Dolor, sufrimiento, tristeza y muerte. Esas palabras se repiten en mi cabeza una y otra vez, pero hay momentos en los que esas palabras se convierten en: felicidad, esperanza, paz y vida.
Por fracciones de segundo mi mente me grita que lo haga, que simplemente salte al vacío y espere mi trágico final.
¿Cuál es el objetivo de vivir mientras sufres todo el tiempo?
Todavía no he podido responder esa pregunta, pero he tratado de no pensar mucho en ello y continuo con mi vida. Una vida en la que debo recordarme constantemente los motivos por los cuales no debería saltar.
Cada vez que cruzo por este puente he pensado que debería acercarme a la orilla, simplemente a ver el agua del río arrastrando piedras, pero cada ve que quiero acercarme hay algo en mí que me dice que salte. Una caída como esa no me mataría, a penas con unos cinco metros, quizá me lastime, pero estaría bien en unos días o semanas. Por ese motivo odio cruzar este pequeño puente que te da la bienvenida y despedida del centro de atención psicológica.
Hace una semana pensaba en Husein y en el momento en que lo volvería a ver, sin embargo, ahora tengo tantos sentimientos encontrados que no puedo pensar con claridad. ¿Qué le diré? ¿Estará enojado conmigo? ¿Querrá volver a verme? Tantas preguntas sin respuesta. Supongo que ya me acostumbré a vivir de esa manera, haciéndome mil preguntas que nadie me puede responder.
En momentos como este desearía poder detener el tiempo y de esa manera podría tener todo el tiempo del mundo para pensar. Sí la Doctora Christine supiera lo que estoy pensando en este momento, de seguro se sentiría decepcionada. Soy una cobarde por pensar en correr, pero a la vez me estoy enfrentando a mis demonios.
Recuerdo que la última vez que fingí ser valiente me desmayé en un juicio. Al final supongo que valió la pena, ya que poco después los condenaron a la pena máxima y no volveré a ver a esos hombres.
El auto se detiene por completo y al levantar la mirada observo por la ventada el hotel de Husein. Nos encontramos en el parqueadero y la hora de viaje que quería utilizar para pensar en mis palabras se desvaneció mientras me atormentaba con mis propios pensamientos.
- No sé si Husein se encuentre en su departamento.
Siento la mirada de Adriano sobre mí, pero no puedo dejar de mirar el edificio. Observo directamente a la ventada como si de esa manera haré que Husein se asome por ella y me vea, pero nada de eso ocurre y me veo forzada a salir del auto.
- Debo hacer esto sola, Adriano. No tardaré, prometo que después de hablar regresaré al centro y terminaré con mi terapia.
- Sabes que Husein no ha contestado a mis llamadas toda esta semana así que ni siquiera sé si se encuentre en la ciudad.
- Sí no está en el edificio esperaré por él y si no se encuentra en la ciudad entonces volveré al centro.
Adriano asiente satisfecho con mis palabras y deja que me vaya.
Camino lentamente hacia la entrada y las puertas de cristal se abren en cuanto me acerco.
“No lo hagas.”
“Debo hacerlo.”
“Te arrepentirás si subes a su departamento.”
Ignoro ese pensamiento y camino hasta recepción. Observo a Katty atendiendo a un huésped y al notar mi presencia simplemente sonríe, pero no me detengo y avanzo hasta el ascensor para poder subir al departamento de Husein.
Mi corazón late muy rápido, siento mi pecho subiendo y bajando y puedo escuchar mis propios pasos golpeando contra el piso.
Solo debo caminar doce pasos hasta la puerta y al estar justo en frente golpeo con un poco de fuerza.
Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis segundos y escucho que la puerta comienza a abrirse. Mantengo mi mirada en el piso y me niego a mirar a Husein. Espero a que él diga algo, pero pasan los segundos y nada, todo se mantiene en silencio y trato de darme fuerzas para levantar la mirada y saludarlo, pero una voz interrumpe mis pensamientos.
- ¿Se te ofrece algo?
Una voz tan dulce y delicada que podría tratarse de una cantante.
Levanto la mirada tan rápido que me cuesta asimilar lo que está ocurriendo. Una mujer rubia con el cabello tan largo que llega hasta su cintura, pero despeinado, me observa confusa. Alrededor de sus ojos marrones se encuentran rastros de maquillaje. Usa una pequeña blusa pegada al cuerpo y unos pantalones de pijama de color gris que al observarlos detalladamente veo que se trata de uno de los pantalones de Husein.
Algo en mí se rompe en ese momento, trato de pensar en que decir, pero no tengo palabras.
- ¿Eres de servicio a la habitación?
La mujer parece ser amable y espera a que le responda. Obligo a mi mente a concentrarse en un solo pensamiento y responder a la mujer.
- No.
“Vete.”
“Tienes que irte ahora.”
Cientos de pensamientos nublan mi mente y hago todo lo posible para mantenerme cuerda, pero escucho los gritos en mi cabeza una y otra vez y no tengo tiempo de pensar con claridad.
- ¿Buscas a Husein?
“Ella estaba con Husein, se olvidó por completo de ti.”
“Cállate.”
“De seguro estaba esperando a que te fueras para volver a tener una vida normal.”
“Basta.”
“Te tuvo lástima y por eso te ayudó, pero cuando pudo deshacerse de ti volvió a tener una vida propia. De seguro deseaba que te fueras pronto.”
Evito gritar y llorar, pero la avalancha de pensamientos provoca tantos sentimientos negativos que temo volver a quien era antes.
- Sí.
Respondo finalmente y se aleja un poco de la puerta para ingresar de nuevo al departamento.
- Husein, te buscan.
Escucho que la mujer le habla a Husein y en ese momento bajo la mirada al piso tratando de soportar el llanto.
“No puedes sufrir por algo que nunca tuviste, él y tú no son nada.”
Escucho los pasos de Husein acercándose a la puerta y trato de controlar todos mis pensamientos, pero simplemente me desmorono y empiezo a temblar.
“Eres tan poca cosa que fue fácil para Husein conseguir una mujer de verdad.”
“Cállate ya.”
“Solo mírala, esa mujer es todo lo que tú jamás podrás ser.”
- Adaeze.
La voz de Husein llama mi atención y levanto la mirada hacia su rostro. Observo su sorpresa y confusión. Por un segundo gira su rostro hacia la mujer junto a él para después observa mi cuerpo temblando. Nota lo que está ocurriendo y trata de acercarse a mí, pero a cada paso de él yo me alejo hasta chocar con la pared frente a la puerta de su departamento.
“Mira sus ojos, te tiene tanta lástima.”
Mi mente racional deja de trabajar y simplemente exploto.
Grito con tanta fuerza que lastimo mis cuerdas vocales.
- ¡Cállate ya!
Grito una y otra vez para callar esa voz en mi cabeza, pero es inútil y la sigo escuchando.
“Fue tan fácil reemplazarte que no le tomó tanto tiempo a Husein.”
Hago puño con tanta fuerza que mis uñas se clavan en mis paltas y comienzo a sentir dolor, esa sensación de la sangre corriendo por mi piel que conozco demasiado bien.
- Adaeze.
Siento los brazos de Husein sobre mis hombros, pero lo empujo con toda la fuerza que tengo.
- Siempre me miraste con lástima.
Lloro tan desesperadamente con por un momento me quedo sin aliento y debo respirar con fuerza para seguir hablando.
- ¿Cuánto tiempo esperaste después de que me fui, uno, dos días? O quizá horas…
Bloqueo cualquier pensamiento y dejo que mis emociones dominen mi cuerpo.
- Adaeze no es lo que piensas.
Siento celos, ira y tristeza a la vez, pero sé que no tengo derecho a sentir nada de eso. Husein y yo solo éramos amigos, a pesar de que soñaba con un futuro a su lado.
- Eres la única persona que no me da miedo hablarle y tocarla, has sido testigo de los momentos más oscuros de mi vida, has llorado conmigo cuando me he derrumbado. Mereces a alguien que no esté rota ni dañada, mereces ser feliz con una mujer que no tenga tantos traumas como yo.
- Tú no decides con quien quiero estar, Adaeze. No me importa si en el futuro serás mi amiga, mi novia o mi esposa, pero quiero que seas parte de ese futuro.
Ese recuerdo llega a mi mente como un haz de luz y la ira crece todavía más.
- Eres un maldito mentiroso.
Grito tan fuerte que la mujer en la puerta se asusta y trata de ocultarse en el departamento. Husein todavía me observa fijamente, puedo notar todos los sentimientos encontrados en su mirada, pero no hace nada y no trata de volver a acercarse.
Trato de caminar hacia el ascensor, pero mis piernas tiemblan tanto que me veo obligada a sostenerme de la pared para poder avanzar por el pasillo.
“No habrá final feliz para ti.”
Al llegar al ascensor las puertas se abren y dos hombres de seguridad salen de él. Parece que correrán hasta la puerta del departamento de Husein, pero me observan y se detienen abruptamente.
- Señorita, ¿se encuentra bien?
Niego con la cabeza y ellos notan que no puedo caminar con normalidad, tratan de acercarse, pero de pronto escucho un grito.
- ¡No!
Husein corre hacia ambos hombres y levanta un brazo bloqueando el espacio entre los hombres y yo.
- No la toquen.
Los hombres asienten ante la orden de Husein y yo entro en el ascensor. Al bajar hasta el Lobby las puertas se abren y pienso en Adriano que debe estar esperándome en el auto, pero decido caminar hasta la puerta que da hacia la piscina del hotel. Rodeo la piscina con las piernas todavía temblando y llego hasta el restaurante, pero no me detengo y rodeo el edificio. Camino por unos minutos por la llanura hasta llegar al río Patapsco en donde pienso una y otra vez en el puente en la entrada al centro.
Si me hubiera asomado a la orilla quizá hubiera visto un río como este y hubiera saltado para disfrutar del agua. Si salto ahora podré disfrutar del agua en este caluroso clima.
Me deshago de mis zapatos y calcetines para poder entrar al agua y sentirla en mis pies. Pasan varios minutos mientras observo a lo lejos edificios donde seguramente viven personas, el agua no sobrepasa mis tobillos y el paisaje se vuelve relajante.
No me muevo ni un solo centímetro, quiero desfrutar del viento en mi cabello y del agua en mis pies. He perdido toda noción del tiempo mientras cierro los ojos y me dejo llevar.
Trato de despejar todos los pensamientos negativos y pienso en las recomendaciones de la Doctora Christine.
“No dejes que el miedo te venza, controla tus pensamientos y no dejes que ellos te controlen a ti.”
- Adaeze.
La voz de Husein interrumpe mi paz mental y giro mi rostro para encontrármelo, pero lo que veo me destroza de nuevo. Sus ojos tan rojos debido al llanto y su cuerpo temblando por una causa desconocida.
- Temía que… hicieras algo.
Analizo sus palabras y entiendo de que habla por lo que lo corrijo.
- No volveré a lastimarme, mucho menos por ti.
Mis palabras estaban destinadas a lastimarlo, pero veo que sonríe por lo que me confundo.
- Está bien que pienses así, Adaeze. Has cambiado mucho desde que te fuiste.
- Supongo que tú también has cambiado.
Su sonrisa se borra por completo y dejo de mirarlo.
Salgo del río y camino hacia el lugar donde dejé mis zapatos y calcetines para poder colocármelos de nuevo.
- No quise lastimarte, Adaeze.
- Me han lastimado muchas veces, Husein, tú me decepcionaste.
- Ella solo fue una aventura de una noche.
- Deberías volver a invitarla a salir, se ve que es buena para ti.
- Adaeze…
- Ya no importa Husein, perdón por haber reaccionado así supongo que no me lo esperaba. Continúa con tu vida y yo haré lo mismo, solo quería hablar contigo, pero supongo que ya nada importa. Todavía me queda un par de meses para que me den de alta, después de eso seguiré con mi terapia con otro psicólogo. Me mudaré con Adriano al salir de centro.
- Adaeze, vuelve conmigo, por favor.
Su voz se escucha tan rota que por un momento me siento culpable por mis palabras, pero no puedo volver a lo mismo.
- Dijiste que me apoyarías con mi tratamiento, pero no me has visitado ni una sola vez. Dijiste que querías un futuro a mi lado, pero no mencionaste que también querías tener aventuras de una noche con otras mujeres. Solo me has mentido.
No dejo que me responda y camino apresuradamente fuera del hotel.
Al acercarme al auto de Adriano puedo notar que él no se encuentra dentro, lo busco con la mirada y al encontrarlo observo que corre hacia mí desde la entrada del hotel.
- Adaeze, no sabíamos dónde estabas.
- Quiero irme, Adriano.
Parece que no necesito explicar nada, ya que Adriano asiente con la cabeza y ambos nos embarcamos de regreso al centro.