Capitulo 6
Irlanda
Narrador Omnisciente
Y así, junto a mi nuevo mejor amigo, comenzaba mi primera aventura, con muchos miedos y dudas, pero también con una nueva esperanza.
Fue lo que ella pensó y se instaló en su asiento junto a su amigo…
—El hermoso castillo de Blarney (en inglés Blarney Castle) es una fortaleza medieval situada en la localidad de Blarney, cerca de Cork, en Irlanda, en la ribera del río Martin—leía entre sus apuntes, Chris a París, mientras estaban en el avión de la empresa del padre de ella rumbo a Irlanda—. Fue fundado a principios del siglo XIII, destruido en 1446, y posteriormente reconstruido por Dermot McCarthy, rey de Desmond. Está parcialmente destruido quedando la torre del homenaje y algunas habitaciones.
En la parte superior se encuentra la piedra de la elocuencia o piedra de Blarney. Los visitantes deben besar la piedra por la parte de abajo estando suspendido en el vacío y obtendrán el don de la elocuencia.
Rodeando el castillo se encuentran los jardines que contienen diferentes puntos interesantes como Druid’s Circle, Witch’s Cave y las Wishing Steps. En los alrededores se encuentra la Blarney House, una mansión reformada en 1874 en estilo señorial escocés residencia de la familia Colthurst desde el siglo XV.
Tu padre realmente se volvió loco al comprarlo, Paris. El castillo es una ruina con patas.
—No lo creo, pienso que la oportunidad de obtener dinero de todo ese turismo loco de la gente es el que lo orilló a comprarlo. Ya sabes, aprovechar la moda.
—Esa moda le va a costar el oro y el moro, pero tranquila lo dejaré mejor que en sus más gloriosos tiempos.
—Lo sé, amigo y gracias por aceptar la misión — ella le respondió, guiñándole un ojo y sonriendo.
—Más bien soy yo el que lo agradece, París. Tú fuiste capaz de apoyarme sin esperar nada a cambio y aún lo sigues haciendo.
—¿De verdad no quisiste hablar con ella?—su amiga, lo miraba con cierto dejo de pesar, sabía lo que le dolía a Chris haberse ido de Estados Unidos y más aún sin haber tenido noticias de Rocío, pero ella no podía obligarlo, nadie podía.
—Es lo justo y necesario, Ro… Perdón, París. Ella no fue honesta conmigo y yo no sé si podría confiar en alguien como ella. Te lo dije, ambos tenemos que lidiar con nuestros propios demonios y yo no podría estar con alguien así, en estos momentos.
—Está bien, lo entiendo, pero…
—Pero nada, señorita, ahora es momento de preocuparnos de todo lo que nos demoraremos en ese castillo y contratar a los mejores. Por lo pronto, estaremos en Dublín y trabajaremos desde la empresa, una vez que tengamos a todo el personal dispuesto viajaremos.
—Tengo que buscar un buen hotel o alquilar un lugar al llegar.
—¡¿Estás loca?! Tú te vas para mi casa, te cuidaré como lo hiciste conmigo en mi momento de soledad— dice en tono dramático mirándola con su carita de niño bueno, pero con determinación prosigue — y no acepto un no como respuesta.
—Así de mandón eras? No te conocía esa faceta.
—Pues te falta mucho por conocer de este duende irlandés, señorita ciudad del amor.
Ambos rieron a carcajadas por los apodos que había creado Chris, si bien París se sentía un tanto incómoda por la forma en el trato que él le daba, no era capaz de negar que esa amabilidad y cariño le llenaban el corazón. Algo que ella no conocía.
Su llegada a Dublín estuvo llena de sorpresas, en el aeropuerto los esperaban una comitiva de cinco personas, entre ellas Diana Connelly.
—¡Mi niño!— se acercó la hermosa mujer de ojos color oro a ellos y abrazo a Chris con ese amor maternal que le daba cada vez que estaba cerca.
—Tía, por favor. Me da vergüenza que me trates como a un bebé.
—Pues lo siento, señorito. Te las aguantas —aunque el tono de la mujer era duro, sus facciones la delataban, era toda una dulzura —¿Y quién es esta bella señorita? ¿Tú novia?—ambos se quedaron boquiabiertos, pero en los pensamientos de París estaba la frase “ni loca”, así que con el mismo tono amable que la caracterizaba, estiró su mano y la saludó.
—No, señora. Soy París Johnson. Amiga y clienta de su niño. Es un gusto conocerla.
—¡Ya dejen de avergonzarme!—reclamó, casi haciendo una pataleta Chris y ambas mujeres lo miraron de la misma forma—¡Diablos! Esto será más difícil de lo que pensaba, juro que me las pagarás, Aaron— masculló entre dientes, mientras ambas mujeres conversaban de lo lindo y lo dejaban en el medio del aeropuerto con esa sensación de que debería de alejarlas, sino perdería a su amiga y con más maletas que delegación de fútbol.
Ese día, cenaron en la casa de los Connelly. Diana y Travis eran un matrimonio fantástico y se les notaba el amor por los poros. París se preguntó si todas las familias eran así, pues le pasaba lo mismo al ver a los Scott y al padre de Chris junto con la monjita, pero no quiso indagar para no ser inapropiada.
Los padres de Aaron se dedicaron toda la velada a contarle de las travesuras de esos tres y de otro que jamás había escuchado, de lo orgullosos que estaban con sus logros en estos momentos y de todo lo que se venía por delante. Se notaba que eran padres orgullosos, aunque se sentía en el ambiente la preocupación por su único hijo, la novia y su adorada nieta.
—Es que, Shannon es un sol de persona, no puedo entender por qué nuestro hijo no lo nota— dijo Diana, bebiendo su copa de brandy en la sala.
—¿Ya sabes que todo es una mentira tía?—le preguntó Chris y se tuvo que callar al ver que su tía le estaba sacando mentiras de verdad.
—Pues tú me lo confirmas, cariño.
En eso sonó el timbre de la casa y los pasos del mayordomo se escucharon raudos, a los pocos minutos un hombre como de la edad de Chris fue presentado por él con propiedad.
—El Joven McCarthy, señores.
—Perdón por venir sin ser invitado—dijo el recién llegado y la cara de París se sonrojó.
«¿Qué te pasa, mujer?» se preguntó, pero ni ella misma sabía. En cambio, su amigo se levantó de su asiento y saludó con un fuerte abrazo al recién llegado.
—Duncan, tanto tiempo sin verte, la vida de policía te envejeció como mil años.
—Christian O’Connor ¿Qué haces tú aquí en Dublín?
—¿Eso es lo único que vas a preguntar?
—Yo te hacía viviendo la vida loca en América—se encoge de hombros, pues era el amigos del que hablaban los padres de Aarón y que se criaron juntos, aunque al irse estudiar a la academia de Policía se había perdido por años—. Perdón, si no fue lo que esperabas.
Ambos sonrieron y después de saludar a los padres de Aaron, fue el turno de las presentaciones con la visita.
—Duncan, esta es mi amiga y nueva clienta París Johnson. París, te presento al jefe de policía y uno de nuestros mejores amigos Duncan McCarthy.
Ambos estrecharon la mano y sintieron eses cosquilleo típico de las novelas de romance, que los hizo separarse casi de inmediato.
Chris, con lo pillo y perspicaz que era lo notó de inmediato y una risita interna lo hizo suspirar.
«Y ya se le hizo el milagro a mi amiga» pensó, pero lo que no se imaginaba que ese sería sólo el comienzo de otra historia que los uniría de por vida…