Después de lo sucedido con Richard traté de enfocarme en terminar todos mis pendientes para así tener todas las vacaciones libre, pero claro que el pensamiento de que más fantasmas me visitarán, y puede que ya estén aquí y no me de cuenta, me perturba un poco. Cuando por fin logré conciliar el sueño caí rendido ante el fuerte cansancio, y creo que hasta conseguí el sueño profundo. Por la mañana me despierto con una rara sensación, no diría que desagradable, pero tampoco buena del todo, como si no hubiera descansado bien, aún así trato de ignorarlo y me incorporo en la cama para estirarme.
―¡BUENOS DÍAS! ―exclama Seth, ladrando muy fuerte mientras se estira también en su colchoneta ―Siento que será un día maravilloso, ¿no lo crees? ―Vaya diferencia de actitudes.
―¿Siempre eres tan positivo y energético? ―cuestiono perezosamente, quisiera seguir durmiendo pero papá insiste en que salga a divertirme fuera, que vaya al parque o algo, “¡son vacaciones, disfrútalas!”, me dijo.
―Claro que sí, lo positivo siempre es bueno. ―responde moviendo su cola animadamente, tendré que pedirle prestado algo de su energía para comenzar mi día.
Me levanto de una vez antes de volverme a recostar y quedarme dormido, me dirijo al baño y me percato que Seth me sigue, cuando voy a cerrar la puerta me doy cuenta que él quiere entrar conmigo y lo detengo.
―Hey, ¿a dónde crees que vas? ―le pregunto burlón, plantándome en la entrada evitando que entre. Desde que llegó ha intentado acompañarme a hacer mis necesidades, no supo responder a mi cuestionamiento de por qué pero no ha parado de intentarlo, de por sí es raro que un perro quiera hacerlo, que se trate de él me incomodaría más.
―Lo siento, te juro que lo hago inconscientemente, y no sé por qué. ―se excusa mientras se sienta afuera del cuarto de baño―. Aquí te esperaré ―finaliza rascándose una oreja con su pata trasera. Riéndome un poco por la ocurrencia del can cierro la puerta, dejándolo del otro lado.
Hago lo que tengo que hacer, Seth trata de crear una conversación mañanera, yo le sigo la corriente hasta que me acerco al lavabo para tomar mi cepillo de dientes y usarlo para asear mi boca, me echo un poco de agua fría en mi rostro para terminar de despertar mientras escucho al perro quien me sigue hablando, ahora diciendo cosas al azar con tal de seguir manteniendo el sonido de nuestras voces.
―¿Sabías que los osos panda pueden pasar hasta doce horas comiendo? ―dice cuando abro la puerta, él sigue sentado y por su rostro sé que está pensando en algo más que decir― ¿Crees que podamos superarlo? ―Me mira esperando una respuesta, lo único que obtiene es una risa, niego con la cabeza y me dispongo a buscar mi conjunto de hoy.
―¿Sabías que hay más de diez mil tipos de tomates? ―suelta otro dato, me quedo en silencio esperando que continúe― existe el tomate cherry, tomate kumato, tomate marglobe, tomate Raf, tomate monserrat, tomate moruno, tomate corazón de toro, tomate muchamiel, tomate roma… ―procede a nombrar lo que creo son todos los tipos de tomates, lo interrumpo antes de que se le ocurra mencionar los diez mil tipos:
―A ver, ya para, ―Termino de vestirme, he aprovechado su estado de distracción para cambiarme de ropa―, vamos a desayunar, seguro tienes mucha hambre ¿verdad? ―desvío el tema de los tomates para moverme a la puerta de mi habitación, siento a Seth acercándose a paso acelerado hasta llegar a mi lado.
―¡Mucha hambre! ―exclama mostrándome su entusiasmo saltando hasta mi pecho.
―Bien, bien, vamos. ―Abro la puerta y Seth sale corriendo primero dejándome atrás, como siempre.
Anoche no supe a qué hora llegó mi padre ya que me quedé profundamente dormido, lo raro es que recuerdo haberlo hecho sobre el escritorio, y no recuerdo haberme levantado para tirarme sobre la cama, lo dejo pasar porque creo que es lo menos raro que me ha pasado, igual estaba tan desorientado que no lo recuerdo. Bajo encontrándome con mi padre, como he supuesto, preparando el desayuno sin quemar la casa. Mejoró, y mucho a decir verdad, a pesar que sabe cocinar algunas cosas, tuvo que aprender a hacer otras si no queríamos comer fuera diario.
