Me tiré entonces a su lado en el mueble y traté de enfocarme solo en la serie porque no quería errores y si seguía mirándolo, corría el riesgo de contraer una enfermedad terminal o peor aún, que Daniel termine dándome una paliza y no me apetece irme al infierno aún. Afortunadamente soy muy fan de esta serie, la he visto varias veces de comienzo a fin y por eso me distraje, algo que fue fortuito para evitar que me rompa todito, así que luego de que terminamos el segundo el capítulo, él me aventó una lata de cerveza porque ya se me había terminado la mía, pero como usó mucha fuerza y soy la persona más torpe del planeta, no pude recibirla con mis manos, se me resbaló y terminó cayendo en mi pecho, golpeándome de forma leve, pero él de inmediato, preocupado al creer que me lastimó, se acercó a mí y tocó mi pecho, como sobándome o… no lo sé, ¿qué mierda?
Lo alejé de inmediato, a la defensiva y él pareció muy confundido al verme reaccionar de esta manera. Sé que exageré, sobre reaccioné. No entiendo qué carajos estaba de mal en mí, creo que ver tanto anime me arruinó el cerebro.
—Ratón, perdón. No fue mi intención agredirte, no te enojes.
—No me enojo —mentí—. Solo estoy un poco borracho, mejor ignórame.
—Pero… no pareces ebrio. No has bebido tanto, has tomado menos que yo.
—No me gusta que me toquen, son cosas mías. No es algo personal —mentí de nuevo, pero no sé si me creyó.
—¿Es que eres como la chica que vive aquí? ¿te caigo mal?
—No, me caes bien aun cuando sé que me puedes partir como en ocho partes o molerme. Sólo ignórame.
No me respondió, solo me miró curioso y odié que me mirara de esa manera. No me gusta cuando me mira enarcando una ceja, ese solo gesto en él me pone de malas y no sé si es que sea lo poco que bebí , pero no tenía razón alguna mi comportamiento y sería mucho peor con las horas que pasarían.
A eso de las once, miré a Fer quién se escurría en su inmundicia en el mueble, pero al estar quién sabe en qué otra dimensión, cayó al piso de forma estrepitosa y ni aun así reaccionó. Maldición.
Me puse de pie de inmediato y me acerqué a él, sabía que no iba a poder cargarlo solo, el imbécil pesa como 90 kilos por lo mucho que entrena y la cantidad de comida que ingiere, pero antes de que pidiera ayuda al gigante, él ya se había puesto de pie y me hizo señas de que tomara a mi amigo por su otro costado, así que entre los dos lo levantamos y de forma torpe lo llevamos hasta su habitación.
—Si no haces algo por tu amigo, ten por seguro que morirá dentro de poco —dijo completamente en serio y lo miré aterrorizado.
—¿Es que lo planeas matar? ¿es que acaso uno de tus trabajos es ser matón a sueldo o sicario?
—¡No! Oye tú, ¿estás mal de la cabeza? ¿tienes algún síndrome o algo que te haga ser así de tonto?
—Tal vez. Mi mamá jugaba con mi papá de niño a ver quién me lanzaba de un piso más alto, era algo enriquecedor de ver. Cuando el viejo me tiró del décimo piso a los cinco años, quedé como nuevo. Fue noticia nacional.
—Ratón, eres muy raro —admitió y me encogí de hombros, me hacía sentir extraño cada vez que me decía así—. Volviendo al tema de tu amigo y que no bromees, llevo pocos días aquí y en cada momento en que lo he visto siempre ha estado en un viaje psicodélico por las porquerías que consume. La heroína es una mierda, lo va a matar.
—Él lo sabe, pero nunca lo dejará de hacer.
—Puede hacerlo si hay gente cercana a él como tú que lo ayuda y lleva a rehabilitación.
—Una vez lo intenté, pero me partió una botella en la espalda por siquiera mencionarlo. Está despechado, no dejará de consumir sin parar hasta que olvide a la ex.
—Mmm.
Unos minutos más tarde, volvimos a sentarnos en la sala y quise reproducir otro capítulo de la serie, pero Daniel al parecer tenía todo un repertorio de preguntas por hacerme.
—¿Qué edad tienes, Emanuel?
—25.
—¿Me estás jodiendo?
—¿Es que aparento más? Sé que estoy todo podrido y magullado, pero al menos creo que me veo de mi edad.
—Te ponía menos, tal vez unos veinte. Eres demasiado tonto como para ser tan grande.
—No, pues gracias —dije de forma sarcástica y él sonrió.
—¿Y a qué te dedicas? No creo que te dediques a ser vagabundo medio tiempo como dijiste o a escalar árboles.
—Estoy en el área de finanzas de una empresa local, es una mierda de trabajo y lo odio, pero mis gatos caprichosos merecen lo mejor y por eso sigo ahí. Si gano menos, entre los dos se unen y me cortan a pedacitos de cinco centímetros.
—Es verdad lo que dice tu amigo, eres el loco de los gatos —bromeó y me encogí de hombros.
—Prefiero serlo que a ser padrastro, ex convicto o peor aún, religioso.
—¿Es que has salido con mujeres con hijos?
—Mmm, bueno no sé. Solo he tenido una novia, pero fue hace mucho, cuando era adolescente y de allá hasta acá solo han sido cosas que terminan con denuncias y cosas horribles. Por eso ni me esmero, prefiero darle todo mi cariño a mis gatos.
Sonrió de medio lado al escucharme y… ese gesto en su rostro, mierda. Dios, Daniel, ¿tienes idea de lo bien que te ves cuando sonríes de esa manera? Es tan injusto con el resto de los mortales, en verdad superas por lejos a todos.
—Entonces supongo solo te gustan las chicas —dijo y me encogí de hombros.
—Me gustan muchas cosas en general. El fútbol, ver perder al Junior, los pasteles de chocolate, mis gatos, etc.
—Eres muy extraño —volvió a repetir entre risas y solo lo miré.
Debo admitirlo, me gustaba su sonrisa.
—Bueno, ya dejaré de interrogarte. Creo que las cuantas cervezas de más me están poniendo hablador —admitió divertido, pero antes de que se alejara hacia su habitación lo detuve.
Tomé su muñeca y él se dio la vuelta, mirándome.
—Vamos arriba, a tomar aire en la azotea.
—¿Esta casa tiene algo así?
—Sí, ahí me escondo cada vez que quiero llorar o cuando la vieja Josefina me acusa de robarle sus plantas.
Rompió en risas al escucharme y asintió.
De haber sabido lo que mi invitación conllevaría, en verdad creo que lo habría evitado o… no. ¿A quién carajos engaño? Ese error llamado Daniel lo volvería a repetir una y otra vez hasta dañarme por completo.