Nos sentamos entonces en el borde, pero no daba vértigo porque la casa no era tan alta. Se escuchaba música fuerte proveniente de afuera, el esposo de la dueña tenía una partida póker junto a sus amigos los albañiles y varias botellas de licor adulterado. Al menos hacía algo de brisa considerando la época del año en la que estábamos. Veía a Daniel quién miraba curioso la situación. No sé cómo haya sido su dinámica familiar antes de venir aquí, pero parece provenir de familia de plata o al menos una familia decente, no como la mía. Mi mamá me levantaba a gritos todos los días a las cinco de la mañana, odiaba ver que durmiese desnudo y me repetía unas tres veces al día que no servía para nada. También me daba palizas cada vez que entregaban el boletín de notas de la escuela porque siempre quedaba en los últimos lugares.
—Este barrio es muy curioso. Parece decente si lo ves por fuera y hasta simpático, pero si te adentras solo ves gente de mala muerte o rumbas dudosas como la que tiene acá abajo —dijo divertido Daniel y lo miré.
—¿Dónde vivías antes?
—En el sur, San José —comentó y fruncí el ceño.
—Creí que venías de familia de plata —dije de forma imprudente y él solo rompió en risas.
—¿Por qué pensabas eso?
—No sé, tienes la cara y la pinta.
—¿Cómo que… cómo que tengo la cara?
—O sea, las facciones. Tienes buena cara o bueno, en general todo te ves bien —confesé y él rio aún más fuerte.
Sé que horas más tarde me arrepentiría de lo que le había dicho, pero ebrio soy de lo peor, me vuelvo muy hablador y siempre termino poniéndome en vergüenza.
—O sea que te gusta cómo me veo —preguntó y me encogí de hombros.
—Bueno, tú debes saber que te ves bien y no solo físicamente.
—¿No solo físicamente?
—Vamos, Daniel. No te hagas el modesto, debes saber que no solo estás bueno por fuera, sino que todo tú, tu forma de ser y bueno, todo de ti. Eres lindo, un buen partido en general.
—Nunca me habían dicho algo así antes —admitió divertido y chasqueé la lengua.
—¿Cómo que no? ¿entonces qué clase de novio tenías que no notaba esas cosas grandiosas de ti?
—No quiero hablar de eso.
—Mmm, ¿tan malo fue contigo?
—Es algo de lo que prefiero no hablar, el tema de la ruptura y eso.
—¿Y cómo se conocieron? ¿fue cuando estabas en la escuela?
—Sí, era mi compañero del equipo de básquetbol.
—¿Cuánto tiempo salieron?
—Dos años.
—Vaya, para ser adolescente es mucho tiempo.
—Algo así —dijo sin ánimos.
No tenía idea de qué carajos había pasado con el chico con quién salió, solo sé que fue hasta hace muy poco y que terminó muy mal. Muero por la curiosidad, quisiera saber, pero no puedo forzarlo a que me cuente.
—¿Es de tu edad o mayor que tú?
—Mayor un año. ¿Por qué preguntas tanto sobre él? No sabía que eras tan chismoso, Emanuel —dijo y sobó mi pelo, como si fuese un cachorrito, así que sentí culpa y solo lo solté.
—Mmm, creo que es hora de confesarte la verdad.
—¿Qué verdad?
—No me llamo Emanuel, en realidad me llamo Jerónimo, pero no te dije la verdad porque no te conocía. Podrías ser estafador, proxeneta o alguna cosa horrible —mentí y él solo rompió en risas.
—No sé por qué sospecho que tampoco te llamas así.
—Mmm, es que mi nombre es peor. Es algo feo y de anciano.
—¿Cuál es? ¿a quién le importa?
—Mmm, me llamo Rogelio. ¿Te importa?
—¿Por qué carajos me importaría eso, ratón?
—No sé. Probablemente no quieras besar a alguien que se llame Rogelio, pero tal vez sí a alguien que se llame Jerónimo —dije así sin más, evidentemente influenciado por el alcohol y él pareció muy sorprendido.
—¿Es que… quieres que te bese?
—Sí.
—Oye, ratón…
—Sólo bésame, ¿sí?
Él pareció anonadado, no lo sé. Sé que ambos estábamos sobrepasados de tragos y no en el mejor estado. Creí que me rechazaría, que probablemente él me veía como una cosa horrible o deforme, pero no fue así. Daniel luego de unos segundos que se me hicieron eternos, me sujetó por mi nuca y sin previo aviso juntó sus labios a los míos.
Dios.
No puedo describir siquiera lo malditamente bien que se sentía que él me besara. Dios, es que Daniel me besaba, ese chico grandioso me besaba de una forma tan fuerte que me sacaba de mí. Él era quién llevaba el ritmo del beso y me sujetaba besándome más y más, haciéndome perder la razón y que mi temperatura corporal se disparara a mil por segundo. Es que sus labios cálidos sabían tan, tan bien, su lengua haciendo estragos en mi boca mientras jugaba con la mía, todo, todo era tan bueno que sabía que ahora iba a querer que me besara siempre, me volvería adicto y nadie lo podría detener.
No sé cuánto tiempo pasó, pero nos besamos muchísimo y como era de esperarse, no pude contener mis manos inquietas y busqué tocarlo como fuera, así que acaricié sus hombros, su espalda, su pecho, pero al no ser suficiente, deslicé mi mano derecha por su abdomen intentando llegar al cierre de sus jeans, pero él me detuvo.
—No podemos hacer esto aquí —dijo y se puso de pie, sujetó mi mano haciéndome levantar y me miró—. Vamos a mi habitación.
—¿Se… seguro? —titubeé de forma estúpida y él asintió.
—Sí.
Me llevó casi a rastras hasta su habitación, pero por supuesto no me negué. Lo dejaría hacerme todo lo que desee, claro que lo haría y más con lo duro que yo estaba luego de tantos besos, pero no tenía idea de lo desastroso que sería intentar tener relaciones estando sobrepasados de tragos.
Ni bien ingresamos a su habitación y él cerró la puerta, se acercó a mí y me arrebató el buzo que traía, también los jeans, dejándome solo en ropa interior y me tiró sobre la cama. Se subió sobre mí y lo vi quitarse su suéter. No alcancé a admirarlo tanto como quería porque de inmediato volvió a besarme y no lo detendría.
Podía sentir lo duro que Daniel estaba lo cual me ponía aún peor, yo estaba a reventar, pero entonces, cuando él empezó a besar mi cuello y me mordió, gemí muy fuerte, lo cual pareció incentivarlo aún más porque me miró con una sonrisa y retomó el beso, pero solo unos pocos segundos después se separó de forma abrupta y lo miré confundido.
—Mierda —se quejó y lo vi irse casi que corriendo hacia el baño de su habitación.
Lo escuché vomitar y quise hacerlo también, los tragos de más empezaban a pesarme, pero no quise pensar en eso, solo esperarlo, pero como se tardó muchísimo no me di ni cuenta cuando ya caí rendido y no tenía idea de lo que acababa de desatar, todo lo que vendría por unos besos que para él pudieron no significar nada, pero que para mí lo serían todo.