- ¡Adriano!
Grito con entusiasmo al observar el rostro de Adriano esperándome con paciencia. Corro hacía él y me recibe con un abrazo fraternal.
- Mi pequeña.
Nos separamos después de varios segundos abrazados y Adriano me invita a sentarme frente a él en la mesa junto al gran sofá donde ayer nos encontrábamos recostados Husein y yo.
Adriano coloca una bolsa de regalo de tamaño mediano sobre la mesa y espera a que la tome para buscar en el interior.
Procedo a introducir mi mano en el interior y descubro su contenido. Se trata de un libro donde las palabras “La primera” resaltan en la parte superior de la portada.
- Husein dijo que te trajera eso.
De inmediato recuerdo mi conversación con Husein y tomo el libro con ambas manos observándolo con detenimiento mientras empiezo a imaginar todo lo que puede estar escrito en esas hojas y de seguro, también las he vivido.
- Así que ya sabes sobre la autora.
Levanto la mirada hacía Adriano y dejo reposar el libro sobre la mesa para centrar toda mi atención en el hombre frente a mí.
- Husein mencionó que la vio en televisión.
- No sabíamos de la existencia de ese libro, pero al parecer ahora todo mundo quiere saber todos los detalles de las ocho mujeres secuestradas que aparecieron en las noticias hace casi un año.
- Cuando llegué a ese lugar ya había otras mujeres, sin embargo, nunca me pregunté quien sería la primera en ese lugar, supongo que ahora lo sé.
Un escalofrío recorre mi columna vertebral al recordar mi primer día en ese sitio… en esas jaulas y no puedo evitar que mis manos empiecen a temblar, por lo que las oculto bajo la mesa antes de que Adriano lo note.
- Anoche leí unos cuantos capítulos del libro y no pude evitar imaginar que se trataba de ti…
Sé que a Adriano le cuesta hablar del tema, ya que lo mismo sucede conmigo.
- No pienses en eso, ahora estoy aquí, justo frente a ti.
Utilizo mi mano derecha para tomar una de las manos que Adriano mantiene sobre la mesa y trato de distraerlo para que deje de imaginarme como la protagonista de ese libro.
- La Doctora Christine suele decir que somos el producto de nuestro pasado, pero solo nosotros podemos decidir si convertirnos en sus prisioneros. Trabajo todos los días para encontrar mi propia felicidad y ya no me dejo vencer por todos esos miedos que habitaban mi mente.
Adriano parece tranquilizarse con mis palabras y me observa con orgullo.
No puedo evitar sentirme culpable con mentirle respecto a mis miedos, a pesar de todo la manera en la que me observa me alienta a continuar luchando con mis propios miedos hasta que llegue el día en el que dejen de estar presentes en mi vida.
- Husein también dijo que querías hablar conmigo sobre algo, ¿de qué se trata?
Aclaro mi garganta y alejo mi mano de la de Adriano antes de empezar a hablar.
- Quiero… salir.
- Adaeze, la última vez que saliste fue un desastre y…
- No, no, no.
Lo interrumpo rápidamente al percatarme que no me expresé correctamente.
- Me refería a que… quiero volver al mundo, construir una vida propia y empezar a ser una adulta.
Adriano se mantiene en silencio varios segundos mientras parece comprender mis palabras.
- ¿Estás segura?
“Claro que no.”
- Sí.
- ¿Hablaste de eso con Husein?
- Le comenté que pensaba que era hora de volver a la vida real, conseguir un empleo o quizá estudiar.
- ¿Qué fue lo que él te dijo?
- Husein quiere que regrese a vivir con él.
De nuevo, Adriano se mantiene en silencio y empiezo a sentirme menos confiada con mi decisión de abandonar el centro y regresar con Husein.
- Adaeze, la última vez que viviste con Husein trataste de…
- ¡No lo menciones!
Levanto la voz para interrumpirlo, pero de inmediato me arrepiento al observar la expresión de asombro en el rostro de Adriano.
- Lo lamento, no quise gritar.
- Sé que no te gusta hablar de eso, sin embargo, tú y yo sabemos lo que pasó ese día y a pesar de que te quiero con todo mi corazón no me gustaría que volvieras a atacar a mi hijo.
