Capítulo 6

2557 Words
Su aliento con olor a vodka me marea un poco, pero evito demostrar mis sentimientos frente a él. -          Eres tan linda como una muñequita. Su rostro se encuentra tan pegado al mío que nuestras respiraciones se mezclan. Trato de controlar las náuseas, pero en cuanto sus labios se pegan a los míos con brusquedad, dejo que todo en mi estómago sea liberado. -          Niña estúpida, ahora tendrás que limpiar todo eso. Señala con asco hacia el vómito regado por todo el brillante piso de madera bajo mis pies. -          Tienes suerte que esta vez te dejo utilizar un trapeador, la próxima lo harás con tu propia lengua. Trato de contener los jugos gástricos en mi interior después de oír su amenaza y debo cubrir mi boca con fuerza para no volver a vomitar. -          Tienes diez minutos para limpiar eso y después quiero que bajes al comedor. -          Sí, Señor Tylor. Bajo la cabeza para evitar mirarlo a los ojos y provocar que su ira crezca. Escucho sus pasos alejándose y mi cerebro repite una y otra vez la imagen de sus labios tocando los míos. Quisiera regresar con mamá, pero todavía recuerdo su cuerpo inerte en el piso y me doy por vencida al pensar que ya no tengo un hogar al cual regresar. Una semana en este lugar y he aprendido que el Señor Tylor es un maldito bastardo, pero hasta ahora no había pensado que llegaría alguna vez a besarme. Ese olor tan característico llega a mis fosas nasales y el recuerdo de cada beso inunda mi mente. Frente a mí se encuentra el rostro de cada hombre que me ha besado y la fuerza y las náuseas empiezan de nuevo. Por un momento mi mente olvida donde estoy, pero mi cuerpo reacciona con violencia y en una fracción de segundo estampo mi puño contra el rostro frente al mío. Retrocede rápidamente mientras cubre su mandíbula y levanta el rostro para poder observarme. Parpadeo rápidamente mientras observo mi puño y tardo varios segundos en entender lo que acabo de hacer. Dirijo mi mirada hacia el hombre frente a mí y todo a mi alrededor comienza a tomar forma y dejar de estar borroso. -          Adaeze… Su voz suena rota y en el momento en que enfoco su rostro me percato de quien me habla. -          Yo… Miro a Husein entre aterrada y angustiada por lo que acabo de hacer. No puedo creer lo que acabo de hacer, pero el dolor en mis nudillos me demuestra que lo que acaba de ocurrir en verdad ocurrió y acabo de golpear a Husein. Husein trata de acercarse hacia mí, pero retrocedo intuitivamente y por un momento pienso que Husein está a punto de devolverme el golpe, pero él nota mi miedo y se mantiene completamente congelado mientras parece que piensa en que hacer. -          ¿Por qué…? Su pregunta se queda en el aire y trato de pensar en una respuesta para lo que acaba de ocurrir, pero no encuentro razones para justificar mis acciones. Observo su rostro en cuanto baja su mano y deja al descubierto su mandíbula. Su piel en esa parte se ve rojiza, pero lo que más llama mi atención es la decepción con la que me observa. Retrocedo lentamente hasta chocar con la puerta y antes de darme cuenta, me encuentro corriendo por el pasillo hasta salir del edificio. Corro por varios minutos hasta que siento la necesidad de inhalar oxígeno para llenar mis pulmones y me veo obligada a detenerme. Me siento en el césped y al levantar la mirada me percato que me encuentro junto al pequeño puente en la entrada del centro. Trato de descansar por un momento, pero mi mente no deja de proyectar imágenes de cada beso que he recibido en mi vida evitando que tenga un poco de paz mental más que sea por unos minutos. “Lo golpeaste.” Mi mente me reprocha por lo que acabo de hacer. Trato de pensar en el motivo que me llevo a golpear a Husein, pero tengo demasiadas ideas en mi mente que no dejan que me concentre. “Sabía que en cualquier momento arruinarías tu relación con Husein.” “No pedí tu opinión.” Quiero discutir con mi conciencia, pero en el fondo sé que tiene razón y solo había que esperar para que arruine mi amistad con Husein. “Él no querrá volver a verte.” No quiero seguir escuchando mis propios pensamientos así que me pongo de pie y busco con la mirada el edificio donde se encuentra el comedor y encontrarme con Adán. Cuando visualizo la entrada al comedor, puedo percatarme que Adán se encuentra junto a la ventana comiendo lo que parece ser trozos de fruta mientras observa a la puerta, seguramente esperando verme. Entro al comedor y camino hacía él, pero parece que nota que algo anda mal y baja lentamente el tenedor en su mano antes de hablar. -          ¿Está todo bien, Adaeze? “Acabas de golpear a la primera persona que quiso ayudarte.” “¿Así le agradeces todo lo que ha hecho por ti?” “Eres una mal agradecida.” “No puedes hacer