Mateo no habla nada más llegar. Se apoya en la barra, pide algo sin mirar, da un primer sorbo que no termina de tragar del todo y se queda ahí… como si necesitara que el cuerpo llegara antes que las palabras. Dani no pregunta. Nunca lo hace al principio. Solo espera. Y eso… siempre termina funcionando. —He quedado con ella —dice Mateo al final. Directo. Sin introducción. Dani levanta la vista, lo observa un segundo más de lo habitual. —¿Sí? Mateo asiente. —Ayer. Silencio. Dani no sonríe. No felicita. —¿Y? Mateo apoya el vaso, lo gira entre los dedos. —Nada. La palabra sale demasiado rápida. Demasiado limpia. Dani ladea la cabeza. —Nada cómo. Mateo resopla, apoyando los antebrazos en la barra. —Nada… —repite—. Fuimos al río, estuvimos ahí… y ya. Dani lo mira. —¿Y y

