Una Promesa Jurada.

2235 Words
«¡EL corazón se rompe. y la paciencia también dejando desatarse una tempestad! » —Yaman ya tengo la dirección de la mujer — Para Erim eso no era una obstáculo, tenía gente a su disposición podría conseguir el dato de quien sea, sin contar que el jefe era poderoso.   — ¡Vamos! Cuando vuelva hablare con ustedes— Indica Yaman para salir de la mansión en busca de su sobrina. Para él la mujer era peligrosa y no sabía con qué intensión se había acercado a su sobrina. Después de una hora de viaje llega a la casa de Leila, baja Yaman del auto cabreado. Sin anunciarse decide echar la puerta de aquella humilde casa, Leila tanto Yaman estaban cara a cara. Para ambos el espacio personal era lo de menos, Yaman quien estaba cabreado por la audacia de aquella mujer la mira a los ojos sin desviarla. En cambio Leila estaba allí, nerviosa y pálida ante tal presencia.  Yaman después de verla a los ojos, mira a su alrededor para ver a su sobrina dormida en el living de aquella casa, sin perder tiempo toma en sus brazos a  la niña para salir de allí.  — ¿Qué haces? ¡Déjala! Seher, Seher — Con la voz entre cortada, y sin poder detener a aquella persona que irrumpió su casa ve como la aleja de su sobrina. Yaman va al auto para poner a la niña en el asiento de atrás, para luego ver nuevamente a la mujer que estaba exigiendo que la regresasen a la pequeña. Los hombres que tenía a su disposición no la dejaban siquiera llegar junto a Yaman. Leyla en la desesperación e impotencia cae de rodilla llorando para después escuchar la voz de su padre, al darse la vuelta ve que su padre toma con fuerza el pecho para desvanecerse en el frio pavimento — ¿Padre? ¡Padre!  — Leyla se incorpora para ir a socorrer a su padre.  Las noches iban avanzando como la desgracias en la familia de Leila, parecía de nunca acabar las complicaciones, hace días ella estaba en el mismo hospital perdiendo a su hermana y ahora viendo la situación crítica de su padre, las horas pasan y aun nadie la avisaba la parte médica de su padre.  — ¿Familia Aydim? — Indaga un doctor entre las personas que estaban allí. —Sí, soy la hija ¿Cómo está mi padre?—  Indaga Leyla con los ojos cristalizados.   —Su padre esta delicado, la última vez que había venido a su control le había indicado que una recaída sería grave. Ahora mismo estamos haciendo todo los posible para salvarlo, pero debe prepararse para lo peor— Leila queda asombrada, sabia ella de la condición de su padre, pero nunca se imaginó que llegaría a estos extremos.  Va caminando hasta sentarse en un asiento, con una mirada perdida, cuando es interrumpida por su mejor amigo de la infancia Keren Bursin. Teniendo dos tazas de té, ofrece uno a  Leyla, toda la vida estuvo enamorada de ella aunque nunca se lo menciono con miedo  que ella lo rechace. Esta vez estaba allí junto a ella para darle ánimos en estos momentos tan difícil que está atravesando.  Después de esperar tanto tiempo por fin Leyla podría entrar a ver a su padre, al entrar ella solo necesita tomar la mano de él entre la suyas para hablarle con el corazón, en ese momento la joven con lágrimas en los ojos ve que su padre despierta.  — ¡Padre! No digas nada no te esfuerces— Logra articular Leyla con la voz temblorosa — Leyla mi niña prométeme que no dejaras a nuestra Seher en manos de esa familia— Menciona en agonía el padre de Leyla Leila con pesar toma nuevamente sus manos para besarlo — ¡Te prometo que eso no ocurrirá!— Pero Leila decidida a esto jura que no dejaría que aquella familia por tan poderosa  que sea, no se saldrían con la suya. — ¡Ahora ya me podre ir junto a mi niña Melek!— Alega el padre de leyla para abandonar esta tierra donde los mortales viven  — ¡Padre! No, no por favor ¡Padre!... ¡Padre!— Logra pronunciar Leila con el pecho oprimido, las lágrimas recorriendo por las rosadas mejillas. Los doctores y enfermeros hacen presencia ante los gritos de Leila, tratan de resucitar al padre, pero no podían hacerlo. La vida de aquel hombre ya no podía resistir tanto sufrimiento como los resentimientos que iban acumulados por tantos años. Para Leyla estos días no fueron gratos, ha perdido la única familia que vivía con ella durante tanto tiempo. Más que nunca estaba segura que su promesa seria la fuerza que necesitara para salir de donde está cayendo por la tristeza.  Los días pasaron como también el tiempo que Leila se tomó para hacer su luto por sus seres queridos. Ahora estaba en frente un bufete de abogados, toma el aire en sus pulmones, para caminar en dirección de las primeras oficina de un abogado. Pero para su desgracia todos aquellos abogados con quien hablo, no tienen el coraje de llevar su caso y pelear por aquello que tanto anhela realizarlo. Después de un largo día decide ir a descansar a su casa, metida en sus pensamientos, caminaba por las frías calles de Ankara. Pensando cómo podría conseguir que le dieran la custodia de la pequeña Seher. La noche transcurría, como también el deseo de cenar para descansar como los deseo de Leyla. Mientras que probaba vacado en la casa de los KutluSoy las sorpresas seguían apareciendo.  Yaman estaba sentado en la mesa de su escritorio personal que tenía en su habitación, cada documento era examinado con mucho cuidado, cuando es interrumpido por Erim  — ¡Disculpe señor! Pero me dijeron los del bufete de abogados que la tía está visitando a todos los abogados de Firma— Al oír esto Yaman deja la pluma para mirarlo fijamente. Sin decir nada se levanta para tomar su arco y sus flechas, Erin al ver esto lo sigue hasta la entrada de la mansión.  — ¡Sígueme!— Ordena Yaman para subir en su auto, detrás de él lo seguían otro auto con tres hombres. —Yaman manejaba de manera rápida como si el tiempo se le acabase, frena el auto de manera precipitada para bajar de ella y dirigir sus pasos hacia la casa de Leila.  Leyla estaba en la cocina lavando los platos cuando escucha un estruendo desde la entrada de su humilde casa, ella va a ver que fue ese ruido para ver a los hombres de Yaman y al propio  Yaman mirándola atentamente y con la flecha apuntando en ella. — ¿Qué hace aquí? ¿Con que derecho irrumpe mi casa?— Espeta Leyla de manera segura. En cambio Yaman seguía apuntándola pero sin decir una sola palabra. —Le estoy hablando, Por favor salga de mi casa —Exige leyla. En cambio Yaman solo la miraba de una forma intimidante, como una persona que solo está allí para soltar aquella flecha e hiciese lo que debía.  —Por favor... Váyase deje de ser un insensato y de pocos modales— Yaman abre sus ojos como si lo que Leila acabara con su paciencia. — Ya nos veremos en los tribunales, y créanme tengo todas la intensiones de pelear por la custodia de Seher ella es mi legado— Yaman sin perder más tiempo suelta las cuerda de aquel arco para que esas flecha vaya en dirección de Leila, para ella era imposible moverse ya que nunca pensó que Yaman se atrevería hacerlo. Leila da su último suspiro profunda para retener en sus pulmones, aprieta con toda la fuerza sus manos, sin darse cuenta que ella misma se estaba lastimando por sus uñas. Lentamente da vuelta para ver que la flecha es incrustada en la pared donde había un cuadro no tan grande. Vuelve la mirada hacia Yaman para caer inconsciente al producto de las emociones. Unos de los hombres de Yaman le pasan a él una botella con un poco de agua, el cual sin un mínimo de consideración vierte el agua en el rostro de Leila que se encontraba desmayada. Cuando leila despierta sobre exaltada ve que yaman estaba inclinado hacia ella mirándola fijo — ¡Pensemos que su vida es un legado!— Expresas yaman mientras la mira al rostro. —Si usted vuelve a tratar de demandarme... no la perdonare la próxima y su legado terminara en ese momento— Espeta mientras que se para y deja a leila en el suelo. La intensión de Yaman era la de intimidar a la tía que definitivamente se pondría en su camino, él se encargaría de acabar con su valentía, y si era necesario no dudaría en usar la fuerza. Esa noche Leila no podía pegar el ojo, cada vez que cerraba los ojos aparecía el rostro de Yaman apuntándola con el arco y la flecha. Daba vueltas en cama, impaciente, indignada y con una molestia que sobresalía encima de las demás emociones. Pero aun así Leyla decide que volvería a buscar a otros abogados, lo que no sabía ella era que Yaman pondría hombres a seguirla y que lo informara cada paso que diera. Baja del taxi para entrar en una pequeña oficina cerca del restaurante donde trabaja, la única esperanza estaba puesta en aquel hombre. Todos lo tienen en un concepto no tan bueno, pero era la última persona que le quedaba en todo Ankara. —Adelante el señor Yusuf Ercel la espera— Sin dejar de saludar a la señora que la anunciara decide pasar. Ella ve a un hombre de edad entre 45 0 50 años. —Disculpe que lo moleste pero tengo una necesidad que me represente— Expresa Leyla para ver que aquel hombre la mira atentamente. —Dígame ¿En que la puedo ayudar?—Pregunta el hombre Cuando Leila expreso lo que desea hacer el hombre estaba contento, ya que hace años no tenía un cliente que pidiera sus servicios — Dígame señora ¿Quién es la persona demandada?— Pregunta Yusuf. — Es el señor Yaman KutluSoy — Indica Leila, con toda confianza. Al escuchar el nombre Yusuf, cambia el semblante de su rostro « Algo no está bien » pensaba leyla. — ¡Disculpe señorita pero no podré tomar su caso!—Yusuf se levanta de su asiento para abrir la puerta y salir por ella, dejando a Leila sola allí sin entender nada lo que ocurría.  « ¿Porque la gente le teme tanto a esta persona ?» Se preguntaba leyla mientras salía de aquel lugar. Caminaba lentamente cuando un auto de color n***o la incrusta dejando sin poder salir de allí. Pero grande fue su sorpresa al haber de quien se trataba. Yaman baja del auto para acercarse a ella, la mira para tomar su mano y llevarla a la fuerza a la camioneta — ¿Qué hace? ¡Suéltame!, ¡Suéltame!, ¡Ayúdenme!— Grita mientras que Yaman la encierra dentro del auto. Mientras que Leila le seguía insultando y exigiendo que la dejara ir. Yaman seguía manejando. De repente Yaman estaciona el auto a un costado del carril para sacar de entre su cintura, apuntar a Leyla y con la otra mano cerrar su boca para que no hablase más. Los ojos de Leila estaban abiertos como platos, al ver el arma en frete de ella, no sabía que debía de hacer. Mientras que Yaman la miraba con tanto odio que no le importó si ella estaba aterrada o no. — ¡Creo que no fui tan claro ayer a la noche!— Indica Yaman mientras que Leyla temblaba como hoja en frente de él. —Ahora deja de hablar y te suelto, me escucharas atentamente— Exige Yaman Sin remedio alguno Leila confirma que no haría nada para que Yaman le quite el arma y la mando de encima de ella.  — ¿Cuánto quiere para que deje a mi sobrina a mi familia en paz?— inquiere Yaman para que Leyla quedase plasmada ante tanto ofensa. —Como le dije no quiero nada, solo quiero el legado que mi hermana me confió ante de su muerte— Confiesa Leila mientras que Yaman la observa que se negara a su propuesta. — ¡Eso no pasara, no dejare lo único valiosos que dejo mi hermano a mi cuidado!— Indica Yaman Para Leyla esto  no era una negociación, para ella era todo, era la promesa que le había hecho a su hermana. — ¡Esta bien! Yo la dejare en paz y usted no se acercara a mi casa y a mi familia... si lo hace me sentiré obligado a...— Es interrumpido por Leila. — ¿Me disparara? ¿O ira a mi casa con un arco y flechas?— Lo desafía mientras que Yaman aprieta con fuerza los dientes. —Usted no podrá negarme que vea a mi sobrina— Alega Leyla. En ese momento ella abre la puerta para bajar del auto cuando Yaman vuelve a cerrarla sin que ella pudiera evitar eso —Por favor déjame salir ya no tenemos nada de qué hablar—Exige Leila  —Esto es una última propuesta si vuelves a desafiarme veras de lo que me atreveré hacerte— Alega Yaman para dejarla ir.  
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