Verónica se negaba a hablarme, recibió el mismo plato que le ofrecí diez veces de la mano de mi hombre de seguridad, ¿Saben cómo se siente eso? Por eso descargaba mi ira con George Jeffrey, dado el hecho que no confiaba en mi mismo para torturar a Carish aún en su puto estado. No sé qué creer. No sé qué pensar. Todo es posible y probable, recuerdo firmemente el momento en que esa mujer me... Forzó a eyacular en su interior. Nunca me había sentido tan derrotado y humillado en mi vida y segura estaba, aunque me fuese al infierno, que me la llevaría conmigo a esa hija de perra. George estaba en una el capó de un viejo Mustang del 98, sus extremidades atadas y tristemente no tenía ningún dedo con uña, ni de las manos ni de los pies. Pobrecito. —MALDITO, SUÉLTAME, ENFRENTAME COMO UN HOMBRE

