Esto es amor

1347 Words
MARISOL Cuando me desperté, eché de menos al instante el cálido cuerpo que había detrás de mí. Me di la vuelta y vi el espacio vacío en la cama. Me senté y miré alrededor de la habitación, pero no había nadie. Cuando quise levantarme, me di cuenta de que todavía estaba desnuda, así que fui al armario y me puse ropa de deporte antes de bajar las escaleras. —¿Tom?—, llamé, pero mi voz solo resonó en los enormes pasillos. —Señora Pérez. Hola, soy Joe, su guardaespaldas personal—. Miré al hombre de literalmente tres metros de altura que tenía delante, que estaba construido como una máquina de gimnasio. —Buenos días, Joe. Encantada de conocerte. Por favor, llámame Sol—, dije, intentando no parecer demasiado asustada. —Oh, no. Son órdenes del señor Pérez—, respondió. —No me importa. Soy Sol—, dije encogiéndome de hombros. —Por cierto, ¿dónde está Tom? No le he visto salir de casa. —Está en el trabajo. Suele ir a trabajar a las 6 de la mañana. A partir de ahora tiene más responsabilidades de las que ocuparse. Ayer fue una excepción, por supuesto—, dijo educadamente. —Hmm. Entiendo. Gracias, Joe—, dije mientras me disponía a entrar en la cocina. —No hay problema—, respondió mientras pasaba junto a él y me dirigía a la cocina. —Buenos días, Cynthia—, la saludé, y ella se dio la vuelta para mirarme mientras preparaba algo. —Buenos días, querida. Tu desayuno está casi listo—, dijo con tono alegre. —¿Mi desayuno? Podría prepararlo yo misma—, dije mientras ella negaba con la cabeza. —No, señorita. Yo me encargo de la comida, para eso me pagan—, dijo, y yo me eché a reír. —Déjame adivinar, ¿avena? —Sí, señora—, dijo con una amplia sonrisa. Ya me encanta esta mujer. Tiene un aura maravillosa. Me sirvió la avena con un poco de zumo de naranja y me la devoré en segundos. —Vaya, Cynthia. Es una de las mejores que he probado nunca—, dije mientras dejaba la cuchara y me recostaba en el taburete de la cocina. —Gracias, señorita. Sabía que le gustaría. Las mujeres con su cuerpo no comen otra cosa para desayunar—, dijo y se rió. —Tienes razón—, admití y me reí mientras me levantaba. —Estoy en el gimnasio, por si me buscas—, dije y bajé al sótano para hacer ejercicio. Hoy hice cardio y glúteos durante una hora y media. —Lo echaba de menos—, dije mientras me secaba el sudor del cuerpo con una toalla. Llamaron a la puerta y, al poco, Cynthia entró en la habitación. —Tienes llamadas perdidas. Solo quería avisarte—, dijo, y en ese mismo momento mi teléfono volvió a sonar. Entonces me di cuenta de que no había visto mi teléfono desde que llegué aquí. —Gracias—, dije mientras cogía el teléfono y subía las escaleras del enorme jardín. —¿Hola? —Dios mío, Sol. ¿Por qué no contestabas? ¡Estábamos todos muy preocupados por ti!—, gritó Fernando por el altavoz mientras yo me daba una palmada mental en la frente. —Lo siento mucho. Se me olvidó por completo. No he mirado el teléfono desde la boda—, dije, esperando que no me hiciera ninguna pregunta sobre la noche. —¿Ustedes han...?—, empezó a decir, pero le interrumpí. —No, rayos. Fernando, para. No, no lo hemos hecho—, solté. —Vale, bien. Tenía miedo. Que te obligara o algo así. —No, no lo ha hecho. De hecho, me cuida muy bien— , dije con una sonrisa en el rostro. —Me alegro de oírlo—, respondió. —¿Cuándo podremos volver a verte?—, preguntó. —No lo sé. Tom no quiere que salga de casa por los paparazzi, así que supongo que tendrás que venir tú—, dije mientras me sentaba en un banco del jardín de flores. —De acuerdo, podemos hacerlo. ¿Qué tal mañana por la tarde?—, preguntó. —Suena bien, pero Tom no estará en casa a esa hora. Todavía está trabajando—, dije. —No importa. Queremos verte. Y nos llevaremos a Ariana con nosotros. —Perfecto—, dije antes de colgar. Volví a entrar y fui a la nevera a por agua cuando oí sonar el timbre. Cynthia abrió la puerta y Laura y Carla entraron. —Hola, tortolitos—, les saludó, y yo salí de la cocina abriendo los brazos para que Carla corriera hacia mí. —Hola, mis amores—, les dije mientras abrazaba fuerte a Carla. —Tom está trabajando—, le dije antes de que Carla pudiera preguntar. Ella puso los ojos en blanco. —Ughh, los chicos—, se quejó molesta. —Tienes que acostumbrarte. Tiene una disciplina laboral muy estricta—, dijo mirándome con ojos compasivos. —No pasa nada. No me quejo—, dije sonriendo. —Carla, ve a jugar al jardín. La tía Sol y yo vamos a charlar—, dijo Laura, y Carla salió corriendo al jardín. —Y cuéntame todo—, dijo mientras dejaba caer su cuerpo en el sofá. No dije nada y solo sonreí mientras sus ojos se agrandaban. —¡Rayos, te lo has f0llado!—, exclamó. —Chica, shhh—, le dije tratando de calmarla. —Sí señor. Por fin mi hermano ha encontrado algo más que tangas de plástico —, dijo mientras rezaba mirando al techo. —¡Cuéntamelo todo!—, dijo mientras se sentaba frente a mí. Le conté lo que había pasado y se le llenaron los ojos de lágrimas. —Puede ser tan tierno cuando quiere—, dijo mientras yo asentía con la cabeza. —Ayer incluso me dijo “te amo”—, le dije mientras ella abría los ojos como platos. —No puede ser—, exclamó. —¿Después de f0llar?—, preguntó incrédula y yo solo asentí con la cabeza. —¿Qué tipo de s3xo le estás ofreciendo, chica?—, dijo y me dio un golpe en el brazo y las dos nos echamos a reír. —¿Lo quieres?—, preguntó. Primero me quedé en silencio y luego compartí mis emociones con ella. —No lo sé. Estoy muy unida a él. Lo echo de menos cuando no está y lo espero sin importar cuánto tiempo tenga que hacerlo. Mi cabeza es como un disco rayado y repite su nombre varias veces. Quiero complacerlo y demostrarle lo mucho que lo aprecio. Quiero que me quiera y me sonría como siempre hace. Como cuando muestra los dientes y sus ojos brillan. Como en la boda, cuando me vio caminar hacia el altar. Cuando se aleja de mí, siento como si me clavaran un cuchillo en el pecho. Mi estado de ánimo empeora y pierdo la sonrisa. Pero cuando está cerca de mí. Cuando me quiere. Todo mi ser cambia. Su aura y su mirada tienen un gran impacto en mí, tanto física como mentalmente. Siento que sus ojos me atraviesan cuando me mira. Es tan gentil y cuidadoso conmigo y, sin embargo, tan apasionado. No lo sé. ¿Es esto amor?—, le pregunté confundida. Se le llenaron los ojos de lágrimas. —Esto es amor, j0der—, dijo mientras me abrazaba. —¡Tú lo quieres y él te quiere a ti! Hay algo más que s3xo entre ustedes. Confía en mí. Él te quiere al menos tanto como tú a él, y creo que incluso más. Si no fuera así, no te lanzaría ni una sola mirada—, explicó mirándome a los ojos. Tenía razón. Estábamos enamorados. Aunque solo nos conocíamos desde hacía dos meses.
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