Capítulo 9

886 Words
Mateo entra como si nada hubiera cambiado. Mismo sitio. Misma hora aproximada. Misma forma de saludar. —¿Qué pasa? —dice, dejando caer la chaqueta sobre la silla con un gesto automático. Dani levanta la vista apenas. —Tú me dirás. Mateo se sienta, coge la carta sin mirarla y la deja otra vez sobre la mesa. —Nada —responde—. Todo igual. Demasiado rápido. Dani no sonríe. —Claro. El camarero se acerca, Mateo pide lo de siempre. Ni duda. Ni cambia. Ni piensa. Todo en orden. Eso es lo que busca. —Al final… —añade Mateo, apoyándose en la mesa—, no era para tanto. La frase sale sola. Como si llevara horas preparada. Dani se recuesta en la silla, cruzándose de brazos. —¿El qué? Mateo hace un gesto vago con la mano. —Todo. La chica, la conversación… el rollo ese raro. —Mara. —Sí, eso. La forma en la que evita el nombre no pasa desapercibida. Pero Dani no lo señala. —¿Y qué era exactamente “todo eso”? Mateo se encoge de hombros. —Nada. Un momento raro, ya está. Se le dio más importancia de la que tenía. Silencio. Dani lo observa con esa paciencia incómoda que no empuja, pero tampoco suelta. Mateo se inclina un poco más, como si necesitara reforzar la idea. —Ayer estuvimos hablando normal —dice—. Sin historias. Sin cosas raras. Bien. Dani asiente despacio. —¿Bien cómo? Mateo frunce el ceño, molesto por la precisión. —Bien… bien. —¿Cómodo? Mateo duda una fracción de segundo. —Sí. —¿Interesante? Otra pausa. Más corta. —Sí. —¿Diferente? Mateo resopla. —No. Mentira. Se nota. En el tono. En el gesto. En el hecho de que responde demasiado rápido. Dani no lo corrige. No hace falta. —Entonces ya está —dice al final—. Problema resuelto. Mateo asiente, apoyándose en el respaldo de la silla con una seguridad que intenta recuperar su forma original. —Exacto. Silencio. El café llega. Mateo lo coge enseguida, como si necesitara ocupar las manos. —No todo tiene que ser tan… —hace un gesto, buscando la palabra—, tan intenso. Dani levanta una ceja. —Claro. Mateo da un sorbo. El café está caliente. Demasiado. Pero no se inmuta. —Hay cosas que simplemente pasan y ya —añade—. No hace falta darle vueltas. Dani asiente otra vez. Demasiado de acuerdo. —Sí —dice—. Sobre todo las que no importan. Ahí. Mateo levanta la vista. Lo mira. Sostiene un segundo más de lo habitual. —Exacto. Lo dice firme. Convencido. Como si al repetirlo lo suficiente… pudiera convertirse en verdad. Mateo la ve al entrar. No la busca. Pero la encuentra demasiado rápido. Está en la mesa del fondo, la misma de otras veces, con ese aire suyo de no pertenecer del todo al sitio… y aun así encajar mejor que nadie. No está sola. Hay dos personas más. Hablan. Ríen. Nada especial. Nada que debería importarle. Mateo aparta la mirada. Se sienta. Escucha a Dani hablar de algo que no termina de seguir. Asiente en los momentos correctos. Responde lo justo. Todo normal. O casi. Porque cada pocos segundos… vuelve. No de forma evidente. No de forma descarada. Pequeños desvíos. Una mirada que pasa por ahí. Un gesto que se queda medio segundo más de lo necesario. Un registro constante que no debería estar. Mara habla. Y él se fija. En cómo escucha. En cómo no interrumpe. En cómo no intenta destacar… pero tampoco desaparece. No hay nada que llame la atención. Y, sin embargo… todo lo hace. Mateo se inclina hacia delante, apoyando los codos en la mesa, como si así pudiera centrarse en la conversación con Dani. —¿Me estás escuchando? —pregunta él en algún momento. —Sí —responde Mateo demasiado rápido. Dani no insiste. Pero lo mira. Mateo coge el vaso. Da un sorbo. Demasiado largo. Cuando vuelve a levantar la vista… ahí está otra vez. Mara ha cambiado ligeramente de postura. Ahora está más girada hacia uno de ellos. Sonríe. Dice algo que Mateo no escucha… pero que provoca una risa fácil en el otro. Nada especial. Y eso es lo que más le molesta. Que no haya nada especial. Que no haya un gesto claro. Una señal. Un motivo. Solo… eso. Natural. Fluido. Sin esfuerzo. Mateo aprieta el vaso un poco más de lo necesario. —¿Te pasa algo? —pregunta Dani, esta vez sin rodeos. Mateo niega, soltando el vaso. —No. Demasiado seco. Silencio. Vuelve a mirar. Otra vez. Mara ahora no está hablando. Escucha. Asiente. Está completamente dentro de la conversación… sin intentar llevarla a ningún sitio. Y ahí… Mateo lo nota. Eso. Eso que Dani había dicho. No está reaccionando. Está siendo. Y eso… no sabe cómo leerlo. No sabe cómo entrar ahí. No sabe… qué lugar tendría él en ese espacio. Mateo se recuesta en la silla, cruzándose de brazos. Como si así pudiera desconectarse. No lo hace. —No era para tanto —murmura, más bajo que antes. Como recordatorio. Como ancla. Pero esta vez… la frase ya no tiene la misma fuerza. Porque sigue mirando.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD