—Yo también necesito aclarar algo —ambos levantamos la mirada y nos enfrentamos a la presencia de Noelia—. Mi garganta, supongo, que la tengo reseca de tanto caminar por la casa en tu búsqueda, Edrick —esta vez le dedicó una mirada de sentencia al hombre a mi lado—. ¿Dónde se supone que has estado todo este tiempo? —miré que Edrick iba a responder, pero ella lo interrumpió, hablándome a mí—. Y tú, no conozco los nombres de cada sirvienta de la casa para llamarte como debería, pero… ¿podrías ir a por un vaso de agua para mí? No pude evitar enarcar una de mis cejas, aunque la piel de mi cara estuviera más dormida que despierta. Me puse de pie. —¿Y tú eres…? —dije ceñuda, acomodándome las gafas con una mano para fingir que intentaba mirarla mejor—. Ah —alargué la vocal y asentí

