Sus brazos envuelven mi cintura con fuerza mientras su aliento choca en mi nuca. Correspondo a su abrazo y oculto mi rostro en su pecho. Puedo inhalar su aroma y me permito disfrutar del momento unos cuantos segundos más.
Husein parece que no quiere separarse, pero levanto mi rostro para poder ver el suyo e intento apartarme para poder enseñarle mi regalo.
- Quiero mostrarte algo.
No puedo mostrarme más feliz de imaginar el rostro que pondrá en cuanto vea el cuadro.
- Después, ahora quiero abrazarte un poco más.
Con su mano derecha vuelve a acomodar mi cabeza en su pecho y vuelve a abrazarme con fuerza.
Río ante tu acción y vuelvo a levantar mi cuello.
- Por favor, déjame mostrarte mi regalo.
Me alejo antes de que pueda retenerme de nuevo y camino hasta el sofá donde el cuadro, que pinté hace unos días, se encuentra boca abajo.
- Sé que no soy buena dibujando y mucho menos pintando, pero no tengo dinero para comprarte un regalo así que decidí hacerte uno.
Husein camina lentamente hacia el cuadro mientras lo levanto en el aire y dejo que observe mi puntura de cincuenta por cincuenta centímetros.
Su rostro se mantiene inexpresivo y no puedo descifrar si le gusta o no mi regalo.
- Por favor di algo, ¿te gustó?
Su mirada se dirige hacia mis ojos y me observa intensamente por unos cuantos segundos.
- Si no te gustó, no te obligaré a quedártelo.
A falta de reacción concluyo que mi regalo no fue aceptable así que lo vuelvo a dejar sobre el sofá y trato de no parecer decepcionada.
Siento la mano de Husein levantando mi barbilla y nota algo extraño en su mirada.
- ¿Te acordaste de mi cumpleaños?
Su pregunta me confunde y empiezo a preguntarme por qué piensa que olvidaría su cumpleaños.
- Por su puesto, sé que será mañana, pero en cuanto me dijeron que estabas aquí pensé que sería buena idea entregarte mi regalo en caso de que no pueda verte mañana.
Sus labios chocan rápidamente con los míos y a pesar de que me toma por sorpresa no dudo en corresponder al beso.
Solo es un rápido beso y al volver a abrir los ojos observo una sonrisa radiante en los labios de Husein.
- ¿Cómo…?
- ¿Cómo, qué?
- ¿Cómo puedes acordarte de mi cumpleaños después de tantos años alejados?
- Bueno… cuando estaba encerrada no tenía acceso a un calendario, pero cuando estaba en el hospital había un calendario colgado en el consultorio de la Doctora Candace y me di cuenta de que hace poco había sido tu cumpleaños. Hace una semana me di cuenta de que se acercaba tu cumpleaños y sabía que debía regalarte un obsequio, aunque no tenía dinero para comprarte algo.
Husein vuelve a besarme, pero esta vez el beso se torna un poco intenso y me empiezo a sentir un poco incómoda cuando las manos de Husein empiezan a bajar por mi cintura.
Me alejo lentamente para que Husein no note mi incomodidad y tomo el cuadro con una sola mano.
- Sí no te gustó puedo botarlo a la basura.
- Ada, me encantó.
La manera en la que me llama me sorprende y levanto la mirada en busca de una explicación.
- ¿Ada?
- Solo quise acortar tu nombre, pero si te molesta no te volveré a llamar así.
Sonrío ante su evidente nerviosismo y esta vez en mi turno para chocar mis labios con los suyos por dos segundos.
- ¿Entonces si te gustó el cuadro?
- Me encantó, aunque creo que es un poco narcisista tener un cuadro de ti mismo colgado en tu casa.
Sonrío ante su afirmación, pero supongo que tiene razón.
- Puedes colgarlo en tu habitación y de esa manera me recordarás antes de acostarte a dormir.
- Créeme que no hace falta un cuadro pintado por ti para acordarme de tu rostro cada segundo del día.
Puedo sentir el rubor en mis mejillas y para que Husein no lo note lo abrazo con mi mano libre para ocultar mi rostro en su pecho.
- Quizá pueda venir mañana con un pastel y celebramos mi cumpleaños juntos.
Me alejo de su pecho para verlo a los ojos puedo observar la sonrisa tan encantadora que mantiene en sus labios.
- Pensé que te gustaría celebrarlo con Adriano.
- Papá también podría venir y lo celebramos entre los tres.
- Eso me encantaría.
- Entonces está decidido. Mañana vendré con un pastel y lo celebraremos.
- Espera, mañana es lunes, ¿no deberías estar administrando tu hotel?
- Hoy también debería estar atendiendo mi hotel, pero prefiero venir a verte.
- No deberías descuidar tu hotel dos días seguidos.
- No pasará nada por dos días.
Husein me quita de la mano el cuadro y lo deja apoyado a la pared junto a la puerta.
Camina de regreso y se sienta en el gran sofá mientras me extiende la mano para que me siente a su lado.
- ¿Cuándo tuviste tiempo de pintar ese cuadro?
- En la clase de pintura que tengo tres días por semana. La Doctora Christine dice que el arteterapia ayuda a reducir los ataques de ansiedad, así que asisto a esa clase los martes, miércoles y viernes.
- ¿Entonces has pintado muchos cuadros?
- No muchos, solo cuatro. Uno se lo regalé a Adán, dos tengo en mi habitación y el último que pinté te lo acabo de regalar.
Husein se recuesta en el sofá con los pies en el piso y atrae mi cabeza hacia su pecho haciendo que me acueste a su lado con mi oído pegado a su pecho.
- Deberías pintar algo para papá, su cumpleaños también se acerca.
- Lo haré.
- ¿Todavía recuerdas su cumpleaños?
- Es en un mes, ¿verdad?
- Así es.
Husein me envuelve en sus brazos y se acomoda para que mi cuerpo quede pegado al suyo.
- ¿A Adán también le regalaste una pintura de sí mismo?
- No, a él le regalé una pintura de una noche estrellada.
- ¿Por qué una noche estrellada?
- Porque a Adán le gusta las noches estrelladas, pero dijo que pocas veces había visto una noche completamente estrellada. Así que pinté un cuadro de una noche estrellada para que siempre la pueda ver.
- Eres todo un sueño.
- ¿Por qué?
- Bueno… en realidad eres MI sueño.
- ¿Por qué soy un sueño?
No obtengo respuesta así que levanto mi mirada con la intensión de volver a preguntar, pero esta vez observando sus ojos, sin embargo, me percato que Husein mantiene los ojos cerrados como si durmiera.
- ¿Tienes sueño?
- No, solo disfruto del momento y trato de olvidar de que pronto me debo ir y tú te quedarás aquí.
- No siempre será así, llegará el día en que la Doctora Christine decida que pueda irme.
- O podría hacer que papá deje de pagar este lugar y así podría llevarte a casa conmigo.
- Adriano no dejaría de pagar, no hasta que la Doctora Christine me dé de alta.
- Podría desviar el dinero y así no le llegaría el dinero a este centro y tendrían que echarte.
- Husein, debo terminar mi tratamiento y lo sabes.
- Lo sé, pero también quiero tenerte a mi lado.
- Ya hablamos de esto, Husein.
Husein levanta su cabeza y toma mi rostro entre sus manos para besarme rápidamente, todo esto sin abrir los ojos ni un solo segundo.
- Lo sé, lo sé.
Vuelve a recostar su cabeza en el brazo del sofá y empuja levemente mi cabeza para que vuelva a acostarme en su pecho.
- La Doctora Christine dijo que si sigo progresando en un par de meses podría darme de alta y regresaría a casa.
Husein se sienta de golpe y el rápido movimiento me empuja hacía en frente y estoy a punto de caer sobre el otro brazo del sofá cuando Husein me agarra de la mano y me atrae hacía su cuerpo.
- ¿Estás segura de que en dos meses podría tenerte de vuelta en casa?
- Siempre y cuando continue progresando y evitando los ataques de pánico, sí.
Acuna mi rostro entre sus manos y me observa fijamente por unos segundos.
- Estoy ansioso de tenerte en casa de nuevo.
Sonrió tímidamente y levanto la mano para acariciar su mejilla.
- También estoy ansiosa de volver a casa.
Parece que mis palabras provocan que el efecto deseado y también sonríe.
- Ada, yo… yo… creo que…
Su tartamudeo me confunde y dejo que continúe hablando.
- Yo creo que… te amo.
Su confesión detiene mi corazón por unos segundos y me congelo por completo mientras sus palabras se repiten una y otra vez en mi cabeza.
- Quiero decir, no lo creo, yo te amo.
Puedo volver a sentir mi corazón latiendo de nuevo. No puedo dejar de mirarlo a los ojos y por alguna razón las palabras se detienen en mi garganta.
- No tienes que decir nada, solo quería que lo supieras.
- Yo…
Me he quedado sin habla y aunque trato de responder algo simplemente no puedo. Bajo la mirada avergonzada mientras todavía trato de asimilar sus palabras.
“Él me ama.”
Una sonrisa tonta asoma en mis labios, pero todavía no puedo hablar, así que me mantengo en silencio con mi rostro todavía entre sus manos.
- No tienes que decirlo.
Vuelvo a levantar mi mirada y me sorprendo de lo que ven mis ojos.
Puedo ver mi propio reflejo en sus ojos y un cierto brillo envuelve su mirada mientras no deja de observarme directamente. Creo poder ver todo un futuro juntos en el reflejo de sus ojos y en ese preciso instante me permito olvidarme de mis miedos y de todo mi pasado con la esperanza de formar una vida juntos.
Mi corazón no puede soportar tanta alegría y puedo sentir los latidos más rápidos de lo normal.
Me encantaría decirle mis pensamientos, pero todavía hay algo en mi cabeza que me dice que no es el momento. Por lo que decido esperar antes de decir esas palabras.
- Todavía tengo un poco de miedo.
Su rostro cambia radicalmente y parece confundido.
- ¿Por qué?
- Porque ya me alejaron de ti una vez y temo que vuelva a pasar.
- Escúchame, nadie nos volverá a alejar jamás así que quítate esa idea de la cabeza porque estaré a tu lado el resto de tu vida.
- ¿Lo prometes?
- Lo prometo.
Lo abrazo con fuerza concentrándome en el sube y baja de su pecho y no lo suelto hasta que llega el momento en el que debemos despedirnos.
- Te veré mañana, ¿de acuerdo Ada?
Asiento con la cabeza frenéticamente y en cuanto empieza a alejarse caminando hacía su auto doy media vuelta para caminar hacía mi habitación.
- ¡Te amo!
Su grito provoca que volteé en su dirección y me lo encuentro levantando la mano despidiéndose mientras se sube a su auto y empieza a conducir.
No puedo evitar mantener una sonrisa tonta en mis labios y en cuanto veo el auto alejarse me percato de algo.
Empiezo a correr a toda velocidad hacía el pabellón de consultorios de los psicólogos y aunque por el camino casi tropiezo no dejo que nada me detenga.
Al llegar al consultorio de la Doctora Christine estoy a punto de abrir la puerta de golpe, pero decido tranquilizarme y golpear a la puerta.
- Pase.
A penas escucho esa palabra entro rápidamente al consultorio para después cerrar la puerta detrás de mí.
- Adaeze, ¿Qué se te ofrece?
Observo a la Doctora Christine sin su bata y con su bolso colgando de su hombro. Parece que estaba a punto de irse, pero baja su bolso y lo deja sobre su escritorio mientras camina hacia mí.
- ¿Pasó algo?
- Yo… necesito un vestido.
Parece que mis palabras la sorprenden, pero al mismo tiempo parece integrada.
- ¿Un vestido?
- Mañana es el cumpleaños de Husein y yo q… quiero es… estar bonita.
No me percato de mi nerviosismo hasta que termino de decir la frase y la Doctora sonríe alegremente.
- Eres hermosa, Adaeze, no necesitas un vestido para eso.
- Yo… solo quiero estar… elegante… para su cumpleaños.
- ¿Por qué asumes que yo tengo un vestido que podría darte?
Bajo la mirada avergonzada y me percato de que tiene razón. Por alguna extraña razón asumí que la Doctora me daría un vestido que haría aparecer de la nada.
- En realidad, tengo unos cuantos vestidos que podrían quedarte perfectamente.
Levanto la mirada con una evidente esperanza de poder estar bonita el día de mañana.
- Mañana traeré algunos vestidos y puedes elegir el que más te guste.
- ¿En serio?
No puedo dejar de sonreír y estoy a punto de soltar unas cuantas lágrimas de felicidad cuando la Doctora vuelve a hablar.
- Ahora ve a tu habitación, Adaeze y yo iré a casa con mi familia, ¿de acuerdo?
No puedo evitar acercarme a ella y abrazarla con fuerza en modo de agradecimiento. Parece que lo toma por sorpresa y no corresponde a mi abrazo, pero estoy tan feliz que no lo noto y al alejarme de ella le agradezco.
- Gracias, gracias, gracias.
Camino hacia la salida y abro la puerta mientras todavía sigo agradeciendo.
Corro de regreso a mi habitación mientras todavía sonrío. Me ducho antes de acostarme y dormir y en cuanto apago la lámpara que ilumina mi habitación me percato de lo feliz que me he sentido hoy y de todos los planes que empiezo a crear en mi cabeza.