Capítulo 5

2258 Words
Las lágrimas que caen por mis mejillas limpian un poco la sangre, pero al llegar a mis labios lo salado de las lágrimas provoca un ardor debido al corte en un extremo. Trato de parar de llorar, pero el dolor en mi cuerpo produce la sensación de derrota y por más que trato de olvidar lo que acaba de pasar el dolor y la tristeza me superan y solo puedo dejar correr cada gota que cae de mis ojos. Sé que nunca saldré de este lugar, pero hay algo en mí que no quiere aceptarlo y se niega a rendirse a pesar de que mi cuerpo ha dejado de luchar hace tanto tiempo. Mis brazos están tan delgados que una pulsera podría llegar hasta mi hombro sin problema, pero no quiero rendirme, no todavía. Soy un zombi que solo se levanta de este mugriento suelo cuando abren los candados de las cadenas y me llevan a la habitación con olor a cigarro donde debo trabajar cada noche. Ni siquiera recuerdo la última vez que hablé con alguien, pero puedo recordar la última vez que me golpearon, fue hace dos días, quizá tres. Estoy sumida en una oscuridad tan profunda de la cual me da miedo salir. Debería estar muerta y sin embargo mi cuerpo es tan terco que no quiere desistir. Lloro en silencio todo el tiempo y sin embargo no entiendo de donde sale el agua que cae de mis ojos si hace dos días que no he bebido ni una gota de ningún líquido. Moriré sola en este lugar y nunca nadie encontrará mi c*****r porque de seguro me arrojaran en un río o enterraran tan cerca del infierno que mi cuerpo desaparecerá para siempre. -          Come, que debes trabajar mañana. El hombre rubio me tira un plato desechable con sobras de comida mientras me observa con desprecio y asco. Me muevo lentamente hacia el plato en el piso y trato de tomar la comida con mis manos, pero me siento tan débil que no puedo levantar ni siquiera los pedazos de pan y recuesto mi cabeza junto al plato. Acerco la comida a mi boca con mis manos y el sabor del pan rancio se vuelve un manjar indescriptible que explota en mi boca. -          Espero que finalmente hayas aprendido tu lección. El hombre se aleja y sale del cuarto de las jaulas. -          ¿Estás bien, Adaeze? Adán me saca de mis pensamientos y asiento con la cabeza como respuesta a su pregunta. -          Sé que esta noticia es inesperada, pero no quiero que sientas que te estoy abandonando. Sonrío forzadamente y coloco mi mano sobre la suya que se encuentra sobre el asiento de madera en el cual estamos sentados. -          No siento que me estés abandonando. Tienes que regresar con tu familia y yo no te lo puedo impedir. Adán toma mi mano con la suya y la aprieta ligeramente. -          Te voy a extrañar. Adán sonríe, pero puedo ver la tristeza en sus ojos. “Otra persona más que te abandona.” Ignoro de inmediato ese pensamiento y trato de mantener mi sonrisa forzada mientras lo miro a los ojos. -          Todavía tenemos dos semanas para estar juntos. -          Lo sé, pero ya te extraño. Desvió la mirada para que no note que estoy a punto de llorar y me levanto del asiento. -          Es hora del almuerzo, vamos al comedor. Adán se levanta y comienza a caminar a mi lado en dirección al comedor. -          Quizá puedas pedirle a Adriano que te compre un celular y podría llamarte todos los días. Su idea me parece fantástica y me regaño a mí misma por no darme cuenta de que si Adán se va del centro no significa que nunca más lo volveré a ver o a hablar con él. “Al final se cansará de ti y dejará de llamarte.” -          Ya tengo un celular. -          ¿En serio? ¿Y por qué nunca me hablaste sobre eso? -          Bueno… porque no se permiten los celulares aquí y no tengo idea de donde esté. Husein me lo compró, para poder comunicarnos, pero cuando me fui de su casa no lo traje conmigo. -          Bueno, entonces Adriano podría comprarte otro celular y yo podré hablar contigo cada vez que quiera. -          Si, pero eso será cuando yo también salga de aquí. Adán parece reconsiderar su plan y entrecierra los ojos como si estuviese concentrándose a algo. -          ¿Cuántos meses creen que te queden para que te den de alta? -          No lo sé. -          ¿La Doctora Christine nunca te dijo que si sigues así podrías irte en tantos meses? -          No me siento preparada para irme todavía. Adán analiza mis palabras y está a punto de responder cuando alguien nos interrumpe. -          Adaeze. Giro mi cuello en dirección al origen de la voz y me percato de que se trata de uno de los enfermeros que suele trabajar en la recepción. -          Tienes visita. Da un giro de ciento ochenta grados y regresa por el mismo camino por el que vino. -          ¿Adriano vino a verte hoy? Creí que solo venía los viernes.   -          Quizá deba viajar de nuevo y venga a avisarme que no podrá venir el viernes. -          De acuerdo, entonces te veo luego en el comedor. -          O.K. Camino en la misma dirección en la que lo hizo el enfermero y llego a la recepción. Otro enfermero se encuentra en la recepción, pero al levantar la mirada parece que me reconoce y simplemente me señala con el dedo la dirección que debo tomar. -          Sala uno. - Dice mientras camino hacia la puerta. Al entrar a la habitación busco con la mirada a Adriano, pero en su lugar me topo con la mirada con más arrepentimiento que haya visto en mi vida. Me toma unos segundos asimilar lo que estoy viendo y la idea de salir corriendo de la habitación se me cruza por la cabeza. -          Hola. Su voz detiene los latidos de mi corazón y el sonido hace eco en mi cabeza. -          Sé que debí haber venido antes, pero después de lo que pasó hace unos días pensé que debemos hablar. Trato de pensar en alguna excusa para salir corriendo, pero en el fondo sé que debería quedarme y escucharlo. -          Hola. – Es lo único que alcanzo a decir y de inmediato aparece una sonrisa en sus labios. “Ya no te ves tan confiada como el día que fuiste a verlo.” No creo que mi corazón siga latiendo y mi cabeza se llena de pensamientos de todo tipo. -          Ese día en el hotel… El recuerdo de la mujer abriéndome la puerta llega a mi mente y vuelvo a sentir mi corazón latiendo y la ira creciendo en mi interior. “A eso se le llaman celos.” -          Quiero que sepas que esa mujer no significa nada. Sus palabras me molestan, pero trato de concentrarme para no explotar de nuevo. -          No deberías hablar así de ninguna mujer. Mis palabras parecen confundirlo, pero eso no evita que camine hace mí. -          Tienes razón, me expresé mal. Con esa mujer tuve una relación de una sola noche y no volveré a verla. -          Quizá no a ella, pero de seguro habrá otras mujeres en tu cama. Trato de cerrar mi boca, pero tantos pensamientos en mi cabeza provocan que no pueda callarme y libero cada pensamiento que tengo. -          No habrá más, lo prometo. -          No tienes que prometerme eso, tú y yo no somos nada. Esas últimas palabras dolieron decirlas, pero debo aceptar que esa es la verdad. Con un solo paso se encuentra pegado a mí y envuelve mis manos con las suyas. -          Adaeze… Levanta mis manos y las coloca sobre su pecho. Trato de no mirarlo a los ojos porque temo que mis sentimientos comiencen a hablar por mí. -          Conoces mis sentimientos hacia ti, por lo que no puedes decir que tú y yo no somos nada. Suena algo molesto, pero a la vez herido por mis palabras. -          ¿Por qué? -          ¿Por qué, qué? De nuevo esa voz molesta está gritando en mi cabeza una y otra vez. “Nunca podrás ser feliz.” -          ¿Por qué quieres estar con alguien rota? Mis palabras suenan ahogadas, pero trato de no derramar lágrimas. -          No vuelvas a hablar así de ti misma. Su voz suena tan autoritaria que por un momento me causa escalofríos, pero me recompongo de inmediato. Jalo con fuerza mis manos para poder liberarlas de las suyas y levanto la mirada con intensión de enfrentarlo. -          Eres un egoísta. Levanto mi voz para que pueda escucharme claramente. Su rostro se trasforma de inmediato debido a mis palabras y parece que se prepara para la discusión. -          ¿Yo? Fuiste tú quien me abandonó a pesar de que te ofrecí los mejores doctores y protección absoluta 24/7. -          Traté de asesinarte, deberías quererme del otro extremo del planeta y no en tu casa. Nuestros tonos de voces son altos, pero no tanto como para ser escuchados en la recepción y que las personas de seguridad tengan que intervenir. -          Fue un accidente, no es para tanto. -          El que debería estar en tratamiento psicológico eres tú y no yo si piensas que un intento de asesinato no es para tanto. -          Tuviste un ataque de pánico y te confundiste, eso fue todo. -          Deja de justificar mis acciones, por eso me fui, porque nos convertimos en una relación de dependencia tóxica. -          Yo no dependo de ti. -          Eso lo sé, la que dependía de ti era yo, mientras tú tratabas de protegerme de todo en el mundo como si fuese una muñeca de cristal. Husein me observa con ira y retrocedo un poco cuando noto que está a punto de gritar. -          ¡Te protejo porque eso se hace con las personas que amas! “¿Qué?” Retrocedo otro paso y sus palabras se repiten una y otra vez en mi cabeza. Nos quedamos varios segundos en silencio mirándonos fijamente mientras cada uno trata de asimilar esas palabras. -          Esto no es correcto. Parece confundido y cierro los ojos para dejar de mirar su rostro. -          No funcionaríamos como una pareja. -          ¿Por qué? -          Porque no me conoces. -          Adaeze, te conozco perfectamente. Sé que tu sabor de helado favorito es la vainilla, que nunca te gustaron los gatos porque una vez uno te rasguño en el brazo y que tienes dos lunares en el dedo pulgar de la mano derecha, por eso dibujabas una sonrisa y parecía que tu dedo tenía rostro. Levanto mi pulgar derecho y lo pongo a centímetros del rostro de Husein. -          Mira, mi dedo tiene una carita. Tengo una gran sonrisa en mi rostro que contagio a Husein y toma mi pulgar para poder verlo bien. -          Si le dibujas cejas se verá mucho más realista. Husein libera mi dedo y corro hacia su habitación para buscar el mismo marcador que usé para dibujar una boca sonriente, para ahora dibujar cejas sobre ambos lunares. Pocas veces recuerdo momentos felices, pero cuando ocurre me genera una paz que provoca que sienta por un segundo que puedo olvidar los últimos años de mi vida. -          No sabes cuantos hombres abusaron de mí, tampoco sabes lo que me hacían cuando me castigaban o lo que tuve que hacer las dos veces que dejaron de alimentarme. Abro los ojos y puedo ver su rostro totalmente descompuesto, sé que lo que acabo de decir no es fácil de escuchar, pero no soy la persona que él conoció, ya no más. -          Entonces cuéntame. Ahora soy yo la que se muestra confundida. -          ¿Qué? Se vuelve a acercar a mí, pero esta vez su cuello se inclina y su rostro queda a centímetros del mío. -          Quiero saber todo lo que viviste. -          ¿Por qué querrías eso? -          Porque solo así te conoceré por completo. -          Eso no quita el hecho de que tenemos una relación tóxica. -          ¿Entonces cómo quieres que dejemos de tener una relación tóxica? -          No quiero depender de ti y deja de justificar mis malas acciones. -          De acuerdo, entonces trataste de asesinarme y mereces ir a prisión. Sus palabras me congelan por más de treinta segundos y trato de encontrar indicios de que bromea, pero su rostro está tan cerca del mío que solo puedo ver sus ojos. -          ¿Qué? -          Quieres que te denuncie, entonces lo haré. Dime que debo hacer y lo hago. -          No quiero ir a prisión. -          Bueno, entonces no te denunciaré, pero no dejaré que vuelvas a atacarme. -          No volveré a hacerlo. -          Bien, entonces vuelve a casa. -          N… Mis palabras son interrumpidas y de pronto siento los labios de Husein sobre los míos. Su movimiento me toma por sorpresa y abro los ojos por completo. Puedo observar sus ojos cerrados y sus cejas completamente relajadas. Sus manos suben hasta mi rostro y aprietan ligeramente mis mejillas con la intención de que mis labios sobresalgan. Mi corazón bombardea tan rápido que se siente extraño, pero a la vez comienzo a relajarme y dejo que mis ojos se cierren para disfrutar del beso tan solo un instante. Es la segunda vez que beso a Husein, sin embargo, la sensación es completamente distinta a la primera vez, no se siente como una despedida, más bien es como una bienvenida.    
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