Nunca había sentido atracción hacia un chico, ni de niña, ni de adolescente. Tampoco recordaba haber mostrado algún interés particular en alguna persona de mí mismo sexo o género. Pero desde que vi por primera vez a quien sería mi jefa entonces, supe que mi estado de equilibrio iba a dar un vuelco, ahora seguíamos donde deberíamos estar siempre, ella gobernando la situación en cierta manera y yo sirviéndole en cada cosa que solicitara. Sin mencionarle nada acerca de la atracción que sentía en cuanto a ella y sin tomarme más confianza de la debida. Así tenía con ella tres años y un poco más, llevando la situación de la manera mejor posible. Ella no necesitaba saber del especial cariño que con el tiempo fui desarrollando hacia su persona, ella no necesitaba saber que su presencia era mi cons