- No lo haré, ese día estuve demasiado estresada y empecé a ver todo borroso, no pude reconocer a Husein.
- ¿Qué harás si vuelve a suceder lo mismo? ¿Y sí no reconoces a Husein de nuevo y lo atacas?
Puedo sentir mis manos temblando de nuevos y me veo obligada a sostener mis piernas con fuerza para tratar de disimular el temblor. Bajo la mirada hacía el libro para no observar a Adriano, aunque de inmediato recuerdo de que trata ese libro, por lo que cierro los ojos para tranquilizarme.
- Jamás sucederá de nuevo, me arrepiento de eso todos los días y he trabajo en no volver a tener otro ataque de nuevo. – Hablo tan rápido que a penas comprendo mis propias palabras.
- Adaeze… mírame a los ojos.
Sigo las órdenes de Adriano y levanto la mirada hacía su rostro.
- Te quiero como si fueses mi hija, lo sabes, ¿verdad?
Asiento con la cabeza incapaz de emitir una palabra y romper en llanto.
- Jamás permitiría que sufrieras y sé que el recuerdo de ese día te ha estado atormentando desde entonces, con todo necesito que me digas lo que pasó ese día para no permitir que ocurra de nuevo. No solo debo protegerte a ti, también debo hacerlo con Husein.
Me tardo unos segundos en tratar de tranquilizarme y controlar el temblor de mis manos, pero finalmente lo logro.
- Pensé que Husein te había contado.
- Le pregunté varias veces después de que vine a dejarte en este lugar, sin embargo, siempre respondía que había sido un accidente y que todo había sido su culpa.
Puedo sentir cómo mi corazón se rompe en cientos de pedazos al escuchar que Husein se volvía a culpar por algo que evidentemente era mi culpa.
- Solamente puedo recordar lo que mi mente me hacía ver, no puedo recordar lo que realmente pasó.
- Dime lo que recuerdas, Adaeze.
“Tranquilízate para no tener otro ataque o puedes llegar a lastimar a Adriano.”
Repito esas palabras en mi mente una y otra vez mientras empiezo a narrar.
Ingreso al departamento con las lágrimas contenidas en mis ojos y mis piernas todavía temblando.
Escucho ruido en la cocina y deduzco que se trata de Husein, por lo que trato de limpiar mi rostro antes de que presentarme ante Husein.
Camino lentamente hacia la cocina y lo observo tomando varios cubiertos y platos de los cajones. Parece que se encuentra distraído mientras tararea una canción desconocida para mí, por otra parte, cuando nota mi presencia me observa con una sonrisa y deja los platos y cubiertos sobre la encimera.
- Adaeze, llegas temprano.
Camina hacia mí y me abraza por varios segundos hasta que nuestros cuerpos se separan y al mirarme a los ojos parece notar las lágrimas que traté de limpiar.
- ¿Pasó algo?
Finjo ignorancia y trato de sonreír para distraerlo.
- No, ¿por qué lo preguntas?
- Tus ojos, están un poco rojos… como si hubieses llorado.
- Cuando venía había mucho viento y algo de polvo entró en mis ojos, debe ser eso.
Parece que no logro convencerlo, pero de igual manera Husein acepta mi respuesta y vuelve a tomar los cubiertos y las cucharas para llevar todo hacia el pequeño comedor para cuatro personas junto a la sala de estar.
- Volví a casa temprano y pensé que sería buena idea preparar un poco de lasaña para la cena. Todavía no está lista, aunque solamente falta diez minutos.
- De acuerdo, esperaré esos diez minutos en el sofá.
- Primero deberías cambiarte de ropa. Así estarás más cómoda.
Asiento con la cabeza y camino hacía mi habitación para cambiarme de ropa. Me coloco un abrigo grande que Husein compró para mí y unos pantalones deportivos que me regalaron en el hospital.
Al volver a la sala de estar noto que la televisión se encuentra encendida y procedo a sentarme en el sofá mientras Husein parece que extrae la lasaña del horno.
Empiezo a recordar mi día y vuelvo a sentirme triste cuando recuerdo el comentario de uno de mis compañeros de trabajo cuando Diana le mostraba la noticia sobre el juicio contra los secuestradores de ocho mujeres. No tardé más de dos segundos en percatarme que se trataba del juicio en el que di testimonio hace unas semanas y todas mis alarmas se dispararon.
“No entiendo cómo pueden ser tan débiles para haber aguantado tanto tiempo, si hubiesen sido lo suficientemente inteligentes se hubiesen unido y peleado con los tres secuestradores, eran ocho contra tres, fácilmente hubiesen ganado y ellas sería libres desde hace mucho.” Fueron las palabras exactas de aquel hombre y en ese momento me sentí tan estúpida.
La voz de un hombre en la televisión llama mi atención y cuando levanto la mirada observo en letras grandes las palabras: “Los nombres de las ocho mujeres secuestradas finalmente se expusieron.”
Toda mi sangre se congela al leer esas palabras en la televisión y mis ojos se abren ante la sorpresa.
- Hace unas horas se dio a conocer los documentos con los nombres de los testigos en el juicio de hace unas semanas del caso de las ocho mujeres que se rescataron de un edificio abandonado en St. Lois. En estos documentos destacan los nombres de ocho testigos clave que se especula, se trata de las ocho mujeres rescatas.
Mi pecho empieza a subir y bajar erráticamente al observar las fotografías que empiezan a aparecer en la pantalla una por una.
Al distinguir mi rostro en la penúltima fotografía mi mente se bloquea por completo y puedo notar el pánico creciendo en mi interior.
- Sus nombres son: …
Cubro mis oídos para evitar escuchar mi nombre siendo pronunciado por aquel hombre y todo mi cuerpo empieza a temblar.
En el momento en que observo que mi fotografía es colocada en todo el ancho de la pantalla me sobresalto y descubro mis oídos.
- Según los documentos filtrados se dice que Adaeze William fue víctima de secuestro a sus diez años por parte de un hombre a quien solo se conoce como “Señor Tylor” Adaeze terminó en las garras de la organización conocida como “Roses” después de la muerte de ese hombre y la han mantenido dentro de una celda desde entonces.
Empiezo a gritar a todo pulmón una y otra vez hasta que siento los brazos de alguien envolviendo mi cuerpo.
Empujo y pataleo a quien sea que me sostiene, pero parece que no funciona y no puedo liberarme del su agarre.
- Aléjate de mí o te mataré como lo hice con el Señor Tylor.
Sigo gritando para que me liberen, sin embargo, parece que el agarre se hace más fuerte por lo que levanto mi rodilla y lo golpeo en medio de las piernas.
Finalmente, soy liberada y corro hacia la cocina en busca de un arma con la que pueda defenderme. No tengo control de mi propio cuerpo y de un momento al otro sostengo un cuchillo en mis manos.
Corro hacia la salida, y alguien me vuelve a sostener, todo veo borroso debido a todas las lágrimas en mis ojos, por lo que al momento en que me percato que tratan de retenerme mi cuerpo empieza a atacar a quien me sostiene.
Intento clavarle el cuchillo en su pecho como lo hice con el Señor Tylor, pero el hombre quien me sostiene reacciona rápido y retrocede antes de que pueda hacerle daño. Vuelvo a intentar lastimarlo, en consecuencia, vuelve a retroceder y noto que es momento de huir.
Suelto el cuchillo mientras empiezo a correr por el pasillo y bajo las escaleras tan rápido como puedo. Continúo corriendo hasta que mi cuerpo no puede más y caigo al piso debido al cansancio.
No puedo observar a Adriano a los ojos por la vergüenza que siento en este momento, sin embargo, de un momento al otro siento como unos brazos me rodean, me anticipo a que mi mente empiece a jugar conmigo por lo que correspondo al abrazo de Adriano y me recuerdo mentalmente que jamás debo temer de él.
Siento unas cuantas gotas de agua cayendo en mi cabeza y de inmediato me percato que Adriano está llorando por mi relato. Trato de mantenerme serena y controlarme, pero las lágrimas de Adriano me derrumban y finalmente lloro en su pecho.