Sucio trato

1217 Words
MARISOL Él se retiró de mí y se dejó caer en la cama a mi lado. Me invadió una sensación de miedo. ¿Y si vuelve a distanciarse de mí? Quería levantarme para ir a limpiarme, pero ni siquiera podía mover mis piernas temblorosas. —Espera aquí—, dijo mientras entraba en el baño y volvía con una toalla caliente. Me limpió y me dio una camiseta suya. Me ayudó a ponérmela antes de levantar las sábanas y cubrirme con ellas. Se volvió a poner los calzoncillos y se metió bajo las sábanas conmigo. Me agarró por la cintura, me atrajo hacia su pecho y me acarició el brazo con los dedos. Sentí cómo respiraba el aroma de mi cabello y decidí darme la vuelta y mirarlo. Lo miré a los ojos, le acaricié la mejilla con la mano y le di un suave beso en los labios. —Buenas noches—, le susurré. —Buenas noches, amor—, respondió antes de sumergirme en un sueño tranquilo. El mejor sueño que he tenido en toda mi vida. Cuando abrí los ojos, sentí dos brazos que me abrazaban y me mantenían caliente. Sonreí al ver los tatuajes en el brazo de Tom que lo caracterizaban. Intenté moverme para ir al baño, pero él me volvió a atraer hacia sus brazos. —No, quédate—, me susurró al oído y yo me reí. —Tengo que ir al baño. —No me importa. No vas a ir a ningún sitio—, gruñó. Me giró para que lo mirara y me acarició el pelo. —Buenos días, amor—, susurró mientras sus ojos recorrían mi rostro. —Buenos días—, susurré mientras apoyaba la barbilla en su pecho. —Mátame si algún día te hago daño—, exclamó. Me limité a reír y le puse la mano en el pecho. —Lo haré. No te preocupes—. Él se rió y me masajeó la espalda bajo las sábanas. —No puedo creer que fueras virgen. —¿Por qué? —Lo que hiciste anoche... fue lo mejor que he experimentado nunca—, dijo con una sonrisa en la cara. Me reí y él me dio un beso en la frente. Ambos disfrutamos del momento hasta que el sonido de un teléfono nos sacó de él. * TOM Mientras mis ojos la recorrían, mi teléfono empezó a sonar y lo cogí con fastidio. —¿Qué? —Señor, el jefe de la mafia española está aquí, en el almacén. Quiere verle—. J0der. Ahora no. Hoy no. —Voy para allá—, dije y colgué. —¿A dónde vas?—, preguntó mientras me miraba con ojos tristes. —Al trabajo. Tendrás que acostumbrarte a esto—, le dije mientras le besaba la frente. —Abajo, en la cocina, está nuestra criada Cynthia. Si necesitas algo, acude a ella. —¿Una criada? —Sí, y 70 guardaespaldas—, añadí, y ella abrió mucho los ojos. —¿Qué?—, preguntó completamente incrédula. Me limité a reírme antes de entrar en mi armario y ponerme un traje. Vi a Sol acercarse a la habitación en el espejo mientras sus ojos recorrían mi espalda. —¿Cuándo vas a volver?—, preguntó mientras se apoyaba en el armario. —No lo sé. Si te aburres, dile a los guardias que te lleven con Laura. Pero a ningún otro sitio. Acabamos de casarnos. La gente te acosará—, le dije mientras me ponía la chaqueta del traje y me daba la vuelta hacia ella. Su cara triste me hizo sentir culpable. Esta no es la vida que se merece. Necesita vivir en paz y libertad. No atrapada en una enorme mansión completamente sola. —Lo siento, Sol. Volveré lo antes posible. Y si me necesitas, llámame. Te contestaré—, le dije antes de besarla suavemente y marcharme. Tenía que acabar con esta mafia española. Nos acosan constantemente y no creo que finalmente vayan a buscar la paz. Cuando llegué al almacén, todos estaban dentro esperando alrededor de la mesa donde estaba sentado Antonio González, el jefe de la mafia española. —Oh. El novio finalmente decidió aparecer. ¡Felicidades!—, dijo en tono sarcástico. —¿Qué quieres?—, pregunté molesto y me senté frente a él. —Paz—, dijo. —De acuerdo. Te escucho—, dije mientras me recostaba en mi asiento. —Recibiré las próximas tres entregas de armas y una cena contigo y tu encantadora esposa. —Nunca—, siseé. —Bueno, esa es mi oferta. —Pues vete a la mi3rda—, dije mientras me levantaba. Me detuve en seco cuando me apuntaron con armas a la cabeza. Mis guardaespaldas apuntaron con sus armas a los hombres de Antonio y yo me di la vuelta. —Puedes quedarte con una entrega. Eso es todo. Nada de cenas ni nada que tenga que ver con mi esposa—, le dije mientras me erguía sobre él. —La veré de todos modos. Olvida el trato—, dijo y salió del edificio. M4ldito imbécil. Sabía que esto pasaría. Tengo que protegerla a toda costa. Decidí ir a entrenar mis habilidades de tiro y lucha. Ya soy muy bueno, pero también es una forma de liberar estrés para mí. Así que lo disfruto. * MARISOL Ahora estaba sola en casa. En esta enorme casa. Ya me he perdido cuatro veces hoy y realmente no consigo acostumbrarme. Estaba tumbada al sol en el jardín mientras leía mi libro. Aún no había hablado con ningún m*****o de mi familia. Ni siquiera había mirado mi teléfono. Cuando me levanté y fui a la cocina, me encontré con una encantadora mujer de mediana edad. —Hola, querida. Soy Cynthia, tu criada. Si necesitas algo, por favor, dímelo, señora Pérez. —Oh, por favor, llámame Sol. —Como tú quieras... Sol—, preguntó con una sonrisa en el rostro. Una mujer encantadora. —¿Tienes hambre? —No, gracias, primero quiero hacer ejercicio. ¿Hay un gimnasio en esta casa? —Sí, en el sótano, la segunda puerta a la derecha—, me explicó. —De acuerdo, gracias—, le dije antes de subir las escaleras y ponerme ropa para hacer ejercicio. Disfruté de la paz de no tener deberes, ni exámenes, solo silencio. Hacía mucho tiempo que no hacía ejercicio. Lo echaba mucho de menos. Para mí es una forma de aliviar el estrés. Entré en el sótano en busca del gimnasio. Cuando abrí la puerta, me sorprendió su tamaño. Había todo tipo de máquinas de gimnasio. Incluso una máquina de pilates y un saco de boxeo. El lugar perfecto para mí. Hice ejercicio durante algo más de una hora antes de subir a la cocina. Cynthia no estaba allí, así que decidí prepararme unas gachas de avena y un zumo verde. No suelo comer mucho, pero cuando lo hago, intento que sea lo más saludable posible. Me senté en el jardín mientras disfrutaba de mi desayuno. Esperando a que Tom volviera a casa. Los recuerdos de la noche anterior me hicieron sonreír. El contrato ya no tenía importancia. Al menos, eso es lo que creo.
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