―Oh, ya bajaste, supuse que los ladridos de Tobey te despertaron. ―Me saca de mis pensamientos. Escucho a Seth gruñir ante el nombre que mi padre se ha empeñado en usar, aun cuando ya hemos elegido uno, y con elegido me refiero a insistir que lo “nombremos Seth”, siendo este su nombre verdadero.
―Tiene más cara de Seth ―digo mientras me acerco a la encimera y me siento en una de las sillas altas, él voltea a mirarme por un momento.
―Pero Tobey suena mejor ¿no? ―dice tratando de hacerme cambiar de opinión pero ¿cómo le voy a cambiar el nombre a alguien que adora su nombre?
―Hazme caso, creo que preferirá que lo llamemos Seth ―me levanto para ponerme a su lado y ver qué cocina. ―Mira ―le indico que preste atención a lo que haré―, Seth, ven aquí ―digo simplemente y el mencionado se mueve de donde está sentado para correr hacia nosotros y esperando emocionado ver para qué lo llamé ―. ¿Ves? ―me cruzo de brazos mirando a papá demostrando que tengo razón.
―Está bien, cómo diga el sabelotodo ―me dice rodando los ojos, sé que en broma, para luego reír por la desesperada espera de Seth―, y tú eres un buen perro ―le dedica unas palmadas en su cabeza felicitándolo por obedecer tan rápido.
Abro la puerta trasera para que Seth salga a correr un rato en lo que está lista la comida, éste capta el mensaje silencioso y sale disparado al área natural que le encanta, Kelly no mentía cuando nos dijo que tiene mucha energía, me insiste mucho que lo saque a pasear o jugar con él en el patio y siempre termino cediendo a sus ruegos.
―Veo que no quemaste la cocina. ―Cambio el tema volviendo a mi asiento en la encimera.
―Pues no, me estoy convirtiendo en un verdadero chef profesional ―dice haciendo una pose de orgullo levantado la espátula que tiene en la mano.
―Claro que sí, ya deberías ir a uno de esos concursos de cocina que pasan en la televisión, seguro ganas con tus huevos revueltos y tu sopa de fideos ―una sonrisa juguetona está presente en mi rostro.
―Hey, no bromees con mis especialidades ―Me apuntó con la espátula intentando aparentar amenaza pero al final reímos.
―Está bien, dejaré a tus especialidades si me alimentas ya, ¿qué vamos a degustar hoy? Si se puede saber ―digo imitando una voz formal.
―Hoy desayunaremos huevos de avestruz… que son de gallina ―murmura lo último―, con jamón de pavo, acompañado por un café de grano recién molido… que es soluble del supermercado ―vuelve a decir entre dientes, yo no pude aguantar más mi pose de crítico gastronómico y suelto una carcajada, él cede al final también.
―Aún así suena delicioso ―digo siguiendo un poco con la broma―, y se ve delicioso también ―comento algo sorprendido por lo bien que se ve y huele.
―Vamos, ayúdame con esto ―apunta los platos y una taza con café junto a un vaso con jugo, creo suponer de quien es el jugo, a papá no le gusta que tome café, pero no sabe que lo hago de vez en cuando, algunas veces necesito energía y mantenerme despierto, no es mi culpa.
Tomo los platos y me dirijo hacia el pequeño comedor, tomamos asiento y comenzamos a comer su creación. Papá ha vuelto a trabajar, después de preguntarme como cuatrocientas veces si ya me sentía mejor, y de insistirle que dejara de preocuparse tanto, decidió retomar su empleo.
―Y cuéntame, ¿cómo van tus vacaciones? ―pregunta prestándome toda su atención.
―Sólo han pasado cinco días de vacaciones. papá ―respondo sin darle muchas vueltas. No le he comentado nada de lo que ha pasado y lo que he hecho en vacaciones, pues no he hecho mucho tampoco, he estado investigando sobre los fantasmas, el símbolo, y personas que dicen que sus perros pueden hablar, y algunas otras que juran que pueden comunicarse con el más allá.
―Ya veo, y… ―Se muestra indeciso, reacción rara en él, siempre nos decimos todo sin rodeos, pero yo tampoco he sido del todo sincero con él, pero lo mío es muy loco como para que lo entienda―, ¿no han pasado… cosas raras? ―vacila en formular su pregunta, le dedico una mirada confundida, pensando en cómo responderle.
―Cosas raras… ¿en qué sentido? ―resoplo una risa pregunto para continuar con mi desayuno, fingiendo indiferencia. ¿Por qué tiene esa duda? ¿Se referirá a otra cosa?
―No lo sé, cosas raras ―trata de hacer parecer su cuestionamiento como algo sin importancia, pero sabiendo lo que sé me pongo un poco nervioso, ¿sabrá lo que he pasado? No, no lo creo―, o visto cosas que no puedes encontrarle explicación ―pues sí he sentido, visto y escuchado cosas muy extrañas, pero no voy a confesárselo, me internará en un psiquiátrico si le llego a contar que miro fantasmas y que puedo entender lo que dice nuestro perro que adoptamos.
―Hum... pues el otro día estaba por comer una naranja cuando vi que había una naranja más pequeña dentro de la naranja normal. ―Recuerdo que me pasó eso y lo uso para responder a su repentino comportamiento curioso―. ¿No te parece raro eso? ―le sonrío burlón
―Oh, sí, eso es bastante raro ―dice sonriendo, sin creérselo del todo pero siguiéndome la corriente― debo irme, tengo muchas cosas qué hacer, ¿qué harás tú hoy? ―cuestiona tomando un último sorbo de su café para levantarse y limpiar el área donde ha comido.
―Bueno, Keyla me ha invitado ir al parque, a pasear un poco, así que iré un rato ―digo una verdad a medias, sí tengo pensado ir al parque pero no le he comentado nada a Keyla. Me levanto para caminar hacia la puerta que da al patio, mientras miro a papá moverse buscando las llaves del coche ―Volveré pronto, no quiero que te preocupes ―menciono para que no esté todo el día pensando que me pasará algo malo.
―Oh, me parece bien, trataré de conseguirte un nuevo celular, ya que el tuyo se perdió, ―Se pone su chaqueta mirándome por unos segundos―, quiero mantenerme comunicado contigo, ¿sí? ―el papá sobreprotector siempre presente, me detengo antes de abrir para asentir con la cabeza dedicándole una sonrisa.
―Bien ―No voy a contradecirlo, si con eso lo mantengo tranquilo bien para mí, además sí necesito uno. Escucho a Seth gruñir del otro lado para luego arañar un poco la puerta con sus garras, pidiéndome que le abra, al hacerlo entra escabulléndose hasta sentarse al lado de la estufa, donde le preparo su comida alternativa las croquetas.
Logré convencer a papá que podríamos darle otro tipo de comida que lo que siempre comía en ese lugar, que así estaría más sano, incluso busqué en internet recetas para preparar, él dudo un poco diciendo que costaría más trabajo pero le dije que yo estaría dispuesto a prepararla y todo, pero hice un trato con Seth que de vez en cuando comería esa comida que no le gusta mucho, cuando no tuviera el tiempo suficiente para hacerla, hicimos un horario de qué días podrá comer carne, pollo y/o verduras, comida más casera vaya, y qué días toca comida para perros, después de rechistar aceptó el trato entendiendo.
―Comida, comida, comida, comida ―dice moviéndose emocionado, ladrando que tenía hambre.
―Ya voy ―le digo al can para que se calme un poco―. Le haré algo a Seth y me iré con Keyla, tú tranquilo ―le informo, debo preguntarle a Keyla si está libre hoy, sino tendré que ir solo con Seth.
―Está bien, diviértanse, llevarás a Seth, ¿verdad? ―pregunta deteniéndose frente a la puerta principal antes de abrirla y salir, comienzo a sospechar que no quiere irse.
―Sí, llevaré a Seth ―respondo afirmativamente a su pregunta tomando uno de los sartenes y poniéndolo sobre uno de los quemadores de la estufa―. Papá, se te hará tarde ―le advierto mirando la hora, sé que no quiere dejarme solo, pero necesito mi espacio también, y supongo que más teniendo una nueva misión en mi vida.
―Bien, bien, sólo… ―vacila un momento y me mira preocupado― ten cuidado, hijo, en verdad me preocupé mucho, de verdad, no… ―Se acerca rápidamente a mí y me abraza―, no soportaría perderte a ti también, yo… no... después... de lo de tu… no podría ―sé a lo que se refiere, le sigue costando hablar sobre el tema de mi madre después de tanto tiempo, sé que la amaba y la sigue amando mucho, nunca ha pensado en salir con otra persona ni mucho menos casarse de nuevo, hemos tenido esa conversación, y si esa es su decisión la respeto completamente. Le regreso el abrazo, reconfortándolo un poco.
