Clarissa seguía observando el par de máscaras, la suya era la de una gata, con el contorno de los ojos salpicado de diamantes y rubíes en donde se suponía que estaría el hocico del ejemplar de ese animal. Era un objeto como la máscara que utilizaría Gatúbela, pero completamente de oro y con adornos lujosos colocados en perfecta simetría y diseño. La máscara de Roulle era un tanto más grande y era similar a la cabeza de un león africano. El contorno de sus ojos tenía como decorado una lluvia de pequeñitos rubíes, los colmillos eran diamantes y los zafiros y las esmeraldas estaban mínimamente fragmentadas y distribuidas en el lugar en el que se suponía que era la melena del león. —¿Recuerdas aquellos tiempos? —musitó ella, mirando con encanto y admiración las máscaras tras el

