Capítulo 6

942 Words
El café está demasiado caliente. Mateo lo sabe porque ya ha dado dos sorbos innecesarios. No por ganas. Por ocupar algo. Dani llega tarde. Como siempre. Pero hoy Mateo no se molesta en hacer el comentario fácil. Eso ya es raro. —¿Qué tal tu experimento social de ayer? —dice Dani, dejándose caer en la silla frente a él con esa tranquilidad irritante que tiene cuando cree que sabe algo. Mateo niega con la cabeza, casi automático. —No fue nada. Dani ni se molesta en responder. Se quita la chaqueta, se acomoda, pide un café sin mirar la carta. Todo con una lentitud medida, como si supiera que Mateo va a acabar hablando igual. Y lo hace. —Es… distinta —dice al final, apoyando los codos en la mesa. No suena como esperaba. Demasiado neutro. Demasiado poco. Dani levanta una ceja. —Esa palabra no significa nada. Mateo resopla, mira hacia un lado un segundo, como buscando una versión mejor. —No entra. —¿Dónde? Mateo hace un gesto vago con la mano, como si pudiera dibujar en el aire algo que no termina de ver. —En… lo de siempre. Dani sonríe de lado. —Qué bien definido todo. Mateo ignora el comentario. —Hablo con ella y… no hay continuidad. ¿Sabes? No recoge, no sigue, no empuja… se queda. Hace una pausa. —Y no sé qué hacer con eso. Silencio. Por primera vez desde que empezó a hablar, levanta la vista y lo dice sin cubrirlo del todo: —No sé por dónde entrar. Ahí está. Pequeño. Pero real. Dani no responde de inmediato. Se limita a observarlo, apoyando la barbilla en la mano, como si estuviera viendo una escena que le resulta interesante por motivos que Mateo aún no entiende. —¿Y eso es malo? —pregunta al final. Mateo frunce el ceño. —No es malo… es raro. —Para ti. Mateo no corrige. Da otro sorbo al café, que sigue quemando, pero ya no le importa. —Estoy hablando y… es como si no hubiera siguiente paso —añade—. Todo se queda en el momento. Dani inclina ligeramente la cabeza. —¿Y qué problema hay con eso? Mateo abre la boca para responder. Se queda en el intento. La respuesta automática no aparece. Y eso le molesta más de lo que debería. —No sé —dice al final, bajando un poco el tono—. No tiene sentido. Dani sonríe. Pero no con burla. Con algo más peligroso. —O igual tiene demasiado. Mateo lo mira. Y por primera vez desde que empezó a hablar… no tiene ganas de quitarle la razón. Pero tampoco sabe dársela. Dani no se precipita. Deja que el silencio repose, como si necesitara que Mateo escuche primero lo que acaba de decir sin ayuda. Luego, se inclina un poco hacia delante. —Vale —empieza—. Vamos a traducirlo. Mateo entrecierra los ojos, ya a la defensiva. —No hace falta traducir nada. —Claro que sí —responde Dani, tranquilo—. Porque tú lo estás explicando como si fuera un problema… y lo único que has dicho es que no puedes dirigir la conversación. Mateo niega con la cabeza. —No es eso. —Es exactamente eso. Corte limpio. Sin elevar la voz. Mateo se recuesta ligeramente en la silla, cruzándose de brazos. —No necesito dirigir nada. Dani asiente, como si le diera la razón. —Vale. Entonces explícame por qué te molesta que no haya un siguiente paso. Silencio. Mateo abre la boca. La cierra. Otra vez. —Porque no tiene sentido quedarse en el mismo punto —dice al final—. Si hablas con alguien es porque… vas a algún sitio. Dani sonríe apenas. —¿Siempre? —Sí. —¿Seguro? Mateo duda. Muy poco. Pero suficiente. Dani apoya los codos en la mesa, ahora sí más directo. —Te voy a decir lo que te pasa —dice—. No sabes estar si no estás avanzando hacia algo. Mateo suelta una pequeña risa, incrédula. —Venga ya. —No sabes —repite Dani, sin cambiar el tono—. Porque siempre has estado en conversaciones donde el siguiente paso estaba claro. Mateo niega otra vez. —Eso es normal. —No —corrige Dani—. Eso es cómodo. Ahí. Ahí pincha. Mateo lo mira, el gesto se endurece apenas. —¿Y qué quieres que haga? ¿Quedarme ahí sin más? —Sí. Respuesta inmediata. Sin matiz. Mateo se queda en silencio, como si la idea le resultara absurda. —Eso no lleva a nada. Dani se encoge de hombros. —O igual lleva a algo que no estás acostumbrado a ver. Mateo desvía la mirada. Mueve la cucharilla dentro del café sin necesidad. El sonido metálico rompe el aire en pequeños golpes repetidos. —No sé —murmura—. Es que no encaja. Dani lo observa un segundo más, como calibrando hasta dónde puede apretar. Y entonces lo hace. —No encaja contigo. Silencio. Mateo deja de mover la cucharilla. —Es distinto —añade Dani—. No está reaccionando a ti. Está siendo. Y eso… eso es lo que te descoloca. Mateo levanta la vista. Hay algo en esa frase que le toca más de lo que esperaba. Pero no lo reconoce. No del todo. —Todo el mundo reacciona —dice, más bajo, más firme. Dani niega despacio. —No cuando no necesita hacerlo. Y ahí… la conversación cambia de peso. Porque por primera vez no están hablando de Mara. Están hablando de él.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD