Me quedé dormido de lo cansado que estaba de huir de los perros de la mansión Budei y pedalear hasta casa. Cuando llegué papá no había llegado aún, así que sólo entré, me duché y me metí en la cama, miré a Seth cansado de verdad, me extrañó ya que siempre ha demostrado tener bastante energía, pero esta mañana no me ha levantado con ningún ladrido, lo que significaba que se quedó dormido profundamente también. Cuando por fin desperté en la mañana me encontré con una casa silenciosa, miré a mi alrededor y di con una nota de parte de papá sobre la mesa de noche:
“Me voy a trabajar, no quise despertarte. Dejé el desayuno preparado. Te quiero. Papá.”
Parece que no sospecha porque no lo mencionó. Aún no sé si ha funcionado lo que hice por Theresa, si su luz ha trascendido, pero como ella no apareció cuando llegué a casa, supongo que sí.
Preferí quedarme en casa hoy, desayuné lo que preparó papá, le di su comida a Seth y limpié un poco, fue uno de esos días tranquilos viendo televisión o pasando el rato en internet, jugando un poco con Seth en el patio, donde me encontré la cuerda que usé la noche anterior para salir de la mansión con una nota algo oculta:
“Muchas gracias por ayudarme, Samuel, me encargaré de que mi hermana lea mi carta, si no vuelvo a aparecer es porque ya estoy descansando en paz.”
Le sonrío al papel, se siente bien ayudar. Siento un calor en mi pecho, es algo extraño, como si me diera fuerza o algo así, salgo de mis pensamientos cuando Seth me ladra dejando la pelota que le he lanzado para que lo haga de nuevo.
Ya son las 3:30 p. m., papá ha llamado a casa un par de veces, me avisó que vuelve hasta las 8:00 de la noche, y yo le respondo con un “está bien”, pensando en si hoy me encontraré con otro fantasma que necesitará ayuda. Hice un par de trabajos de vacaciones y ahora toca relajarme un poco.
Voy por el pasillo hacia la cocina por un vaso de agua. Bebo el contenido refrescante cuando escucho ruidos provenientes de la sala, enseguida escucho las patas de Seth chocar con la madera encima del techo de la cocina. Dejo el vaso sobre la mesa y me asomo hacia esa habitación, viendo a un chico y una chica merodeando por el lugar admirando cada objeto con el que se cruzan.
―Oh, visitas. ―Seth se sienta en un escalón de la escalera mirándolos curioso.
―¿Hola?― pregunto para llamar su atención, y al verlos reaccionar sobresaltados supe que no esperaban ser recibidos. Como si yo fuera el fantasma, se quedaron congelados, mirándose de reojo.
―Puede vernos. ―murmura la chica formando una sonrisa con sus ojos grandes abiertos― ¡Es cierto que puede vernos!― Reacciona de su trance agitando el brazo del chico, este parece estar en sus veintes, mientras que ella parece tener quince años. Por su forma de ir vestidos no parecen de esta época.
―Parece que sí ―le murmura a la joven mientras me mira fijamente―, ¿de verdad puedes vernos o el "hola" fue el típico que preguntan en las películas cuando-?― El chico comienza a divagar solo.
―Sí, puedo verlos, oírlos, entenderles ―Sonriendo detengo al chico que comienza a contar la parte del susto de una película de terror.
―No sé qué decir, era el más escéptico con respecto a esto ―dice perplejo, la chica rueda los ojos regalándome una sonrisa burlona― ¿Cómo lo haces?
―Yo no hago nada, todo lo que sabes tú es lo mismo que sé yo sobre esto― Me recargo en el marco de la puerta de la cocina. Sin esperarlo, los grandes pasos de Seth corriendo hacia la puerta principal me indica que alguien se acerca, al abrirse entra papá; Seth al estar cerca de él lo recibe dando saltos y ladrando contento.
―Hey, hola, ¿tan temprano en casa? ―Le pregunto de lo más normal, sabiendo que tengo a dos entes inmateriales delante de mí. Él ni siquiera me mira, se le ve muy agitado, arrugo un poco mis cejas ante su extraño comportamiento.
―No, olvidé algo, me necesitan en el trabajo, se presentaron algunos problemas. ―Mientras habla va de lado a lado buscando algo, cuando lo encuentra se voltea hacia mí soltando un gran suspiro, se le mira preocupado y agotado―. No me esperes para la cena, y no te duermas tarde, te quiero ―diciendo eso último sale de casa, sin darme la oportunidad de decirle algo. Su comportamiento me deja pensando unos segundos, pero lo dejo pasar. Sé que se esfuerza demasiado para sacarnos adelante, y yo lo único que puedo hacer es no ocasionar problemas.
Volviendo mi vista a los chicos se les ve tensos, como con miedo a ser vistos por mi padre.
―Hola, perrito ―La chica se acerca a Seth dispuesta a acariciarle la cabeza, y éste como todo seguidor de sus instintos, la deja hacerlo.
―¿Y bien? ―los vuelvo a llamar―, primero, ¿quiénes son? ―pregunto con una sonrisa amable.
―Ah, sí, yo soy Sebastián, y ella es mi hermana menor, Nerea. ―La chica regresa al lado de su hermano y sacude su mano en un gesto de saludo, con una sonrisa agradable.
―Bien, yo soy Samuel, y él es- ―me presento y apunto hacia el can para presentarlo también pero se me adelanta.
―Seth, para servirles. ―Baja su hocico en gesto de reverencia, lo que parece darles ternura a los entes, y sé que pueden entenderle ya que lo miran y asienten, la chica hace una reverencia alzando un poco su vestido.
―Bueno, ¿en qué puedo ayudar? ―pregunto prestando atención al par de hermanos.
―Bueno, los rumores corren rápido, dicen que tú puedes ayudarnos a que nuestras luces salgan de la oscuridad del sub-limbo. ―Nerea me transmitía positividad, su forma de hablar es energética y divertida.
―Bien, ¿tienen idea de qué es lo que no los deja irse? ―Intercambian miradas para después asentir hacia mí.
―Sí, bueno, creemos que es una caja de madera que pertenecía a nuestra madre, y que en su interior hay un medallón muy especial para nuestra familia, la estuvimos buscando mucho tiempo hasta que dimos con ella, ya que nuestra abuela se la heredó a nuestra madre, ahora- ―comienza a explicar el chico, siendo algo detallado con la información.
―Sí, que yo soy la siguiente en heredarla, y ya sabemos dónde está ―lo interrumpe Nerea. Sebastián me explica cada detalle que puede sonar irrelevante para su hermana pero medianamente interesante para mí, aunque lo que me interesa de verdad es dónde está para entregárselo.
―Ok, ―Asiento con la cabeza mientras le sonrío a Sebastián quien me mira algo apenado― ¿en dónde está? ―pregunto intercalando miradas con los dos.
―En medio del bosque ―dice Nerea sin más, con sus sonrisa extendida por su rostro.
―Me acompañarán, ¿verdad? ―Me pongo un poco serio de repente, volviendo a sonreír nerviosamente― No es porque tenga miedo- ―Vacilo haciéndome el valiente.
―Pues sí, debemos decirte el camino y el punto exacto, o ¿quieres ir sólo?, podemos hacerte un mapa y todo ―se burla Nerea, debí esperarlo.
―No, no, está bien así, pero debemos irnos ya antes de que anochezca ―Subo a la habitación para cambiarme y arreglar una mochila con cosas que puede que necesite por si sucede algún imprevisto.
―¿En dónde se encuentra la caja? ―pregunto para saber si debo llevar alguna herramienta.
―Pues en el bosque, te lo acabamos de decir ―contesta Sebastián, no sé si lo dice bromeando. Por la reacción de Nerea al rodar los ojos y soltar una risa burlona, sé que lo dice en serio.
―Pero.. .me refiero a si está enterrada, u oculta en algún lugar, yo qué sé ―aclaro con una mirada burlona en mi cara.
―Está enterrado al lado de un gran árbol, ―se apresura a explicar―, y cuando digo un gran árbol, ―alza las cejas mientras asiente fingiendo sorpresa― es un gran árbol. ―Le regalo una sonrisa al ver lo sorprendido que se ve al decir lo del gran árbol.
―Llevaré una pala entonces ―digo yendo a la parte trasera de la casa.
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Llevamos un rato caminando, alrededor de veinte minutos, miro mi reloj para comprobar la hora: 04:05 p. m.
Me puse a pensar en las miles y miles de luces que aún están huyendo de las sombras, y las que ya han sido devoradas. De momento han sido cosas medianamente fáciles las que he tenido que hacer, para ayudar a Theresa y ahora a los hermanos, pero, ¿qué si una de las últimas cosas de un ente por realizar en “el mundo de los vivos” es hacerle daño, cobrar venganza o asesinar a alguien?, por sentido común no lo haría. Sé que esto no es fácil, y no será fácil, pero mi lado solidario me dice que trate de ayudar a todo aquel que se aparezca buscando ayuda.
Me han contado por qué van vestidos así, yo pensaba que habían muerto hace mucho tiempo, que eran de otra época, pero resulta que son disfraces, estaban de regreso de una fiesta de Halloween cuando en una intersección un coche que se saltó la luz roja impactó en el que ellos venían, la fuerza del golpe generó que sus vidas concluyeran al instante; me explicaron que la mayoría de los entes permanecen iguales a como fallecieron, mencionan que han visto a otros que han muerto con poca o nula ropa, y no pueden hacer nada.
Durante el relato Nerea parece haber disminuido su alegría un poco, y Sebastián poniéndose más serio me hizo pensar que deber ser duro recordar cómo viviste ese día sin saber que iba a ser el último día de tu vida.
―Ya llegamos. ―Indica Nerea recuperando su actitud animada. Dirijo mi vista hacia al frente, encontrándome con un árbol más grande que los que lo rodean, “sí que es un gran árbol”, pienso.
―¿Y saben en qué punto está? ―pregunto mirando todo el área de tierra que hay alrededor del árbol, sus raíces gruesas extendiéndose. Intercambian miradas dudosos, dejándome claro que no lo saben.
―Sólo sabemos que está debajo de éste árbol, o cerca... ―dice Nerea con nerviosismo mientras toca su cuello―, ¿no puedes hacer algo tú?, como rastrearlo o algo así. ―Es un gran área como para excavar por todas partes, además, no podemos perder más tiempo.
―No-no sé qué puedo hacer ―titubeo pero les soy sincero, creo que es más fácil que el pendiente sea arreglar un asunto con una persona viva, que buscando objetos o pertenencias a menos que se sepa dónde puedo encontrarlo.
―Por favor, nos estamos arriesgando estando aquí, ¡no aguanto esta tensión de en qué momento esas malditas sombras atraparán a mi luz!, ¡dan miedo, ¿sabes?! ¡¿Lo sabes?! ―Sebastián se altera progresivamente, me toma de los hombros mientras me sacude y me exclama en la cara, sin querer suelto la pala, cae al suelo y en el proceso traspasa al chico; intento calmarlo pero fracaso. Yo no sé qué decirle, sé que está desesperado, trato de ponerme en sus zapatos, yo aún no entiendo muchas cosas.
Seth le gruñe por instinto al ver la reacción que considera amenazadora poniéndose a mi lado. Nerea se acerca para alejarnos, pero al tocar mi hombro de repente siento una corriente eléctrica recorrer por todo mi cuerpo, luego un mareo leve aparece, de repente todo nuestro alrededor desaparece, sólo estamos la chica y yo en medio de una oscuridad, una luz rojiza se forma en su pecho y sale un rayo de energía de este para crear un trayecto hacia donde estaría la tierra, desciende hasta el suelo y se mueve por este hasta detenerse cerca del árbol enorme que está a mi izquierda, presente también en la especie de conexión que se ha creado, y marcando con una luz más brillante el punto, supongo que indicando donde está nuestro objetivo.
Ahora que he localizado el objeto, la oscuridad empieza a disiparse y la luz de la tarde ilumina alrededor de nuevo, fue como si me hubiera deslumbrado con un flash y poco a poco recobrara mi vista normal; siento un leve dolor de cabeza cuando vuelvo a estar frente a los hermanos que me miran extrañados.
―¿Samuel? ¿Te encuentras bien? ―pregunta Nerea algo preocupada, ya se ha alejado de mí para ponerse al lado de su hermano quien me mira con las cejas arrugadas, hasta Seth se ha preocupado porque siento que se acerca para olfatearme. Parpadeo rápido para mirarla, parece que me quedé observando la luz que aún persiste tenue a mis ojos, pensando sobre lo que acaba de pasar.
―Está por aquí ―Me muevo hacia el lugar en donde se termina la línea roja, pero en el camino me acuerdo que no llevo la pala conmigo y me regreso rápidamente para tomarla del suelo, retomando mi trayecto hasta el punto luminoso.
Comienzo a excavar y Seth hace lo mismo con sus patas; con los hermanos en silencio esperando a nuestro lado no nos detenemos hasta que golpeo algo de madera con la pala, es la caja. Le doy una rápida mirada a Seth y usando mis manos me apresuro a remover la tierra que falta para finalmente sacar la caja, le limpio la tierra que aún tiene encima, dejándome ver unos símbolos extraños tallados en la madera junto algunas decoraciones.
Los hermanos se acercan lentamente, me levanto para extenderles la caja pero sólo la observan.
―¿Quieres que la abra por ti? ―le pregunto a Nerea quien mira fijamente al objeto que tengo en mis manos, asintiendo para que realice mi petición.
Limpio la cerradura un poco oxidado y finalmente levanto la tapa, a las bisagras les cuesta moverse pero consigo abrirlo. Dentro encuentro unos cuantos papeles amarillentos, unos accesorios para el cabello y el que creo es el medallón que pasa de generación en generación. Increíblemente todo está en casi perfecto estado, a pesar de no saber cuánto tiempo ha estado enterrado aquí, imagino que el ambiente y la naturaleza debió corro las cosas de esta caja pero no fue así.
Tomo el medallón de un extremo sacándolo lentamente, la joya tiene forma de estrella de seis picos plateada, parecida a una “Rosa de los Vientos”, y que se ha mantenido brillante. Nerea camina hacia mí a paso lento, admirando la reliquia colgando frente a ella, sus ojos se iluminan mostrando muchas emociones, extiende su mano dispuesta a aceptarlo. En su rostro aparece una sonrisa nostálgica seguida de lágrimas resbalando por sus mejillas; pareciera que está recordando a su madre, sé lo que se siente extrañar a alguien tanto.
Levanta la mirada brindándome una sonrisa de agradecimiento. Sin verlo venir, junta sus cejas en señal de confusión.
―Si tener éste medallón conmigo era mi propósito, ¿cuál es el tuyo? ―Se gira para ver a su hermano, él la mira borrando de a poco su sonrisa, suspira con una expresión apenada.
―Yo ya lo cumplí desde hace un tiempo ―suelta haciendo una mueca, detecto nerviosismo en su rostro. Su hermana suelta un resoplido perpleja.
―¿Y por qué sigues aquí?, si cumpliste con tu último propósito debías irte, ―dice casi en tono de reproche.
―Porque tenía miedo de irme solo, de alejarme de ti y ya no poder encontrarte ―Se forman lágrimas en los ojos del chico durante tal confesión, su hermana reacciona con más lágrimas y una sonrisa cariñosa.
Mi relación más cercana a una hermandad es con Keyla, nos conocemos desde niños, y no puedo evitar pensar en ella viéndolos a ellos, parpadeo alejando las lágrimas que amenazan con salir de mis ojos.
―¿Era eso o tenías miedo a perderte en el camino? ―bromea la chica al no encontrar palabras para contestar a la decisión que había tomado su hermano sin ella tener idea. Sebastián la abraza sonriendo soltando una risa profunda.
―A parte de eso. ―Le sigue el juego, logrando hacerme soltar una pequeña risa. Escucho un sollozo a mi lado, miro extrañado a Seth al ver que pasa una pata por su hocico, limpiando sus ojos.
―¿Qué?, son tan lindos y por fin podrán descansar en paz juntos― Justificó su llanto al darse cuenta que lo miro. Los entes le sonríen mostrando que lo han escuchado.
El mayor toma gentilmente el medallón de entre las manos de su pequeña hermana, lo pasa por encima de su cabeza y lo deja colgando en su cuello, posando sus manos en los hombros de la chica mientras la mira con ternura. Seth y yo solo observamos la emotiva escena frente a nosotros.
Repentinamente una luz comienza a rodear todo el cuerpo de Nerea, a diferencia de la luz que emanaba Richard, esta luz tiene una tonalidad amarilla; entrecierro un poco los ojos ante el brillo presente delante, espero no llamar la atención de nadie. Veo entre el resplandor a Nerea levitar un poco sobre el suelo, pero no puedo verla a ella por la luz deslumbrante. Poco a poco la luz se desvanece de alrededor de Nerea, ella vuelve a estar al lado de su hermano y en su rostro aparece una expresión de paz, suspira mirando a su hermano sorprendido al igual que nosotros. Una luz se mantiene sobre su cuerpo perdiéndose en el cielo, como si estuvieran a punto de ser abducidos por extraterrestres.
―De verdad te agradecemos mucho lo que has hecho, ―Se acerca despacio a mí con una sonrisa, la miro perplejo dándome cuenta que la luz se desvanece de a poco―, bueno, por mí ―se corrige tomando en cuenta lo que le ha contado Sebastián. Sin esperármelo me rodea con sus brazos causando un pequeño escalofrío en todo mi cuerpo, sí que son fríos, pero es también la sensación de una energía que los rodea de por sí.
―No es nada, si tengo este poder o lo que sea, lo usaré para ayudar ―respondo sincero mientras Sebastián estrecha mi mano y me jala para darme un apretado abrazo, su reacción me hace reír y escucho a Nerea hacer lo mismo.
A pesar de no entender qué pasó para que yo pueda ver a los famosos fantasmas, y ni hablar de que ahora vivo alerta por no saber en qué momento aparecerá otro ser para pedir ayuda, me siento bien cuando logro ayudarlos, y yo trataré de brindar mi tiempo a ayudar a tantos como pueda, siento en mi corazón que debo hacerlo.
―Creo que es hora de irnos ―Nerea llama la atención de Sebastián. ―. Adiós, Samuel, ―él vuelve a su lado para sostener la mano de su hermana, la luz del cielo aparece progresivamente, rodeando a los dos―, adiós, Seth. ―Se despide ahora del can a mi lado, agitando su mano libre con una sonrisa en su rostro.
―Ah, lo olvidaba, toma. ―Mete su mano al bolsillo de su pantalón y saca algo que lanza hacia mí, al atrapar el objeto miro que es una moneda de plata; al mirarlo para cuestionar el por qué de la moneda él se adelanta a responder― Por la ayuda, por favor, acéptala. ―Asiento mirando como la luz los rodea por completo, como una explosión de un brillo cegador desaparece dejando un rastro de pequeñas partículas de luces.
Miro a ver a Seth y él voltea a mirarme, me río por lo increíble que ha sido esto, admirando el cielo azul con algunas nubes blancas y casi traslúcidas.
―Debemos tapar este agujero ―menciono apuntando al hueco que hemos cavado―, no se ve muy seguro, alguien podría caerse ―Seth se me adelanta y se pone a lanzar tierra por todas partes excepto al agujero que tenemos que tapar; tampoco es que el hoyo sea tan profundo como para matar a alguien pero sí que se doble un tobillo.
―No le estás atinando, Seth ―digo con una sonrisa burlona, este se detiene a mirar la tierra que está regada alrededor del agujero.
―Pues ayúdame, no te quedes ahí mirando ―responde en tono indignado, suelto una carcajada y me dispongo a tomar la pala y ayudarlo.