nada bien, todo tienes que arruinarlo.” “Él jamás querrá volver a verte.” “Eres una persona horrible.” “Deberías acabar con tu vida, nadie puede recomponerte.” “Acaba con todo de una vez por todas y deja que Adriano y Husein sean felices.” “Cuánto dinero está gastando Adriano en este lugar para que no puedan curarte.” “Nadie puede salvarte.” Tantas voces gritan en mi cabeza que dejo de escuchar todos los sonidos del exterior y dejo que mi cuerpo se desplome en el piso mientras cubro mis oídos para dejar de escuchar a esas voces. Caigo de rodillas y por un momento siento un fuerte dolor en mis piernas, pero no me da tiempo a pensar en aquello. Empiezo a llorar y el dolor que causan las voces se vuelve insoportable. Grito para que se callen, pero nada funciona y empiezan a gritar más fuerte que yo. “Termina de una vez por todas con esto, no mereces vivir.” Siento que alguien trata de sostenerme, pero no veo de quien se trata y mi cuerpo retrocede intuitivamente. Alguien me abraza con fuerza, pero trato de patearlo y empujarlo para que se aleje de mí. Nada parece funcionar para poder alejarme de la persona que me abraza así que dejo de luchar a pesar de que las voces siguen gritando en mi interior. -          Todo está bien, Adaeze. Yo estoy aquí. La voz de Adán destaca entre todos los gritos y me percato de que Adán es quien me abraza con fuerza. Tiene recostada su cabeza en mi hombro y se encuentra sentado frente a mí en el piso. Abro los ojos para encontrarme con varios enfermeros observando la escena y solo puedo ver la nuca de Adán quien no deja de susurrarme al oído que todo estará bien. Dejo de gritar, pero las lágrimas no dejan de caer de mis ojos empapando el abrigo de Adán. -          No escuches esas voces. Adán parece saber exactamente lo que está ocurriendo y trato de concentrarme en solo su voz para silenciar al resto. -          Todo estará bien. La voz de Adán es tan relajante que después de varios minutos solo escucho su voz y todas las voces en mi cabeza se callan por completo. Adán se aleja un poco de mí para poder verme a los ojos, pero sostiene firmemente mis hombros. Observa que me encuentro mejor y se pone de pie para poder extenderme su mano y ayudarme a hacer lo mismo. Los enfermeros que solo nos veían finalmente se acercan para examinarme. -          ¿Estás mejor, Adaeze? – Pregunta uno de los enfermeros. Parece que me conoce, pero yo no a él, por lo que me pongo un poco nerviosa. Puedo leer en el gafete que cuelga de uniforme médico el nombre “Luis”. Asiento con la cabeza como respuesta a su pregunta, pero Adán responde por mí.  -          Adaeze, está bien ahora. -          Lo entiendo, pero conoces el procedimiento, Adaeze, debo llevarte con uno de los Doctores para que te revise y después con tu psicólogo para una sesión. Asiento con la cabeza de nuevo para demostrar que entiendo que debo acompañarlo. -          Ve, Adaeze, te buscaré después. Adán parece preocupado por mí, pero trato de sonreír para tranquilizarlo. Dos enfermeros me guían hasta el pabellón de consultorios médicos y mientras uno se queda conmigo, el otro entra a buscar cuál de los ocho médicos se encuentra disponible para atenderme. Cinco minutos más tarde me encuentro sentada frente al escritorio de la Doctora Sanders, o al menos eso dice en la placa metálica colocada en la puerta de su consultorio. -          Adaeze, ¿verdad? Emito un pequeño sonido con mi garganta para responder afirmativamente a su pregunta. Observo con curiosidad los objetos en su escritorio y me llama la atención los dos marcos con fotografías junto al computador. Una de las fotografías se trata de dos pequeños niños gemelos que sonríen alegremente a la cámara que tomó la fotografía, mientras que la otra se trata de un hombre de la edad de Adriano que lleva uniforme de militar, tiene una gran sonrisa en su rostro y la cabeza completamente rapada. -          El enfermero Luis me informó que tuviste un percance en el comedor. Levanto la mirada para poder observar a la Doctora y no puedo evitar observar su cabello lleno de canas a pesar de que haya tan pocas arrugas en su rostro. -          Revisaré si tienes alguna herida o moretón que debamos tratar, ¿de acuerdo? Estoy a punto de negarme, pero sé que si me niego tendrán que anestesiarme para revisarme y no quiero volver a tener pesadillas, por lo que afirmo con la cabeza para demostrar que estoy de acuerdo. -          Prometo que será rápido y si encuentro moretones solo te entregaré una pomada y podrás irte. La Doctora se levanta del escritorio después de escribir algo en el computador y se acerca hasta una balanza digital junto a la camilla. -          Necesito que te quites los zapatos y te pares en la balanza. Hago lo que me pide rápidamente para poderme ir pronto y en cuanto la balanza marca un número, la Doctora camina de regreso al escritorio y vuelve a escribir en el computador. -          Primero te pediré que te quites la blusa y la dejes sobre la camilla, después baja tus pantalones y has lo mismo que con la blusa. No te tocaré si no quieres. Su última frase me tranquiliza un poco y sigo sus instrucciones mientras observo que toma una libreta de su escritorio y saca un bolígrafo del bolsillo de su bata. Al quedarme en ropa interior levanto la mirada para no observar mi propio cuerpo y fijo mi concentración en la lampara del techo. -          ¿Hace cuanto tiempo tienes esa cicatriz en el abdomen? No me siento en confianza como para responderle con palabras por lo que levanto los hombros para indicarle que no conozco la respuesta. -          Puedes responderme con los dedos si quieres. Vuelvo a levantar los hombros para repetir mi respuesta y ella anota algo en su libreta. -          ¿Te lastimaste las rodillas hace rato? Respondo afirmativamente a su pregunta y comienzo a ponerme ansiosa debido al tiempo que he pasado en ropa interior. -          Parece que tienes varias heridas ya cicatrizadas, así que solo te enviaré una pomada para los moretones de las rodillas. Deduzco que ha terminado con su revisión y tomo mi ropa para vestirme apresuradamente mientras ella escribe lo que anotó en la libreta en el computador. La Doctora camina hasta una vitrina con candado al fondo del consultorio y saca una llave de su bolsillo para poder abrir la vitrina y sacar una caja de color blanco. -          Colócate esta pomada una vez al día y los moretones en las rodillas habrán desaparecido en una semana. Tomo la caja que me extiende y me coloco los zapatos para poder salir del consultorio hasta la entrada del edificio donde me esperan los mismos enfermeros que me trajeron. -          La Doctora Christine está ocupada en este momento, pero pide que la vayas a ver en una hora. Asiento con la cabeza y ellos se alejan de mí en dirección al comedor. Me planteo la idea de volver con Adán, pero decido que prefiero ir a mi habitación y descansar un momento de este horrible día. Camino hacia las habitaciones, pero escucho los pasos apresurados de alguien en dirección hacía mi y al girar sobre mis talones, me percato que se trata de Husein. Me congelo por completo y trato de pensar en que hacer, pero mi mente quiere jugar conmigo de nuevo por lo que pongo toda mi concentración en tranquilizarme y no volver a escuchar esas voces en mi cabeza. -          Adaeze… La voz de Husein me desconcentra y estoy a punto de correr de nuevo cuando su voz me detiene. -          No quise incomodarte hace rato. Merecía ese golpe. Sus palabras me confunden y me percato que otra vez Husein se culpa por algo que él no tuvo nada que ver. Todavía recuerdo sus disculpas el día en que nos volvimos a ver y lo triste que me puso al verlo en ese estado. -          Tú no tienes la culpa de nada. -          Claro que sí, no supe controlarme y te besé a la fuerza. Sus palabras me lastiman, pero trato de desviar la concentración para no seguir hablando sobre el beso. -          Creí que ya te habrías ido. -          El enfermero que estaba en la recepción me vio y dijo que debería ir a uno de los consultorios a que me revisen si no tengo dislocada la mandíbula. Inmediatamente me avergüenzo y bajo la cabeza al no saber cómo continuar con esta conversación. -          No es tu culpa, Adaeze. No debí haberte besado, fue un arrebato que no volverá a pasar y te pido disculpas por mi falta de control sobre mis impulsos. Por un momento me gustaría golpearlo de nuevo para callarlo y que deje de pensar que todo siempre es su culpa, pero me contengo. -          No es tu culpa, simplemente recordé… - me gustaría completar esa oración, pero no puedo decirle a Husein que recordé a todos los hombres que me besaron a la fuerza. -          Lo entiendo… recordaste lo que te hicieron. No sé qué más decir, pero Husein parece que entiende a la perfección como me sentí. -          Es por eso por lo que no debí haberte besado, de seguro pensaste que era como esos hombres y te lastimaría, pero… Husein sigue dando explicaciones y se culpa por mi reacción. Con cada palabra que dice me siento más impotente por cómo se siente respecto a mi reacción y las ganas de golpearlo crecen a cada segundo, pero termino haciendo algo distinto. Me acerco rápidamente hacia él y tomo su rostro para plantearle un rápido beso que lo deja sorprendido, pero a la vez detiene su monólogo. Sus ojos se abren ante la sorpresa y antes de que pueda decir algo, me alejo de él y camino apresuradamente hacia mi habitación.  
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