Capítulo 9
¿Amor unilateral?
Por Duncan McCarthy.
Estamos en casa de mi amigo y hermano, Chris jugando una partida de pool en su sala de juego.
Mientras yo bebo un delicioso whisky de 15 años, mi amigo vuelve a atinarle y meter la bola ocho.
—Amo este juego.
—Solo porque es a lo único que le puedes ganar.
—Idiota.
Chocamos nuestros vasos y Chris camina directo a la rocola que está en una esquina.
—Hace tiempo que no la usábamos.
—Digamos que desde que se te ocurrió llevar una vida zen dejaste de hacer algunas cosas como estás.
Digo, mientras comienzan a sonar los acordes de Lo of mi life de Queen y Chris toma el taco como si fuera un micrófono y se pone a cantar.
—Love of my life, you’ve hurt me
You’ve broken my heart, and now you leave me
Love of my life, can’t you see?
Bring it back, bring it back
Don’t take it away from me
Because you don’t know what it means to me…
—Deja de quejarte como hombre despechado, Chris ¿No crees que ya te he o mejorndicho te hemos aguantado lo suficiente?
—No la estoy cantando por mí, hermano, más bien lo hago por ti.
—¿Qué? ¿a qué te refieres?
—Duncan, después de la loca que tuviste por novia tus ojitos no habían brillado tanto como lo hacen ahora que ven a mi amiga.
—Pero ella ni siquiera me mira, Chris. Soy un cero a la izquierda en estos momentos y en cualquier ¿No notas como me evade?
—Es que mi amiga es un caso serio, hermano, pero te aseguro que por lo menos le caes bien, porque sino no te dejaría acercarse a ella.
—¡Pero si no me deja!
—El otro día los ví muy juntitos cuando me enfermé.
—Idiota, pero eso fue porque te estábamos ayudando para que no te ahogaras en tu propio vómito.
No sé qué es lo que pasa con Christian, pero desde que llegó de Estados Unidos es como si su única neurona se hubiese atrofiado. En un principio pensé que era porque se sentía atraído hacia París, pero luego me sacó de las dudas y no era por ella, sino por ese fantasma que al parecer era más real de lo que pensamos con mis otros amigos.
En definitiva, la chica Arismendi terminó siendo hermana de la loca esa que lo dejó plantado en Madrid hace algunos años.
Y según París, Chris colapsó y mandó todo a la mierda.
¿Me debería preocupar por él? Claro que no, Chris es como el ave fénix que renace de las cenizas y eso lo valoro mucho, pues él estuvo ahí conmigo, cuando me plantaron en el altar y volví a ser el nerd que se escondía, aunque ahora tras un escritorio.
Lo bueno de todo esto es que había salido de mi caparazón para apoyar a mi amigo y su compañera y, de paso despejar mis ojos de tantos expedientes y trabajo de escritorio.
—Te aviso que nos vamos el viernes.
—¿Y qué quieres que te diga? ¿te felicito, hermano?
—No, no, no, para nada, idiota. Es solo un aviso por si quieres no sé, a lo mejor invitar a Paris a cenar o tomar un café antes de que me la lleve a ese pueblito en la montaña.
—También puedo ir a verlos ¿no?
—¡Lo sabía!, no podías ser tan tonto. Me vanaglorio de conocerte tanto, hermano. Sigue así, tienes todo mi permiso para cortejarla. Ella es una gran mujer.
—Deja de decir estupideces, no me interesa tu amiga y no la voy a cortejar ni ahora ni nunca.
—Pues gracias por hacérmelo saber señor McCarthy, es bueno escucharlo de su propia boca y no tener que pasar por un mal entendido.
—París, yo…
—La cagamos, hermano…
Me habla en voz baja, Chris y yo intento de alguna forma explicarle a París que lo que escuchó no era lo que quería decir o algo así, pero eso no funciona con ella.
—Déjense de niñerías, de verdad que no me molesta, policía de juguete, sé que no soy de tu tipo como tú tampoco eres del mío —Sonríe cálidamente y nos toma de las manos como si no hubiera pasado nada—. y mejor vamos a cenar, hoy le he dado libre al ama de llaves y a los demás de la servidumbre y ya saben que ni loca me meto en la cocina conocen que se me quema hasta el agua.
Y ahí se iba caminando hacia la puerta con una sonrisa que apenas le llegaba a los ojos mi amor unilateral, París Jones. La mujer más bella que mis ojos han visto y la que hace que mi corazón palpite como un caballo desbocado.
—Deja de mirarla así, en algún momento se te dará la oportunidad, pero desde ya te digo, París no es como tú ex, ella ha sufrido mucho y se cierra a las cosas nuevas e incluso a la gente porque no sabe como tratarlos sin que se aprovechen de ella.
—¿Qué crees que quiera comer?
—Aunque no lo diga, una buena pizza y cerveza fría basta y sobre, Duncan.
Esa noche y toda la semana salimos los tres, a especial pedido de nuestro amigo y aunque se mesuró con el alcohol, eso no pasó con la ñs mujeres y al día siguiente era París y el asistente de la constructora quién debía salir en su defensa.
Y como el tiempo no perdona, llegó el viernes. Cómo el buen amigo que soy fuí con nuestra tía Diana a dejar a esos dos al aeropuerto.
Cuando ambos ya estaban en el avión privado y yo pensaba volver a casa, la mamá de Aarón me pidió que la acompañara a un lugar.
—Pero no entiendo, ¿dónde vamos?
—A conocer a nuestras sobrinas, querido Duncan.
—¿Qué?—de verdad que no estoy entendiendo nada y la tía Diana me lleva de un lugar a otro en el aeropuerto.
—Hola a ambos.
—Cariño, que bueno que llegaste. ¿Sabes si James ya está en Zaragoza?
—Llegó ayer con todos, aunque James y Vannah no pudieron viajar porque los bebés estaban resfriados.
—Pobrecitos. Es una pena que aún no los pueda conocer.
—Alguno de los dos me puede explicar ¿de qué están hablando?
—Perdón, cariño, pero a veces tenemos que hacer cosas a espaldas de la gente y bueno, vamos a España.
—¿España? Pero ¿y mi trabajo? ¿mi ropa?
—Ya hablé con Jeremías y me dijo que no había problema y en cuanto a la ropa, te hace falta un cambio ycreo que Diana estará feliz de hacerlo.
—Señor Connelly.
—Tranquilo muchacho, ya verás que este fin de semana lo pasarás genial con la familia.
—Me rindo, con ustedes no se puede.
—Bien dicho tesoro, ahora vamos a tomar ese avión que ya quiero conocer a esas dos preciosuras.
¿Quién iba a pensar que después de dejar a mi amor unilateral viajaría a conocer a mis dos nuevos grandes amores?