que me encuentro sentada. Escucho que busca algo en su escritorio, pero me niego a levantar la mirada del piso. Cuando la escucho que vuelve a su asiento habitual, acerca una hoja y un esfero hacía mí, pero parece arrepentirse y decide dejar ambas cosas sobre el reposabrazos del sofá. - Cuando estés lista puedes escribir tu nombre, de seguro tienes un hermoso nombre. Su voz suena tan amable que pienso por un momento que está siendo sincera y simplemente quiere ayudarme. - Adaeze. – susurro tan bajo que pienso que no me escuchó, pero la escucho levantarse y acercarse un poco. - Es un placer conocerte Adaeze. Levanto la mirada por una fracción de segundo y la observo sonreír, lo que provoca que me sienta más cómoda a su lado. Por un momento trato de devolverle la sonrisa, pero algo en mi interior me grita que jamás podré ser feliz. Tanto miedo que sentía en ese momento me cegó por completo. No era yo, era una versión oscura de mi misma que habían creado esos hombres con sus violaciones y golpes. Todos los días trato de sacar a relucir mi verdadero yo y sin embargo mi versión oscura sigue gritando en mi interior pidiendo salir a la superficie. Apago la lampara y finalmente cierro mis ojos esperando a que llegue un nuevo día.
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