Capítulo 7

789 Words
Mateo no responde. No porque no quiera. Sino porque, por primera vez en mucho tiempo, no tiene una respuesta rápida que encaje. El ruido del local sigue igual. Gente entrando, saliendo, risas, tazas chocando. Todo en movimiento. Menos él. Se queda mirando el café, ahora ya templado, como si en la superficie pudiera encontrar algo que ordenar. —No encaja contigo. La frase vuelve. No como un eco. Como una pequeña piedra que no termina de caer. Mateo exhala despacio. —No es eso —murmura, más bajo que antes. Dani no contesta. No hace falta. Ese silencio no presiona. Solo deja espacio. Y ese espacio… es incómodo. Mateo se inclina hacia atrás, apoyando la cabeza un segundo contra el respaldo. Cierra los ojos apenas, lo justo para no tener que sostener la mirada de nadie. —Es que no… —empieza, y se queda ahí. No sabe cómo seguir. No encuentra la palabra. Porque lo que quiere decir no es claro. No es lógico. No es algo que pueda explicarse con las herramientas de siempre. Abre los ojos otra vez. Mira alrededor sin mirar realmente. —Es como si no hubiera nada que hacer —dice al final—. Como si todo lo que hago… diera igual. Ahí está. Más cerca. Dani ladea la cabeza, observándolo con más atención. —¿Y eso te molesta? Mateo tarda en responder. —No —dice primero. Luego, casi sin darse cuenta: —Sí. Una exhalación leve. Corta. —Porque entonces… —añade, buscando el hilo—, ¿qué depende de mí? Silencio. Y esa pregunta ya no va de Mara. Va de él. De lo que siempre ha controlado sin darse cuenta. De lo que ahora… no. Mateo apoya los codos en la mesa, entrelazando las manos como si necesitara sujetarse a algo más firme. —No me gusta no saber —dice, y esta vez no hay ironía, ni defensa, ni tono ligero. Solo verdad. Pequeña. Pero suficiente. Dani no sonríe. No responde. Solo asiente, muy leve. Como quien confirma algo que ya intuía. Y deja que el silencio vuelva a caer entre los dos. Pero esta vez… no pesa igual. Porque Mateo ya no está intentando llenarlo. Está… dentro. No la busca. O eso decide. Se repite mentalmente que no va a forzar nada, que va a dejar que pase… si tiene que pasar. Y entonces pasa. Como si alguien hubiera escuchado la mentira y decidiera ponerla a prueba. Mara está en la barra, sola esta vez, esperando algo que tarda demasiado. No parece molesta. No revisa el móvil. No hace nada para llenar el tiempo. Simplemente está. Mateo la ve… y esta vez no calcula tanto. Se acerca. Sin frase preparada. Sin entrada medida. —Esto empieza a parecer persecución —dice, apoyándose a su lado, sin invadir. Mara gira la cabeza. Lo reconoce. Y sonríe. Pero no como antes. Más fácil. —O casualidad —responde. —Prefiero pensar que tengo buen timing. —Eso también suena a costumbre. Mateo deja escapar una risa breve. —Puede ser. Y ahí… ahí algo cambia. No hay tensión. No hay esa necesidad de sostener nada. La conversación cae en un ritmo distinto. Más suelto. Más limpio. Hablan de cosas pequeñas. De lo que están tomando. De un sitio que ambos conocen. De una anécdota que no lleva a ningún sitio… y no necesita llevar. Mateo no empuja. No dirige. Y, por primera vez… no le incomoda. —¿Siempre estás tan tranquila? —pregunta en un momento, pero sin intención de abrir nada más. Mara se encoge de hombros. —Cuando no tengo prisa. —¿Y cuándo la tienes? Ella lo mira un segundo, apenas. —No suelo quedarme. Simple. Sin carga. Mateo asiente, como si entendiera… aunque en realidad no lo hace del todo. Pero no importa. Porque no intenta resolverlo. Y eso es nuevo. El camarero deja la bebida de Mara sobre la barra. Ella la recoge, da un sorbo, y se queda un segundo más de lo necesario. No para decir nada. Solo… porque sí. Y ese gesto mínimo… Mateo lo registra. No como algo grande. No como una señal clara. Pero sí como algo distinto. Algo que encaja mejor que todo lo anterior. —Ves —dice él, medio en broma—. Esto sí tiene sentido. Mara arquea ligeramente una ceja. —¿El qué? Mateo se encoge de hombros. —Hablar… sin que parezca una entrevista. Ella sonríe, apenas. —Eso depende de lo que busques. Y esta vez… Mateo no responde. Porque, por primera vez, no siente la necesidad de hacerlo. Se queda ahí. En ese punto exacto donde todo es fácil. Y eso… eso le gusta. Demasiado.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD