Locuras que debo aguantar

1366 Words
Capitulo 8 Locuras que debo aguantar Por París Jones. —Todos sus exámenes han salido normales, señor O’Connor. Es lo que nos dice el segundo doctor al que hemos llevado a nuestro amigo, por lo que por fin con el policía de juguete pudimos respirar tranquilos. Lo peor de todo es que eso hizo que mi amigo se volviera absolutamente loco y ahora estoy, junto a McCarthy de guardaespaldas mientras lo vemos bailar con dos mujeres y una botella de whisky en la mano. —Idiota, será mejor que ya nos vayamos. Mañana quiero estar de buen ánimo antes de terminar los pormenores del viaje. —Ay, mi ciudad del amor, la vida es una sola ¿Cierto chicas? Ambas mujeres se ríen como posesas, mientras el idiota se mi amigo se empina la botella y posa para uno de los tantos paparazzi que están en la discoteca. —Chris, creo que París tiene la razón. Ya es tarde y yo también tengo trabajo. —Son unos verdaderos aguafiestas, no sé para qué los tengo como amigos. —Porque por lo menos yo te digo las cosas tal y como son. Respondo molesta y camino hasta la mesa, pido la cuenta y después de pagar le hago una seña al policía de juguete para que por fin tome el toro por los cuernos o más bien a nuestro amigo. —¡No me quiero ir! Reclama y patalea, Pero Duncan no lo deja y Chris se despide de sus amiguitas besando a cada una. —Idiota… Nos subimos al auto con los reclamos del ebrio de mi amigo. —Esto no está bien, Christian. Eres un hombre de negocios y no puedes salir en los titulares de las revistas de chismes. —Eso es lo que quiero, hermano. Para que esa mala mujer vea de que la superé. —Definitivamente eres un idiota y sabes algo. A Rocío no le interesas, date cuenta de una puta vez. —Ay mi ciudad de amorsh, tan cruel que eres… Ah… Mi estómago… quiero v… —Ni se te ocurra vomitar en mi auto O’Connor. Le grita Duncan y yo busco una bolsa de papel que genialmente se me ocurrió pedir en la bendita discoteca. Acomodo al idiota de mi amigo y coloco la bolsa en su cara, esperando que no vomité porque la cantidad de alcohol que trae en el cuerpo hará que ese aroma no salga en un buen tiempo de ser así. Duncan acelera y creo que se pasa varios altos para llegar luego a casa de Chris, al llegar, se detiene en seco y la cabeza se Chris choca con el asiento del copiloto. —Idiota ¿Me quieres matar? —No, Pero quiero mantener mi hermoso bebé limpio de tus porquerías. Chris se baja molesto del auto y yo lo sigo para que no se vaya a caer. Cuando estamos en la entrada, mi amigo me abraza y besa mi frente. —Gracias por quererme, mi ciudad del amor. Me da una hermosa sonrisa y abre la puerta, dejándome con cara de loca, en ese momento veo un taxi estacionado en frente y juro que era Ro la que estaba dentro. Me muevo intentando alcanzarlo, pero ya había emprendido la marcha. —¿Qué pasa París? —Habría jurado que en ese auto estaba Rocío. —La chica de la que habla Christian. —La misma. —Puede ser que tanto hablan de ella y tú ya la ves por todas partes. —Jóvenes. El señor O’Connor… Nos llama la ama de llaves y corremos hacia ella, su voz es de preocupación y eso lo confirmamos al ver a nuestro amigo tirado en las escalas y vomitando hasta la conciencia. —Creo que deberé hablar con James. Dice Duncan y yo lo detengo de inmediato, sé por lo que están pasando por allá y lo menos que quiero es que esos dos se preocupen por su hermano y cuñado, ya suficiente tienen con los bebés y con Daría y Aaron. —No te preocupes, Duncan. Ya se le quitará, verás que con tenerlo metido en el trabajo bastará y sobrará. —Lo dices muy convencida—me dice mientras lo ayuda a levantarse. —Tengo que hacerlo… —Algo sabes tú que yo desconozco ¿no? —Algo así, pero aún no tengo confianza de contártelas, perdona si soy tan honesta, pero no soy hipócrita y tú aún no eres mi amigo como lo es él. —Es una lástima que pienses así, de verdad que me gustaría conocerte, París. —El tiempo lo dirá, señor McCarthy, el tiempo lo dirá. Ambos ayudamos a nuestro amigo a llegar a su habitación y mientras Duncan lo mete en la ducha de agua fría yo le envío un mensaje a Thomas para saber cómo están las cosas en Estados Unidos, como dije, no quería preocupar a James y Vannah con estas nimiedades. Él me cuenta que todo está bien e incluso se le sale que Rocío ya está en España, que viajó después de arreglar sus cosas con Clara y que por lo que sabe ya se instaló en Zaragoza. —Debe ser que me estoy volviendo loca junto a estos dos. —¡París! —Dime. —Necesito toallas, no encuentro aquí. Me levanto de la cama y busco dentro del closet de mi amigo un par de toallas, camino hasta el baño y abro la puerta para encontrarme con una visión digna de película triple x. Duncan sin camisa y con el cabello suelto y mojado, sosteniendo a Chris que está de la misma forma, mientras de sus cuerpos sale vapor y no creo que sea por el agua porque se nota en el ambiente el frío de la noche de Dublín se siente calando los huesos. —¿París?—me estira la mano para que le entregue las toallas y salgo de mi ensimismamiento. —Perdona, me quedé pensando. —Pues ahora te necesito, este costal de papas pesa una enormidad. No me quedó de otra que limpiarme la baba imaginaria que escurría por mi boca y ayudar a ese Higlander que desvestía a mi amigo y luego secaba con total cariño. —Hermano, a veces no te entiendo, lo tienes todo y lo dejas ir por tus inseguridades. A veces pienso que la tía Stella se fue demasiado pronto y tú jamás lo pudiste soportar. Le dice, mientras seca sus rulos cobrizos y Chris le sonríe como bobo. —Nuestras mamitas nos dejaron solos, pero las brujas esas que hilan nuestro destino nos unieron, eres mi hermano de vida y siempre estaré agradecido de tenerte... de tenerlos. Me da una mirada cálida y cierra sus ojitos con una bella sonrisa. Duncan se levanta de la cama y me pide que lo ayude a cubrir el cuerpo de Chris. Ina vez que lo dejamos dormido como un bebé, salimos de su habitación y recién ahí noto que Duncan no ha terminado de sacarse. —Iré por toallas, no puedes quedarte con la ropa mojada. —Gracias, pero no. Aprovecharé de usar la habitación de huéspedes. necesito una ducha caliente. Buenas noches, París. —Bue... buenas noches, Duncan. Los siguientes días nos la pasamos cuidando de ese idiota que se las dió de Playboy para salir en las portadas. James me llamó un tanto molesto porque no le avisé, pero le dije que todo ya estaba mejorando y que ya en unos días estaríamos en Cork. De Duncan, pues él se ha transformado en el segundo enfermero de ese idiota y se queda en la habitación de huéspedes para no molestarme o eso dice él. La verdad es que no me molesta, solo que me siento rara teniendo tanta atención de su parte. Ya era difícil acostumbrarme a Chris y ahora tenerlo también a él era extraño. Mañana partiremos a Cork y por suerte no estaríamos en el ojo del huracán por más tiempo. Espero que el aire de campo y el trabajo ayuden a mi amigo en su mal de amores y a mí a descansar de este sentimiento extraño que me provoca el policía de juguete. De verdad que lo espero...
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