Capítulo 11

2204 Words
Puedo sentir el sudor en las palmas de mis manos. Estoy a punto de pasarlas por la tela del vestido que uso, pero recuerdo que no debo ensuciarlo y detengo mi movimiento a milímetros de la hermosa tela de color vino. Los latidos de mi corazón están agitados, pero trato de ignorarlos, mientras limpio mis sudorosas manos en la pequeña toalla colgada junto al gran espejo. Me observo una y mil veces dándome ánimos para salir del baño de una vez por todas y enfrentarme a lo que yo misma quise que pasara. Giro el pomo de la puerta, pero este resbala en mis dedos así que debo volver a intentarlo. Al abrir la puerta levanto la mirada y me encuentro con la Doctora Christine observándome con una sonrisa en sus labios. -          Te ves hermosa, Adaeze. Quiero convencerme de que dice la verdad, pero imagino la marca de quemadura en mi pierna desnuda y no puedo evitar que cientos de pensamientos negativos lleguen a mi mente. Retrocedo un solo paso para colocarme frente al espejo de nuevo y trato de encontrar aquella marca que dejó mamá hace tantos años en mi pierna, pero el espejo solo me permite observarme hasta la cintura. No puedo evitar admirar el hermoso vestido que la Doctora Christine trajo para prestarme unas horas, pero al verme vestida de esta manera me siento como una persona diferente y eso no me agrada. Afortunadamente mis brazos se encuentran cubiertos por encaje lleno de flores del mismo color del vestido. El escote no es nada pronunciado y es por ese motivo que elegí este vestido en lugar de los otros dos que me ofreció la Doctora. Trato de parecer confiada, pero la tela pegada a mi cintura me recuerda que por primera vez en mi vida me he permitido usar ropa con la que se pueda ver mi silueta y eso me intimida. Trato de pellizcar la tela en mi abdomen para estirarla hacia enfrente, pero de nada sirve porque vuelve a colocarse en el mismo sitio de antes y apretando ligeramente sobre mi ombligo. Un poco más abajo la tela se vuelve ligera y deja apretar en mis muslos y piernas para caer en forma de cascada hasta la altura de mis rodillas o incluso un poco menos. Dejé que mi cabello cayera delicadamente sobre mis hombros y varios mechones cubren la tela en mi pecho y cuello. Nunca aprendí a maquillarme, pero la Doctora me ofreció su ayuda para eso y ahora veo mis largas pestañas cubiertas de rímel dándome el toque de confianza que trato de fingir. No me gustaba la idea de colocarme labial, pero finalmente accedí cuando observé el hermoso color que estaba tomando mis labios a juego con el vestido. Me negué rotundamente al delineado y el sombreado de ojos porque pensé que era demasiado para mi primera vez tratando de ser bonita, por lo que cuando la Doctora empezó a sacar de su bolso varios pinceles, corrí al baño a encerrarme mientras trataba de darme ánimos. -          Sí no estás lista todavía, puedes quedarte aquí todo el tiempo que necesites. -          Estoy lista. – Respondo rápidamente. “O eso quieres hacerte creer.” Sacudo mi cabeza para evitar esos pensamientos y camino fuera del baño del consultorio de la Doctora. -          Recuérdalo, Adaeze, eres mucho más fuerte de lo que piensas. Asiento con la cabeza y cierro los ojos con fuerza para concentrarme en los pensamientos positivos. “Te ves hermosa.” “Husein se desmayará cuando te vea así.” “Eres más fuerte de lo que piensas.” Abro los ojos para buscar con la mirada el rostro de la Doctora y la encuentro caminando hacia su escritorio para guardar todo el maquillaje dentro de su bolso. Coloca los otros dos vestidos en la gran bolsa de papel blanco en donde los tenía hace una hora y la deja bajo su escritorio. -          No sabe lo agradecida que estoy con usted… por todo. Se ve conmovida por mis palabras o eso parece por las lágrimas sin derramar en sus ojos y la gran sonrisa en sus labios. -          Estoy orgullosa de ti. Ahora, ve y encuentra la felicidad que tanto mereces. Le devuelvo la sonrisa y empiezo a caminar hacia la entrada cuando recuerdo algo. -          Después de la celebración, vendré corriendo a devolverle el vestido y recogeré la ropa que dejé en el baño. -          No tienes que devolverme el vestido, Adaeze. Considéralo un regalo. -          ¿Está segura? -          Por su puesto, solo acéptalo y disfruta. Salgo del consultorio antes de que la Doctora pueda ver la pequeña lágrima traicionera que cae de mi ojo izquierdo y empiezo a caminar a través del pasillo. Llego hasta el final de este y antes de que mis zapatos toquen el césped observo a varios pacientes y enfermeros caminando de un lado al otro, ocupados en sus asuntos, pero mi mente empieza a distorsionar la realidad. Siento la mirada de todos a mi alrededor, viendo las cicatrices y quemaduras en mis piernas. Sus ojos recaen en la quemadura más grande, la de la plancha de mamá. “No es real, nadie me observa.” Quiero cerrar los ojos y caminar así hasta el pabellón de las habitaciones donde Husein y Adriano deben estar llegando, pero de inmediato sé que es una mala idea caminar a ciegas durante poco más de doscientos metros. Camino con la cabeza agachada concentrada en el suelo y las pequeñas piedras que forman el camino hacía el estacionamiento frente a las habitaciones. “Todos observan las asquerosas cicatrices de tu cuerpo.” Ignoro ese pensamiento y continúo caminando mientras empiezo a sentir la dificultad que me causa respirar. “Tendrás otro ataque y ni siquiera has llegado con Husein y Adriano.” “Trata de tranquilizarte, nadie te observa.” Cometo el grave error de levantar mi mirada y me percato de la presencia de dos pacientes hombres observándome disimuladamente a unos pasos. “Te tienen lástima.” Acelero un poco el paso para pasar frente a ellos sin volver a verlos y una vez que me alejo sacudo mis manos para poder secarlas de las gotas de sudor que han vuelto a aparecer. Estoy llegando al estacionamiento cuando un soplo de aire levanta ligeramente mi vestido, pero imagino que alguien pudo ver mi ropa interior y empiezo a sentir el miedo creciendo en mi interior. “Tantos hombres han visto tu ropa interior que ya no debería avergonzarte.” No puedo evitar que ese pensamiento me cause náuseas, pero me recompongo de inmediato y continúo caminando en dirección a la entrada. Estoy a solo unos pasos cuando observo a Husein y Adriano esperándome en la entrada. Este último sostiene una caja blanca en sus manos donde de seguro se encuentra el pastel que Husein dijo que traería. Doy un paso más cuando algo llama mi atención en el rabillo de mi vista y en ese momento exacto me paralizo por completo. Está ahí, observándome directamente. No se mueve ni trata de acercarse, solo se encuentra parado a unos metros a mi derecha. Mi corazón empieza a acelerarse y el miedo llena todos mis pensamientos. Esa horrible sombra que personifica a mis miedos no deja de observarme, pero muy en el fondo sé que si corro me perseguirá y si me mantengo quieta también lo hará. Solo es un miedo solitario que trata de derribarme, pero recuerdo las palabras de la Doctora y cierro los ojos con fuerza mientras trato de olvidarme de su presencia -          Adaeze. La voz de Husein llama mi atención, pero no me atrevo a abrir los ojos mientras siga sintiendo la presencia de esa sombra. “A Husein le vas a resultar asquerosa con tantas cicatrices.” Unas cuantas lágrimas caen por mis mejillas después de ese pensamiento. Se empieza a volver cada vez más difícil deshacerme de esos pensamientos negativos y del miedo personificado a unos pasos. “Eres hermosa, y de seguro Husein piensa lo mismo.” -          Wow. La voz de Husein tan cerca me asusta y abro los ojos para encontrarlo a dos pasos de distancia. -          Adaeze, estás… Wow. Limpio las lágrimas con mis manos rápidamente y sonrió ante su comentario. -          ¿Por qué lloras? La voz de Husein evidencia su preocupación, pero niego con la cabeza para que se olvide de las lágrimas que acabo de derramar. -          ¿Por qué llorabas, Adaeze? Giro mi cuello intuitivamente hacia donde se encuentra la personificación de mis miedos todavía observándome. -          Porque… tengo miedo. -          ¿Miedo, a qué? -          A siempre observarme en el espejo y tener asco de mi misma por las marcas en toda mi piel. -          Esas marcas solo demuestran lo valiente y fuerte que eres. Siento las manos de Husein sosteniendo mi mano derecha y desvío mi atención de la sombra para observarlo a él. -          Eres hermosa, valiente y admirable, Adaeze. Que nadie te haga pensar lo contrario, ni siquiera tú. Sonrío por sus palabras y empiezo a sentirme más relajada poco a poco. -          Adaeze… Adriano se acerca con la caja del pastel en sus manos y me observa con esa mirada tan paternal. -          Estás hermosa, Adaeze. -          Gracias, quería… es decir, quería… estar bonita para esta ocasión. -          Siempre estás hermosa, Adaeze, ese vestido solo hace resaltar tu belleza. De nuevo las ganas de llorar se hacen presentes, pero antes de que pueda derramar otra lágrima, Husein habla. -          Deberíamos entrar, empieza a hacer frío y Adaeze puede enfermarse. -          Si, hijo. Tienes razón. Husein toma mi mano y empezamos a caminar hacia la entrada, pero no puedo evitar girar mi cuello en dirección a la sombra. La veo una última vez mientras me alejo, pero su mirada se mantiene sobre mí hasta que entro al edificio y lo pierdo de vista. -          Adaeze, debo decir que estás más hermosa que cualquier otro día. El comentario de Adriano distrae mis pensamientos y al centrar mi atención en él, me percato que sus ojos me miran con admiración y… ¿Orgullo? -          Husein recordó que te gustan las fresas bañadas en chocolate así que pedimos que le pusieran eso al pastel. No puedo evitar abrir mis ojos ante la sorpresa y toda mi atención se dirige hacia la caja que sostiene Adriano. Puedo imaginar el pastel con fresas bañadas en chocolate y la boca se me hace agua al recordar su sabor. -          Hola, venimos a visitar a Adaeze y me preguntaba si podríamos usar uno de los salones de visitas, por favor. Husein se dirige hacia el enfermero que se encuentra en la recepción tecleando en su computadora. -          Por su puesto, necesito la identificación de ambos, por favor. Como siempre el hombre en la recepción observa las identificaciones de los visitantes y registra los nombres en la computadora antes de dejarnos pasar a la sala dos. Husein no ha soltado mi mano en todo este tiempo y eso está ayudando a tranquilizar mis nervios y apaciguar mis miedos. Adriano abre la puerta del salón y se dirige hacia la pequeña mesa con dos sillas ubicadas en el lado derecho de la habitación. Deja la caja sobre la mesa y se sienta en una de las sillas. Husein me guía hacia el sofá a unos cuantos pasos de la mesa y se sienta mientras espera que me acomode a su lado. -          Estás hermosa. La voz de Husein es lo suficientemente baja para que esas palabras solo pueda escucharlas yo, más no Adriano. Su comentario me hace sonrojar, pero al levantar la mirada hacia sus ojos puedo notar la intensidad con la que me observa y todos los sentimientos encontrados que parece tener en el interior. -          Gracias. Empieza a recorrer mi cuerpo con la mirada y cuando sus ojos caen sobre mis piernas empiezo a sentirme incómoda, pero me obligo a no mover un solo músculo para que Husein no lo note. -          Olvidé traer los platos y el cuchillo que traje de casa, vuelvo en un minuto. Adriano se levanta de su asiento y sale de la habitación en dirección a lo que supongo es su auto. -          Creo que me dio un pequeño infarto cuando te vi con ese vestido. Su comentario me causa gracia, pero a la vez me parece tierno y romántico. -          Pensé que sería buena idea vestirme elegante para tu cumpleaños. -          ¿Lo hiciste por mí? Parece sorprendido y a la vez alagado por mi acción. -          Bueno… sí, supongo que sí. -          Gracias, pero si te sientes incómoda usándolo deberías quitártelo y usar tu ropa normal. -          No me incomoda… es decir… si me sentía incómoda hace unos minutos, pero quiero usarlo. Quería que pensaras que soy bonita. -          No es necesario que uses un vestido para saber que eres la mujer más bonita que he conocido en toda mi vida.  Sonrío como una boba ante sus palabras y me acerco para darle un pequeño beso en los labios antes de que Adriano vuelva. Husein acuna mi rostro entre sus manos y profundiza el beso hasta que escuchamos los pasos de Adriano acercándose y nos alejamos rápidamente para no ser descubiertos.      
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