REINA SIN TRONO Emma Bianchi Su amor y mi PRISIÓN Salvatore Medici fue mi mayor victoria y mi más grande condena. Me casé con él sabiendo que no me amaba, pero con la certeza de que podía moldearlo, de que, con el tiempo, se daría cuenta de que era yo la única mujer digna de estar a su lado. Que su amor por mí nacería de la devoción, del deseo, del respeto… Fui una ingenua. Nunca supe lo que significaba ser amada por un hombre como él. Yo no era su compañera de vida, ni su amante predilecta. Yo era un acuerdo, una estrategia, un símbolo de poder. Mi apellido abría puertas, mis conexiones lo blindaban, y mi presencia a su lado lo hacía intocable. Fui su reina, sí. Pero jamás fue su elección. Aprendí a jugar mi papel. A sonreír en las cenas, a fingir orgasmos, a caminar con la cabeza

