Capítulo 4: Pablo Santos.

1080 Words
La mañana siguiente como Sergio lo prometió, estuvo allí en ese mismo lugar, fue puntual y la esperó al rededor de diez minutos, temiendo finalmente lo peor, el arrepentimiento de Lucia. Pero cuando se daba por rendido y casi por irse, observó el pequeño cuerpo de Lucia aparecer en la lejanía. Sus lágrimas caían por su rostro a medida que caminaba cerca de él, deteniéndose en seco al verlo y suspirar al saber lo que realmente estaba haciendo. Él intentó ser amable, acercándose para besar su mejilla mientras ella solo retrocedía y dejaba la clara distancia que debía haber entre ambos. —Pensé que no vendría, pensé que se había arrepentido. —avisó Sergio al verla allí de pie. —Debo confesar que la noche no le favoreció, hoy amaneció más radiante. —confesó. Ella lo miró sin siquiera inmutarse, no estaba para ser amable, mucho menos para recibir halagos, había pasado una noche terrible llena de pesadillas dónde era llevada al infierno por aquello que había aceptado hacer. —Me había arrepentido. —confesó ella. —Nada de ésto es normal o humano. —avisó. Sergio solo suspiró y lamentó. —No te obligaré a nada, Lucia, es tu decisión. Pero una vez comencemos el proceso, no puedes detenerte, así que ésta es la última vez que tienes para decidir. Si subes a ese automóvil conmigo, entenderé que aceptas todas las condiciones. —avisó. Lucia tragó en seco, observando su mirada fijamente, apretando sus manos con fuerza hasta sentir que sus uñas sacaban sangre en sus palmas, mientras el nudo en su garganta crecía, pensando solamente en su madre. Sergio en silencio caminó hasta el automóvil, encendiendo en silencio mientras esperaba la decisión de Lucia, anhelando en el fondo que subiera con afán para él mismo ser salvado de la despedida que su jefe, Pablo Santos le había dado. Y así como lo esperaba, después de un par de minutos, Lucia limpió sus lágrimas, caminando hasta el automóvil y subiendo en el asiento del copiloto. —Lo haré. —avisó. —Necesito un seguro que me diga que tendré el dinero. —El jefe quiere un niño, no una niña. —avisó. —Solo así tendrías el dinero. —informó. Lucia giró hasta verlo confundido. —Los embarazos no se controlan, no decido que hijo tener. —reprochó. —¿Qué se supone que sucederá si quedo embarazada de una niña? —Abortarás. —susurró con un poco de pena. —Pero si es un niño, el embarazo continuará, nacerá, lo entregarás y tendrás todo el dinero que necesitas. —explicó. —Necesito el dinero ahora mismo, mi madre no aguantará nueve meses de un embarazo. —informó aunque estuviese muriendo del miedo. —Lo hablaremos con mi jefe luego, quizás te dé un adelanto mientras se esperan los resultados de la prueba de embarazo, por ahora, solo te llevaré a hacerte los exámenes, ducharte, alistarte y llevarte con él. —avisó. Lucia lo miró extrañada. No le habría dicho que se vería con él. —¿Llevarme con él? ¿Tan rápido? —preguntó. —No pensé en conocerlo. —confesó. Sergio puso el automóvil en marcha y negó. —No dije que lo conocerías, Lucia, eso realmente no sucederá. —avisó. —Bastará con que estén en una habitación, ocurra la gestación y te marches. Yo seré el intermediario de ambos, estaré a tu cuidado para el embarazo y el nacimiento de ese bebé. —informó. Lucia comenzó a mover su pierna con temor, todo aquello seguía siendo una completa película de terror. —Me acostaré con un hombre al que siquiera le conoceré el rostro. —balbuceó con frustración pasando sus manos sobre su rostro. —Estaré pendiente de ti, Lucia, no dejaré que nada malo te suceda, mucho menos a ese bebé. —avisó. —No solo recibirás el dinero, si no también todo lo que necesites durante los nueve meses de embarazo, medicinas, tratamientos, doctores, comida... Todo. No tendrás que gastar ni un solo centavo de tu bolsillo. —insistió. —¿Y no podré verlo nunca? ¿Siquiera la primera semana? Será un bebé, necesitará amamantar, sentir el calor de su madre, necesitaré ver su rostro... —balbuceó. Pero Sergio negó. —Hay condiciones, Lucia. Te lo había dicho antes. Ella guardó silencio, recostando su cuerpo del asiento mientras sus lagrimss caían a medida que pasaban los segundos, sabía que ya no había vuelta atrás, y aunque no lo supiera, vendía su alma al diablo, al mismísimo Pablo Santos. Estuvieron horas enteras haciendo análisis, dándole de comer a Lucia, comprando medicinas, recibiendo inyecciones, siendo revisada, analizada y limpiada. En su vida Lucía había hecho tanto en un día entero, mucho menos con alguien que no conocía realmente, siendo utilizada casi como una muñeca que era colocada en cada situación, dónde solo guardaba silencio, asentía y dejaba que Sergio se hiciera cargo. Pero cuando la noche cayó, el momento finalmente llegó. Las piernas de Lucia temblaban, había sido llevada al spa, exfoliada, depilada y arreglada por completo para aquel completo desconocido que siquiera sabría cómo sería su rostro. Sergio le compró ropa interior nueva, al igual que un vestido de satín rojo que le obligaría a llevar. El encuentro sería en un motel sumamente caro, uno donde ella jamás hubiese imaginado estar. Sergio la llevó hasta la habitación, dejando su cuerpo sobre la cama de algodón mientras apagaba las luces y dejaba aquel lugar en un completo misterio. Su única compañía era el poco reflejo de la luna que entraba desde el balcón, mientras sus manos comenzaban a sudar y su corazón estaba por salir de su pecho. Pensó en correr, abandonar todo lo que fuese que hubiese aceptado y salir, pero cuando estuvo por moverse, la puerta de la habitación fue abierta, inmediatamente entendió de quién se trataba, era él, era el hombre con el que se acostaría y tendría un hijo. Él no dijo ni una sola palabra, pero apenas se acercó, Lucia sintió como su corazón saltó de su pecho. Era un hombre grande, lo suficiente para intimidarla, olía a cigarrillo con menta, al igual que loción para afeitar. Ella sintió como quitó su camiseta ante ella, poco antes de subir a la cama, mientras su pequeño cuerpo se hacía bola entre sabanas y esperaba desaparecer. —No me hagas daño. —le pidió en un hilo de voz. Pero aquel hombre siquiera respondió, guardó silencio y subió sobre la cama.
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