Cabalgata deliciosa

1263 Words
MARISOL Ya era la 1 de la madrugada. No había señales de Tom. Ni llamadas. Ni mensajes. Nada. Me pasé el día dando vueltas por la casa e intentando calmarme, pero no funcionó. ¿Y si le había pasado algo? Finalmente decidí acostarme en la cama e intentar descansar un poco. Justo cuando estaba cerrando los ojos, oí pasos en las escaleras. Corrí rápidamente hacia la puerta y vi a Tom de pie en el pasillo, con aspecto más que agotado. —Ven aquí—, dijo, y abrió los brazos para mí, y yo rápidamente me acurruqué en ellos. Sus brazos me abrazaron y sus dedos apretaron mi piel. —¿Dónde has estado?—, le susurré al oído. —En el trabajo—, respondió rápidamente. Algo dentro de mí me decía que estaba mintiendo. Quería decir algo, pero me levantó por los muslos y me llevó a su habitación. Me tumbó en la cama y empezó a besarme lentamente el cuello. —Tom—, dije, e intenté empujarlo, pero él se resistía. —¡Tom!—, dije, y finalmente se apartó y se tumbó a mi lado, frustrado. —¿Qué ha pasado?—, le pregunté mientras le acariciaba la cara. Él solo cerró los ojos y suspiró en voz alta. —Estoy agotado, cariño—, dijo y finalmente me miró. Lo atraje hacia mí para darle otro beso. Él me devolvió el beso con intensidad antes de arrodillarse sobre mí y quitarme la camiseta y los pantalones cortos. Le subí la camiseta y él se la quitó, dejando al descubierto sus tatuajes y sus músculos. Puse mis manos sobre sus bíceps y los agarré mientras él bajaba sus manos hasta la parte interna de mis muslos y luego subía hasta mi clít0ris, frotándolo con movimientos circulares. Gemí de placer cuando bajó sus besos desde mi cuello hasta mis pechos. Chupó mis pez0nes, que ya estaban duros, mientras empezaba a meterme el dedo. Gemí y mi respiración se volvió más pesada. Mis manos recorrieron su cuello hasta su cabeza y me agarré a ella. —Eres toda mía. Estás tan húmeda para mí. Solo para mí—, gimió mientras chupaba mi piel. —Estoy... —Córrete, mi amor—, me interrumpió mientras soltaba mis pechos y empezaba a chupar y lamer mi c0ño. Este hombre me va a matar algún día. Si hubiera sabido que me haría sentir tan bien, me habría casado con él en ese mismo instante. Alcancé el clímax y lo observé lamer cada gota de mi jugo sin apartar la mirada de mis ojos. J0der, qué sexy es. Se desabrochó el cinturón y se quitó los pantalones y los calzoncillos, dejando al descubierto su enorme p0lla, que me miraba directamente. Una sonrisa apareció en mi rostro, lo que le hizo reír. —Tómala, tesoro, es toda tuya—, dijo mientras se arrastraba hacia mí y alineaba su p0lla con mi c0ño palpitante. Se puso un c0ndón antes de introducir la punta en mí. —Mírame a los ojos y no te atrevas a apartar la mirada. O pararé—, exigió, y yo solo asentí con impaciencia. Sonrió antes de empujar dentro de mí, lo que me hizo arquear la espalda. Mi cuerpo vibraba y una sensación de hormigueo me recorrió. Lo miré fijamente a los ojos mientras él tenía una mano en el cabecero de la cama golpeándolo contra la pared y agarrándome los muslos con la otra. Envolví mis piernas alrededor de su cintura, agarrándole los bíceps con más fuerza y sin romper el contacto visual. Levantó una de mis piernas por encima de su hombro, lo que le permitió penetrarme más profundamente. Gemí su nombre y cerré ligeramente los ojos. —No—, me advirtió, y volví a abrir los ojos para mirar su rostro lleno de placer. Nuestros gemidos y jadeos llenaban la habitación mientras me f0llaba posesivamente. —Más fuerte—, jadeé. —No puedo calentarte, amor. —Habla. —Más fuerte, Tom—, gemí en voz alta y él finalmente se esforzó más, dando en el clavo sin fallar. Sentí cómo mis paredes se apretaban alrededor de él, igual que él. —Córrete, nena—, exigió, y al momento siguiente mis fluidos se liberaron al mismo tiempo que su cálido s3men llenaba el c0ndón. Me relajé entre las sábanas, respirando con dificultad, mientras él jadeaba para recuperar el aliento antes de quitarse el c0ndón, tirarlo y ponerse uno nuevo. —Aún no he terminado contigo, tesoro—, me susurró al oído, lamiéndome el lóbulo de la oreja y bajando por mi cuello. Acerqué su cuello a mi cara y aplasté mis labios contra los suyos antes de darnos la vuelta para sentarme encima de él. —Ahora me toca a mí—, le dije mientras él sonreía con aire burlón y sus ojos recorrían mi cuerpo y sus manos acariciaban mis caderas. Le chupé el cuello, bajando hasta el pecho y luego el abdomen. Le di suaves besos, bajando lentamente. Le oí gemir y crecer debajo de mí. —Me estás matando—, siseó. —No me provoques—, me amenazó, respirando con dificultad. —Eres como un adolescente necesitado, señor Pérez—, le dije con una sonrisa burlona en la cara antes de frotarme contra él. Él gimió en voz alta y me agarró con fuerza por las caderas, haciéndolas rodar sobre su p0lla. —¿Quieres que te lo haga, verdad?—, le pregunté y observé a este hombre enorme y aterrador debajo de mí suplicándome que lo f0llara. —Sí, tesoro—, gimió y finalmente metí su enorme p0lla en mi c0ño empapado. Gimió cuando me senté sobre él y empecé a cabalgarlo. Cerré los ojos mientras echaba la cabeza hacia atrás y gemía en voz alta. Me apoyé en sus hombros mientras sus ojos no dejaban de mirar mis t3tas rebotando. —Eres una belleza sexy —, dijo con voz grave mientras me veía cabalgarlo. Quería hacerlo sentir bien. Quería complacerlo. Mostrarle lo mucho que lo amaba. Quería ser lo único en lo que pensara. Besé su pecho desnudo y lamí hasta llegar a su mandíbula, depositando suaves besos a lo largo de ella. Sentí cómo se le tensaba la mandíbula. Le gustaba. Lo excitaba. Tenía efecto sobre él. Apreté mis labios contra los suyos y le mordí el labio inferior antes de acelerar el ritmo y montarlo con más fuerza. —J0der, Sol—, gimió y levantó las caderas, clavando su p0lla dentro de mí. Grité de placer mientras los sonidos de nuestros gemidos y el golpeteo de nuestros cuerpos resonaban en la habitación. Espero que no haya nadie en casa excepto nosotros. O será muy embarazoso. Los dos alcanzamos el clímax al mismo tiempo, pero yo seguí frotándome suavemente contra él mientras ambos nos corríamos dentro de mí. Finalmente caí sobre su pecho mientras intentaba recuperar el aliento y escuchaba los latidos acelerados de su corazón. —Eres una pvta, Sol—, dijo antes de levantarme y llevarme a la ducha. Eso era lo que necesitaba oír. Eso es todo. Me colocó sobre el lavamanos y empezó a limpiarme y a tirar el c0ndón. Me besó los muslos mientras me limpiaba el c0ño dolorido. Después, los dos nos tumbamos en la cama, acurrucados en completo silencio. Cuando estaba a punto de quedarme dormida, le oí susurrar. —Buenas noches, mi amor. Te amo. Las dos mejores palabras que jamás me había dicho.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD