Capítulo 2

750 Words
No fue una decisión brillante. Ni siquiera fue una decisión. Fue más bien… una inclinación. De esas que haces sin pensar demasiado porque, en el fondo, nunca te han salido mal. Mateo dejó el vaso sobre la barra y se giró lo justo. —Ahora vuelvo —le dijo a Dani. —Claro que sí —respondió él, sin molestarse en ocultar la sonrisa—. Ve con Dios. Mateo ni se molestó en responder. Dos pasos. Tres. No iba tenso. No iba dudando. Iba como siempre iba. Con esa seguridad tranquila de quien no necesita preparar demasiado lo que va a decir. Se detuvo cerca de la mesa, lo suficiente como para entrar en la conversación sin irrumpir. —Perdona —dijo, con naturalidad—. He escuchado algo antes y me ha llamado la atención. Ella giró la cabeza. Sin sorpresa. Sin incomodidad. Solo… presente. Mateo sostuvo la mirada un segundo. Y ahí, sin aviso, algo no encajó del todo. Pero siguió. —Has dicho algo de que la gente no cambia porque no se cuestiona —continuó—. No estoy muy de acuerdo. Ella lo observó, evaluando sin parecer que lo hacía. —Puede ser —respondió, tranquila—. No tienes por qué estarlo. Y volvió ligeramente hacia la persona con la que estaba. Dejándolo fuera. Sin brusquedad. Sin rechazo. Peor. Mateo parpadeó una vez. No era habitual. —Ya, pero… —insistió, con una media sonrisa—. No crees que a veces cambiar es simplemente hacer las cosas de otra forma y ya está. Ella volvió a mirarlo. Esta vez un poco más directa. —¿Y eso para ti es cambiar? —preguntó. Mateo apoyó una mano en el respaldo de la silla vacía junto a la mesa. —Bueno… si haces algo distinto, el resultado cambia. Es bastante básico. Ella asintió despacio. Como si entendiera perfectamente de dónde venía… pero no fuera a quedarse ahí. —Sí —dijo—. Pero hacer algo distinto no siempre significa que entiendas por qué lo hacías antes. Mateo entrecerró ligeramente los ojos. —No todo tiene que entenderse tanto. Ella sonrió apenas. Y fue una sonrisa curiosa. No condescendiente. No burlona. Pero tampoco de acuerdo. —Ahí está —murmuró. Mateo inclinó la cabeza. —¿Ahí está qué? Ella tomó su vaso, dio un pequeño sorbo y lo dejó en la mesa con calma. —Que tú quieres que sea sencillo —dijo—. Y no siempre lo es. Mateo soltó una pequeña risa. —Bueno, es que a veces complicarlo es opcional. Silencio. No incómodo. Pero sí… distinto. Ella lo miró un segundo más. Y entonces habló, con esa misma suavidad que no necesitaba subir el tono para imponerse. —O quizá no te has encontrado aún con algo que no puedas simplificar. 💥 Mateo no respondió. No porque no tuviera qué decir. Sino porque, por primera vez en mucho tiempo… No sabía cuál era la respuesta correcta. La persona frente a ella intervino con un comentario, rompiendo ligeramente el momento. Ella giró hacia esa conversación sin esfuerzo. Y Mateo se quedó ahí. Un segundo más de la cuenta. Suficiente para entender algo que no terminaba de gustarle. No había perdido. Pero tampoco había ganado nada. Y eso… Eso era nuevo. Se incorporó despacio. —Bueno —dijo, recuperando el tono ligero—. Ha sido interesante. Ella lo miró de nuevo. Y esta vez sí sonrió un poco más. —Lo es —respondió—. Cuando dejas de intentar tener razón. 💥 Mateo sostuvo la mirada apenas un segundo. Asintió. Y se apartó. No había nada más que añadir. Ni forma elegante de cerrar mejor aquello. Volvió a la barra. Dani lo estaba esperando con esa cara que ya sabía demasiado. —¿Qué tal? —preguntó, sin disimular. Mateo cogió su vaso, dio un trago corto y apoyó los codos en la barra. Se tomó un segundo. —…No lo sé. Dani soltó una carcajada. —Hostia. Eso sí que es nuevo. Mateo no respondió. Porque lo era. Miró de reojo hacia la mesa. Ella ya no estaba pendiente de él. Y, sin embargo… Seguía ahí. En algún sitio que no sabía ubicar del todo. Mateo exhaló por la nariz, casi imperceptible. —Vale —murmuró para sí. —¿Vale qué? —preguntó Dani. Mateo esbozó una sonrisa leve. Pero esta vez no tenía nada de segura. —Que esto no va a ser tan fácil.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD