CAPÍTULO 6

2442 Words
"Mis emociones suben y bajan tanto que ya no puedo controlarlas." - - William pensó en eso toda la noche, ahora su insomnio no era a causa de la tarea sino más bien por el simple hecho de pensar en ese asunto. Si era sincero él había tenido un crush por un chico cuando iba en la escuela secundaria pero solo era eso, un crush, pensaba que lo era así debido a que lo admiraba y ya, nada más. Esperaba que fuera el mismo caso con Brice, que solo lo admirara. William tenía novia así que pensaba que ese sentimiento cálido en su ser pasaría rápido. Cuando había llegado a casa su hermana ya estaba durmiendo y por la mañana ella salió primero así que no le había sido posible verla, debido a eso le fue imposible avisarle que iría a la casa de Brice. Puede que él se lo haga saber a mi hermana. Pensó. La hora de salir de la universidad le había pasado demasiado lenta, entregó sus tareas, estaba seguro que iba a tener buena nota, pues, un administrador muy importante lo había asesorado. — No voy a poderte acompañar el día de hoy —fue lo que Will dijo cuando se reunió con Near. Ella era de la facultad de psicología así que sus horarios eran diferentes pero cada que podían se veían. — No te preocupes, puedo ir con mis amigas por el libro —le sonrió. — Puedo ir contigo pasado mañana o cualquier otro día que puedas, ¿Sí? —William la abrazó y le depositó un pequeño beso en su frente. — Vayamos el viernes, ¿Te parece? — Sí, pequeña, vayamos ese día. Algo que William amaba de Near era que ella nunca cruzaba la línea, si ella notaba que habían cosas que William se guardaba para sí mismo ella podía entender que eran asuntos personales. También nunca había intentado cambiar la personalidad de William, si bien podía ser un chico un poco tonto e inmaduro ella apoyaba sus chistes malos y se reían de sus tonterías. Ambos se complementaban. Tomó el autobús que lo dejaba en aquellos departamentos y suspiró porque algo dentro de él se sentía nervioso. Habían acordado ser amigos y ese era un paso que debían hacer, si William quería que Brice y él se cayeran bien debían tratar directamente los dos. El chico de piel bronceada le abrió la puerta de su apartamento con el cabello alborotado, parecía que recién se levantaba de la cama, William se echó a reír y pasó al hogar de este. Dejó su mochila en ese sofá que era tan cómodo. — ¿Acabas de despertar? Es demasiado tarde ya. — Son apenas las dos, creí que llegarías como a las cinco o seis. — Mmm, se me hizo temprano. — Ya veo —Brice se dirigió a la cocina para tomar un vaso de agua y le llevó otro al menor. Ya no se sentía tan incómodo como antes. Brice usaba una playera de un equipo de fútbol tailandés, con pantalones cortos, a este paso William podría acostumbrarse a verlo más con ese atuendo que vestido con su traje color gris Oxford. — ¿Estás listo para ser humillado por mí? —William le sonrió con picardía. — Ya lo veremos, pequeña molestia. La consola de juegos fue encendida y el juego de FIFA fue puesto. El menor nunca imaginó que Brice también jugara videojuegos, la primera impresión que había tenido de él era acerca de que podía ser un aguafiestas de por medio pero ahora no era así, en el tiempo que duró la partida ambos gritaban y se reían, por un momento William se olvidó de que Brice era alguien que iba por ahí gritando a sus empleados y maldiciendo todo, era agradable tenerlo riendo a su lado. — ¡Eso fue injusto! Yo iba a ganar, hiciste trampa —William comenzó a hacer un puchero y cruzar sus brazos, era la tercera vez que Brice le ganaba. — Eres un mal perdedor. — No, tú eres un mal jugador. — Cállate —le tiró un cojín encima antes de negar con su cabeza— Por un momento creí que sí ibas a ganarme pero ahora veo que no, fuiste un mentiroso. — Es que te dejé ganar. — Que amable eres —dijo con sarcásmo— Will —le llamó— ¿Tienes hambre? — Yo siempre tengo hambre. — Te creo —rodó los ojos— Si tú hubieras ganado me pedirías que te comprara comida. — ¿Me comprarás comida? —los ojos del menor se iluminaron. — Pídela, pero no pidas tanto, yo solo comeré poco. — Yo también como poco. Una hora después llegaron tres repartidores de comida a su apartamento, William solo le había hecho pagar a Brice lo que se iba a comer él porque no quería ser abusivo, debido a eso él tomó la libertad de pedir toda la comida que quería. Mientras más comida veía el mayor más no podía creerlo, ¿Cómo alguien tan delgado comía tanto? — ¿Comerás todo eso? — ¿Debí pedir más? — ¡No! Eso ya es mucho —fue hacia la cocina por servilletas y dos vasos para servir sus bebidas. Comieron mientras William aún hacía bromas