―Papá, entiendo lo que quieres decir, y lo siento si te hice sentir así, te juro que tendré más cuidado ―le tranquilizo, queriendo que no continúe con el tema, y al parecer lo entiende.
―Sí, debo irme, nos vemos para la cena entonces. ―Dejando un beso en la coronilla me suelta y me da unos últimos golpecitos en el brazo para girarse y, ahora sí, abrir la puerta― Adiós ―dice para salir y cerrar detrás de él.
―Parece que tienes a un buen guardián ―dice Seth después de presenciar la situación en silencio―. Me estoy poniendo un poco celoso.
―Lo sé. ―me río y le sonrío algo nostálgico, pensando en mamá, sé que ella me cuida también donde sea que esté― Bueno, ―Doy un aplauso para llamar su atención― es día de huevo.
Miro a Seth hacer una pequeña mueca de disgusto, y yo lo miro mal por un segundo antes de preguntar:
―¿Qué pasa? ¿No te gusta el huevo o qué? ―pregunto juntando mis cejas.
―No es eso, sí me gusta, pero ―se aclara vacilando al último― ¿podrías, por favor, no quemarlo esta vez? ―me pide cautelosamente, como si esperara que me enfade con él por sugerirlo.
―Está bien, lo siento, sigo mejorando ―respondo a su petición mirándolo fijamente, no le tomo mucha importancia a lo que ha dicho de mi comida, pienso más en cómo me lo ha pedido ―. No debes tener miedo conmigo, Seth, ni con papá, ―me agacho para ponerme a su altura, pensando en lo que ha tenido que pasar para que se comporte así― nosotros te queremos mucho, y nunca te lastimaríamos, ni a ningún animal ―le aclaro acariciando su cabeza, mirando como si se aguantara el llanto, lo miro un poco confundido por su reacción.
―Es lo más bonito que me han dicho jamás ―dice sin poder contenerse más, me sorprendo pues nunca había visto a un perro llorar. Se acerca y de un salto posa sus patas en mis hombros, su peso me desequilibra y caigo de espaldas, con Seth encima mío y dándome lengüetazos por todo el rostro.
―Ya basta ―digo entre risas, evitando que su lengua toque mi boca, tratando de alejarlo pero es muy grande y pesado, además que su entusiasmo le da más fuerza―. ¡A comer! ―grito en un intento de distraerlo y que se quite, lo que funciona porque se quita de encima para ponerse al lado de la estufa, mirándola fijamente mientras mueve la cola igual de emocionado. Me levanto sacudiendo un poco mi ropa y tratando de limpiar mi cara con la parte interna de mi playera ―. Tendré que lavarme la cara de nuevo.
―Como digas, pero mí comida primero, ¿sí? Por favor, por favor ―ladra saltando, sonrío viendo su forma de expresarse, ahora puedo ver lo positivo que es que entienda lo que mi mascota quiere decirme.
──────────── ⊰ § ⊱ ────────────
Después de llamar a Keyla desde el teléfono fijo quedamos en ir un rato al parque y pasar el día juntos, “veremos que hacemos después” dijo. Poniéndole la correa a Seth salgo de casa no sin antes asegurarme que todo está cerrado y que llevo las llaves de la puerta. Le compramos a Seth unos cuantos juguetes para entretenerlo, le fascina que le lance la pelota, así que la llevo conmigo.
―Vamos al parque, vamos al parque ―canturrea el canino mientras trota como caballo, pero así emocionado porque irémos al parque donde podrá divertirse. Cierro con llave, y le pido a Seth que no corra, que iremos andando al parque donde podrá correr libremente. Esto de poder comunicarnos de verdad tiene sus ventajas, entiende lo que le digo y obedece a mis indicaciones.
Llego al frente de la casa de Keyla, no me toma mucho tiempo ya que está a tres casas en la misma cuadra; me acerco a la puerta pidiéndole a Seth que no orine en ninguna parte ahí, y espero que salga después de tocar el timbre, quedamos en vernos al medio día, al no tener celular no puedo darle aviso que estoy aquí.
―¡Voy! ―La escucho exclamar, suponiendo que se trata de mí quién ha llamado a la puerta.
―Ella me agrada, tiene mucha más energía a diferencia de ti ―Se atreve a comentar algo distraído sentado a mi lado, como todo un buen perro.
―Gracias ―murmuro sarcásticamente, no puedo culparlo porque quiera estar corriendo todo el día. La puerta se abre de golpe dejando ver a una Keyla ansiosa por salir.
―Hola, estaba haciendo un trabajo de Historia, fue agotador ―dice saliendo al pórtico de la entrada principal, deteniéndose un momento―, ¡vuelvo a las cinco! ―grita hacia el interior de la casa, lo suficientemente alto como para que la escuchen, pero creo que la escucharon hasta la otra cuadra.
―Creo que no te escucharon ―le digo bromeando antes de bajar los peldaños y esperarla a los pies de la pequeña escalera, cierra la puerta y cuando se gira hacia mí logro ver que entrecierra sus ojos para lanzarme una mirada con fingida amenaza.
―Muy gracioso ―Dice bajando rápidamente las escaleras de la entrada, y cuando llega a mi lado me da un pequeño golpe en el brazo― Oh, hola, Seth, estaba lidiando con tu molesto dueño ―se dirige hacia el can que se mantiene sentado a mi lado, le mueve la cola y le saca su lengua cuando le acaricia la cabeza.
―No hay problema ―le responde absorto en la agradable sensación que le provoca los mimos, pero ella no sabe que lo ha hecho.
―Sí, sí, ¿ya podemos irnos? ―cuestiono mirando a Keyla quien sigue acariciando a Seth.
―Déjala, ¿cuál es la prisa? ―dice Seth disfrutando su momento de atención.
―Bien, vamos ―Keyla se separa de él, este gruñe pero se levanta para seguirnos el paso de cerca.
Caminamos por la acera en camino hacia el “Parque Ecrin”, sólo se encuentra a un par de cuadras, podemos ir caminando tranquilamente. El Sol de primavera calienta el exterior, me preocupa que haya polen, soy muy alérgico a esa cosa.
Pasamos una tarde tranquila, Seth me mantiene ocupado jugando con él, lanzando la pelota de tenis para que vaya tras ella. Keyla y yo conversamos sobre lo que tenemos planeado hacer estas vacaciones. Nuestra armonía es arruinada por la llegada de las personas que creía que no me toparía estos días, pero parece ser que la suerte no está de mi lado.
―Miren a quién tenemos aquí ―habla llegando para plantarse delante de donde estamos sentados―, ¿cómo está el chico raptado? ―dice de forma burlona, sus otros dos amigos detrás de él se ríen de la supuesta broma.
―¿También vas a molestar en vacaciones, Liam? Dame un respiro ―me adelanto a responderle antes de que Keyla lo haga por mí.
Antes que pueda responder a mi comentario, el cual espero y lo haya molestado, Seth se acerca después de ir a buscar la pelota, la deja caer al ver lo desafiante que se ha puesto el chico que está parado delante, con los puños apretados, el ceño fruncido y acercándose un paso más a mí, el can se pone a la defensiva deprisa, mostrándole sus colmillos, gruñendo advirtiendo que se aleje o lo atacará.
―Seth, tranquilo ―le ordeno para que no lo ataque, aunque se lo mereciera no permitiría que el perro lo hiciera, lo valdría la pena.
―Ya vete, Liam ―le advierte Keyla, molestándose un poco.
―Ahora tienes un perro guardián, ¿he? ―suelta Liam con cara de desagrado―, ya veremos si te puede proteger siempre ―dice con el mismo tono ante su misión frustrada de molestar.
Hartándome de él me levanto, haciéndole frente, no le tengo miedo, nunca le había desafiado por la idea de que si no lo hago me evitaría problemas, pero comenzaba a darme cuenta que si no le pongo un alto no pararán de molestar en cada oportunidad que tengan.
―Será mejor que pares, Liam, ¿no tienes otra cosa que hacer para perder tu tiempo? ―Me mantengo firme ante él, tenemos casi la misma estatura por lo que nuestros ojos se miran fijamente, a él parece no gustarle mi comentario.
―Podría derribarte de un golpe, así que cuida tu lengua. ―Amenaza dando un paso hacia mí, y con ese movimiento Seth da un pequeño salto ladrando y lanzado una mordida de advertencia, Liam reacciona echándose para atrás, llamando la atención de algunas personas que van pasando y otras que están descansando sobre el césped a los alrededores.
―¡Atrévete a golpearlo y verás cómo te voy a poner! ―Escucho exclamar al can entre ladridos.
―¡Seth, basta! ―digo firme para que me haga caso a mi y no a sus instintos, si llegara a hacerle daño al tonto que tengo delante tendríamos serios problemas.
―Ya detente, Liam. ―Keyla se levanta para directamente interponerse entre él y yo.
―¿O si no qué? ―Ahora se dirige a ella con una mirada medio burlona, mirando a Seth cuando le gruñe de nuevo por los pasos que da.
―¿Quieres algunos cacahuates? ―Responde sacando una bolsa con cacahuates de detrás de su espalda, y los acerca a su rostro.
―Aleja eso de mí, mocosa. ―La escena de Liam teniéndole miedo al contenido de esa bolsa resulta un tanto cómico.
―Aléjate tú mejor. ―Le amenaza con la bolsa, logrando su objetivo.
―Vámonos de aquí. ―Cede Liam dirigiéndose a Lucas y Lisandro, quienes sí se les nota el temor en sus rostros por la anterior reacción de Seth. Dándome una última mirada disgustada se aleja finalmente.
―¡Eso es, váyanse de aquí! ―escucho exclamar a Seth, pero ellos escuchan fuertes ladridos de su parte.
―¿Y los cacahuates por qué? ―Le cuestiono ahora con una mirada divertida en mi cara, ella sonríe también.
―El otro día Liam llegó a la enfermería por alergia después de comer un sándwich que le robó a alguien, resultó tener crema de cacahuate. ―Suelta una risa al recordar el momento― A eso le llamo karma.
―No deberíamos reírnos por eso pero bien merecido se lo tenía. ―Confieso entre risas.
―Según Kelly, yo no puedo comer cacahuates ―murmura Seth relajándose, saltando queriendo volver a jugar.
―La verdad sí ―me responde Keyla empujándome con su hombro para después arrojar la bolsa a un lado, donde teníamos algunas cosas que compramos para comer.
──────────── ⊰ § ⊱ ────────────
Pasamos la tarde divirtiéndonos, en un momento papá llamó al celular de Keyla preguntando por mí, le dije que estaba bien, que no se preocupe, que a más tardar a las seis estaba en casa. El tiempo pasa rápido, a las 4:45 p. m. decidimos emprender camino hacia casa, ya que Keyla avisó que llegaría a las 5:00 p. m. Llegamos a la acera frente a la casa de mi amiga, nos despedimos y yo me voy a la mía. Seth, después de pasar casi toda la tarde correteando y jugando, se le ve con la misma energía que desde cuando despertó.
―Llegamos, llegamos, me divertí mucho, ¿cuándo iremos de nuevo? ―Salta emocionadísimo. Lo suelto de su correa para que se mueva libremente por la casa.
―Hey, hey, hey, tranquilo vaquero ―le digo cuando corre hacia la cocina, donde tiene sus platos, uno con agua y otro con comida―, deja de ladrar, tengo vecinos que escuchan solo tus ladridos. ―Siguiendo los pasos del perro voy hacia la cocina por un vaso de agua. A medio camino escucho a Seth parado en la entrada de esta habitación oliendo la nada para luego soltar un pequeño ladrido,
―¿Seth?―Me detengo― ¿Va todo bien? ―De repente cambia su postura tensa por una más tranquila, sentándose moviendo la cola, confundiéndome
―Tenemos visita ―dice por fin.
―¿Qué? ―Me acerco vacilante hacia la cocina, encontrándola vacía, ¿Seth está jugando conmigo?― ¿Qué pasa? ―Me giro para reprender al can algo molesto.
Miro a Seth que se aguanta la risa, y me doy cuenta que no se está burlando de mí, sino de lo que puede ver detrás de mí, pero cada vez que volteo para ver qué le hace tanta gracia no miro nada.
―¿De qué te ríes?, ese es un tema serio ―le digo molestándome un poco más por su comportamiento.
―Perdón, pero es que ella me está haciendo reír ―dice mirando hacia atrás de mí, escucho una risa detrás haciéndome sobresaltar, volteo hacia atrás encontrando a una sonriente mujer en sus treinta y tantos más o menos del otro lado de la encimera.
―¿Ho-hola?―Saludo dudoso, ¿debería inventar unas palabras de bienvenida? “Hola, bienvenidos a Guía hacia el más allá, soy Samuel y seré su auxiliar, ¿en qué puedo ayudarle?”