Rodrig Tarskovsky. Ella seguía en mi mente como un fantasma que me acompaña a todas partes y en silencio continuaba yo con la culpa sobre mis hombros como una chaqueta de cuero, viviendo mi experiencia una y otra vez sin mencionárselo a nadie, no tenía por qué arrastrar a la gente conmigo y mis problemas si culpa no tenían de ello. Logré mover los brazos, los sentía pesados, entumecidos, después pude, con más tranquilidad abrir los ojos y llevarme las manos a la cabeza, a mi cara. Estaba un poco confundido con todo lo que captaban mis ojos, había una claridad tenue, frío y el silencio absoluto cortado por el zumbido del aparato calefactor pegado a la pared, en combinación con el sonido del electrocardiograma pitando en un aviso de mis constantes vitales. Miré mis brazos, los tenía conec

