Nos quedamos mudos, Rodrig sí que daba una impresión rara con su espantosa quietud, mientras Élan sí volteaba la cara con cautelosamente, escaneando todo. Si escuchaban algo era porque tenían un oído muy agudo y bastante experiencia en esto. Yo me sentía un novato. Pero no tenía miedo. No tuve miedo hasta que escuché en gruñido hosco, profundo y atronador de un animal. Volteé a ver, girando ciento ochenta grados seguramente en menos de un segundo. —Mierda —susurró Élan con asombro. No aparté los ojos del animal ni para ver las reacciones de mis hermanos, pero supuse que el entrecejo de Élan estaría más fruncido de lo normal, mientras Rodrig estuviera como siempre aunque con una expresión un poco más atónita. Frente a nosotros daba pasos lentos pero co