tontas. Sin darse cuenta ya estaba oscuro y ya era demasiado tarde. Ya era hora de regresar a su casa y no quería volver a molestar al mayor para que lo lleve hasta su hogar. — Debo irme, todavía es buena hora para tomar el bus. — ¿Quieres que te lleve? — No, no te preocupes, no quiero molestarte. — No me molesta... —dijo con voz baja y eso conmocionó un poco al contrario— Eres el hermano de Syn, no me molestaría llevarte. De nuevo estaba la etiqueta, ¿Qué día lo dejaría de llamar "el hermano de Syn"? Tenía un nombre. No era nada personal, solo que nunca le había gustado que las personas lo trataran bien por obligación, eso lo hacía enojar bastante. — Gracias, no te preocupes. William se puso de pie y fue hacia la puerta para colocarse sus zapatos. Se despidió de Brice con una sonrisa, cerró la puerta y fue hacia el elevador, cuando esperaba que este abriera las puertas un apagón lo tomó de sorpresa, la luz se había ido y aquel pasillo se miraba horrible. Comenzó a temblar y a sudar frío, quería llorar, de nuevo se estaba hiperventilando. Solo lograba escuchar su nombre a lo lejos pero no sabía si estaba alucinando o no, cayó al piso de rodillas. Sintió como movían su cuerpo pero el zumbido de sus oídos no lo dejaban escuchar nada. Su cuerpo fue cargado. Brice también se sorprendió cuando se fue la luz, era normal que en Bangkok se fuera la luz cada cierto tiempo pero en su apartamento casi no pasaba por los generadores de luz que ayudaban, así que eso le pareció extraño hasta que recordó a William, quien probablemente estaría asustado en algún lado, solo esperaba que no estuviera dentro del elevador o sería un problema. Se alivió al verlo frente a las puertas de este y comenzó a caminar con tranquilidad pero al ver cómo cayó al suelo corrió inmediatamente. — Will, Will, está bien, todo está bien, escúchame —pero no lo escuchaba. Tuvo que cargar su cuerpo hasta llegar a su apartamento pero aún William estaba en shock, temblaba y sus manos estaban heladas. Brice encendió la luz de su teléfono móvil e iluminó la cara de William, estaba llena de lágrimas— Estoy aquí, nada va a pasarte, por favor no llores —Brice estaba frustrado, no sabía cómo tratar ese asunto. La frecuencia cardiaca de William se calmó un poco y su mirada se conectó con la del mayor, eso hizo que reaccionara y saliera de su transe. El corazón del castaño se alivió por completo al ver que no estaba solo, tenía a Brice a su lado, todo iba a estar bien. Lo único que pudo hacer fue llorar más fuerte, eso había sido terrible, aquel pasillo en la oscuridad era de infarto. Brice solo pudo quedarse callado y abrazarlo un poco. No sabía el por qué William se ponía de esa manera por la oscuridad pero sabía que eso no era normal, debía ser una fobia que le afectaba demasiado. No iba a cuestionarlo porque no quería hacerlo sentir incómodo pero tenía curiosidad. Como pudo dirigió a William hacia el balcón, la luz de la luna podría ayudar un poco. Cuando salieron el menor se calmó un poco y respiró hondo, pasó bastante tiempo antes de que pudiera hablar nuevamente. — Lo siento. — No te preocupes. — He intentado controlar este miedo pero no puedo, sé que es ridículo tenerle miedo a la oscuridad, tengo 21 años y me siento ridículo. — Tengo 29 años y le tengo miedo a los insectos —sonrió— Está bien, nunca es ridículo temerle a algo, eso es lo que nos hace más humanos, ¿Qué clase de persona serías si no le tuvieras miedo a nada? William sintió ese argumento demasiado cálido que sonrió. Brice y él estaban sentado en una pequeña banca mientras miraba la ciudad. — Pero tenerle miedo a algo es normal, actuar como lo hago yo no lo es, intento controlarme pero no puedo. — No te mortifiques tanto, hay cosas que podemos controlar y otras que no —Brice palmeó su hombro lentamente— Cuando ocurra nuevamente nunca pienses que estás solo, piensa en cosas positivas, no puedo decirte que todo estará bien porque yo no puedo ponerme en tu lugar pero inténtalo. — Así que las personas como tú saben ser cálidas —sonrió— Me gusta esta faceta tuya. — Me preocupo —suspiró— Eres el hermano de Syn, debería cuidarte. Y de nuevo seguía esa etiqueta presente. William ya no dijo nada, suficiente con el ridículo que ya había hecho nuevamente delante de Brice. Todo era tan irónico, nunca le había pasado eso ni siquiera con Near, de hecho, ella ni siquiera sabía eso. Las veces que iban al cine eran contadas y lo hacía porque a ella le gustaba mucho ver películas, no le aterraba debido a que había mucha gente ahí, sumando que la luz de la gran pantalla lo calmaba. Cuando la luz regresó William se sintió aliviado, creía que ya era mucha molestia para Brice así que quería huir de ahí lo antes posible. — Me iré... —dijo no tan seguro— ¿Podrías acompañarme a la planta baja? Brice le sonrió y asintió. Juntos bajaron, William no tenía miedo por si algo pasaba, las dos veces que sucedió algo así Brice se preocupó mucho por sostener sus manos, eso le ayudaba bastante a dejar el miedo de lado. — Te pedí un taxi, debe llegar en poco tiempo —miraba su teléfono— Ya lo pagué. — Oh, no, déjame devolverte el dinero. — No es necesario, solo llega bien a casa o de lo contrario me sentiré culpable por no llevarte de regreso. Otro motivo más para frustrarse. Cuando el taxi llegó se subió y se despidió de Brice por la ventana con una gran sonrisa. Ese día había descubierto muchas cosas en Brice, solo estaba seguro de que ya no le desagradaba. Cuando William llegó a su casa no encontró a sus padres, probablemente ya dormían. Pero sí encontró a su hermana sentada en el sofá mirando la TV con el ceño fruncido. — Ya llegué. — Oh, hola —dijo cuando se dio cuenta de la presencia de su hermano. — ¿Por qué tienes esa cara? — No es nada. — Dime, te conozco. — Hoy fue el día de descanso de Brice, habíamos acordado que iría a visitarlo por la tarde para comer juntos pero... —mordió su labio— Ni siquiera me llamó, no sé nada de él desde antier. Entonces... ¿Brice no le dijo nada acerca de que ellos iban a estar juntos? — Probablemente está ocupado. — Sí, puede que sí —suspiró— Y tú, ¿Dónde estabas? Te estaba esperando. — Fui a la casa de un amigo, sucedieron unas cosas y por eso tardé. William no quería arruinar las cosas pero sentía que lo estaba haciendo día con día, al final solo subió a su habitación sin decirle la verdad a su hermana, pero si Brice no se lo decía... no veía la necesidad de hacerlo él. El día siguiente parecía ser hermoso, ni siquiera le fue difícil llegar a la universidad. Todo iba de maravilla. — Me comienzas a asustar —la voz de Tom lo hizo reaccionar. — ¿Qué? — Sigues sonriendo como un loco, ¿Estás bien? Dime... ¿Estás en las drogas? — ¡Claro que no! Solo hoy es un buen día. — Aja —sonrió con picardía— ¿Algo "picante" sucedió entre tú y Near? — Cállate —le soltó un leve golpe— Y aunque sucediera, ¿Qué te hace creer que te lo diré? — Ok, ok —se rió— Cálmate y mejor come, te he visto más delgado —Tom le alborotó el cabello y lo alimentó. Si lo pensaba, el que Tom hiciera esas cosas con él no le ponía nervioso en absoluto. Comparó ese hecho con lo que pasaba con Brice, tan complicado. — Tom, bastardo... —le miró— Abrázame. — Ya dime, ¿De cuál droga te metes? — ¡Abrázame! Tom lo abrazó e inclusive le palmeo la espalda con delicadez. William intentó saber cómo se sentía el abrazo de un amigo pero no funcionaba, solo sintió ese cariño amistoso. Recordaba que Brice lo había abrazado en la oscuridad pero definitivamente se sintió diferente, algo estaba funcionando mal con su cerebro. — Me odiooooo —gritó. — Oye cálmate, hoy estás más raro que antes, ¿Qué pasa? — No lo sé, repentinamente siento ganas de golpear a alguien. — Te apoyo pero conmigo por allá en ese árbol. — Idiota, debo irme, tengo que ir a casa porque hoy mi hermana descansa y vamos a no intentar quemar la cocina. — Salúdame a mi novia. William rodó los ojos y fue hacia su casa. Sus padres habían salido donde sus abuelos y ellos querían prepararles la cena como una sorpresa. Cuando William llegó a su hogar vio a su hermana ya con todo el material que iban a ocupar. — Creí que ibas a llegar más tarde —Syn estaba en la cocina moviendo todo de un lado a otro. — Yo igual, pero dime, ¿En qué te puedo ayudar? — En realidad Brice viene para acá, cuando le dije que tú y yo íbamos a cocinar él creyó que podíamos incendiar todo o envenenar a nuestros padres —comenzó a reír. ¿Venir? ¿Enserio? No, ya no quería verlo porque lo hacía sentir confundido en muchos aspectos y si se quedaba a cenar sus padres lo iban a ver, ¿Cómo le explicaría eso a su hermana? Entonces el timbre sonó como una mala señal. — Abre la puerta, debe ser el amor de mi vida —Syn estaba agachada buscando algo en un mueble. William fue hacia la puerta y sí, era él, tenía su típico traje gris Oxford. Se veía bien. — Hola —dijo nervioso. — ¿Llegaste bien ayer? —Brice ladeo una sonrisa. — Si... gracias por preguntar. — Iba a enviarte un mensaje pero lo olvidé. — Oh... —William se sonrojó un poco— Lo hubieras enviado, ya sabes. Luego William reaccionó a todo, ¿por qué le estaba hablando tímidamente? Oh... un nuevo problema vino cuando volteo y vio a su hermana viéndolos.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD