Nathaly Rodríguez. Había rebuscado en mis maletas las pantuflas, una almohada y otra sábana para el frío. Esa noche iba a dormir de nuevo en la habitación de Christer; así que, sin que nadie me viera, di pasos aburridos y cansados, con todo eso en mis manos, incluyendo también la cajita con los medicamentos. Subí el primer peldaño a paso de tortuga, el segundo, tomando impulso para el tercero y así con el cuarto. Me sentía como una autómata, con la cabeza retumbándome como bombo, no era juego o manía, realmente me sentía cansada. No miré hacia adelante, simplemente cada escalón para no tropezarme y que volviera a suceder lo de hace horas. Pensé en Everest Langholmen y su supuesta consideración a hacerme una denuncia que bien podía, según este, ser ca

